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Una guerra total: mujeres en la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay | GenHistoria | Huellas de la Historia 

hace 18 minutos
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El 22 de septiembre de 1866 se dió la batalla de Curupaity, la última victoria importante de Francisco Solano López en la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay. Las mujeres tuvieron un rol fundamental durante todo el conflicto pero también fueron la base de la reconstrucción nacional.


mujeres en la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay

Hace algunos años, mientras preparaba una clase para secundaria, me di cuenta de que había un tema que aparecía muy poco en los manuales escolares: la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay. El tema aparecía, obviamente, pero sentía que muchas veces quedaba reducido a Mitre, Solano López, el Brasil imperial, los blancos y colorados de Uruguay, las batallas y las consecuencias de la guerra. Una explicación algo superficial de un tema que realmente da para un largo análisis y que permite entender muchas de las problemáticas y conflictos de la mitad del siglo XIX latinoamericano.


Desde Argentina, la guerra permite pensar muchas cuestiones como las disputas políticas internas, el triunfo del mitrismo y el centralismo porteño, las tensiones entre el gobierno nacional y las provincias, la construcción del Estado y la manera en que una guerra puede intervenir en la construcción de la identidad nacional. Desde Uruguay podemos pensar las disputas entre blancos y colorados y los conflictos políticos que atravesaban el país. Desde Brasil, cuya historia tiene características particulares en relación con los demás Estados americanos, aparecen sus propios intereses políticos y regionales y su relación con los Estados de la cuenca del Plata. Y desde Paraguay podemos acercarnos a las características particulares del Estado que se había construido después de la independencia, primero bajo Gaspar Rodríguez de Francia, luego bajo Carlos Antonio López y finalmente bajo Francisco Solano López.



También están, por supuesto, las distintas interpretaciones sobre las causas de la guerra, algunas pusieron el foco en la política paraguaya y en la figura de Solano López, mientras que otras hicieron hincapié en los intereses económicos internacionales y particularmente en Gran Bretaña. La historiografía posterior fue complejizando estas explicaciones y prestando atención también a los conflictos políticos, territoriales y económicos propios de la región. Por lo tanto, es un conflicto que permite hablar de política, economía, territorio, Estados, identidades nacionales y construcción de la nación y, por qué no, de género.


Recuerdo que en mi época de estudiante el rol de las mujeres durante la Guerra de la Triple Alianza llamó particularmente mi atención porque en general cuando pensamos en una guerra solemos encontrarnos con muchas de las cuestiones mencionadas, presidentes, generales, soldados, batallas, armas, tratados y las mujeres aparecen muchas veces en un segundo plano, acompañando a los soldados, cocinando, lavando ropa o realizando tareas de cuidado. Pero ¿realmente podemos reducir su participación a eso? Por supuesto que no. 

Mirar la Guerra de la Triple Alianza desde una perspectiva de género permite hacer otras preguntas sobre un conflicto que, por momentos, creemos que ya conocemos. También permite pensar algo fundamental que es que una guerra no se desarrolla solamente en el campo de batalla, sino que transforma la vida cotidiana de las sociedades que participan en ella y forma parte de los relatos históricos que se construyen posteriormente.


Antes de la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay: las mujeres en la sociedad paraguaya

Para entender qué pasó con las mujeres durante la guerra tenemos que detenernos, aunque sea brevemente, en el Paraguay anterior al conflicto. Después de su independencia en 1811, Paraguay siguió un camino diferente al de otros territorios de la región. Mientras en el espacio rioplatense las guerras de independencia estuvieron seguidas por conflictos internos y discusiones sobre cómo organizar políticamente los nuevos Estados, Paraguay desarrolló un Estado fuertemente centralizado bajo los gobiernos de Gaspar Rodríguez de Francia y, posteriormente, Carlos Antonio López.


Para mediados del siglo XIX, el Estado tenía una presencia importante en la economía paraguaya y productos como la yerba mate y la madera ocupaban un lugar relevante en sus exportaciones. Es fundamental tener presente que la estructura de la propiedad agraria y la organización económica paraguaya no fueron idénticas a las que se desarrollaron en Argentina que se caracterizaba por una fuerte concentración de la propiedad de la tierra en latifundios. El Estado paraguayo arrendaba parcelas a bajo costo a las familias campesinas para su cultivo, por lo tanto la concentración de la tierra tuvo características muy diferentes. No significa pensar a Paraguay como una sociedad igualitaria, pero sí reconocer que su estructura social tenía particularidades que tenemos que tener presentes antes de analizar la guerra porque las sociedades no llegan a una guerra siendo una hoja en blanco, sino que llegan con determinadas relaciones sociales y económicas.


Dentro de esta estructura económica y social del Paraguay de mediados del siglo XIX, las mujeres ya tenían una participación importante en la economía cotidiana. Las actividades agrícolas, el comercio local y el sostenimiento de las familias no dependían exclusivamente del trabajo masculino. Por lo tanto la guerra no creó de la nada una mujer trabajadora, productora o jefa de hogar, sino que lo que hizo fue llevar al extremo una estructura social que ya existía. La mujer en la sociedad paraguaya ya cumplía roles importantes en la estructura productiva y en los hogares; lo que sucede con la guerra es que esos roles se acentúan y adquieren nuevas características.


La mujer paraguaya durante la guerra: cuando la guerra se vuelve total

La Guerra del Paraguay se extendió durante aproximadamente cinco años y medio (1864-1870). Una guerra que muchos habían imaginado más corta terminó convirtiéndose en un conflicto prolongado y cada vez más destructivo. La movilización masiva de la población masculina paraguaya tuvo consecuencias enormes y las tareas que realizaban las mujeres no desaparecieron sino que, al contrario, se volvieron todavía más importantes. Tuvieron que sostener familias, producir alimentos, participar de actividades económicas y, al mismo tiempo, afrontar las consecuencias de la guerra. 


En un punto el reclutamiento masculino fue prácticamente absoluto, el concepto de “guerra total”, que han utilizado algunos historiadores para caracterizar el conflicto, nos permite comprender cómo la guerra afectó a la sociedad en su conjunto y cómo fue involucrando progresivamente a sectores cada vez más amplios de la sociedad paraguaya hasta desdibujar las diferencias entre quienes estaban directamente en el frente y quienes quedaban en la retaguardia. Tal es así que pocos varones quedaron exceptuados de ir al frente de batalla, llegando a reclutar niños y ancianos.


Como es de imaginar, la guerra empezó a afectar la producción, la alimentación, las familias, los desplazamientos y la vida cotidiana. Es justamente ahí cuando aparece con mucha fuerza el papel de las mujeres, fueron ellas quienes asumieron cada vez más tareas vinculadas con la producción y el abastecimiento, cultivaron alimentos, sostuvieron a sus familias y participaron en el funcionamiento cotidiano de una sociedad que estaba cada vez más atravesada por la contienda. También acompañaron a los ejércitos y participaron del abastecimiento de los campamentos. Allí trabajaron como lavanderas, cocineras y enfermeras y realizaron tareas vinculadas con el transporte y el aprovisionamiento. Pero no se trataba simplemente de “acompañar” a los hombres, su trabajo era necesario para que los ejércitos pudieran sostenerse. A medida que la guerra avanzaba, las exigencias fueron cada vez mayores.



Las Residentas y las Destinadas

Es en este contexto donde aparecen las “residentas”. A medida que el territorio paraguayo iba cayendo en manos de los aliados y el ejército de Solano López retrocedía, grandes grupos de población fueron desplazándose siguiendo al ejército y las órdenes de evacuación. Muchas mujeres formaron parte de esos desplazamientos, se las llamó “residentas” y con el tiempo se convirtieron en una de las figuras más importantes de la memoria paraguaya sobre la guerra.


¿Quiénes eran? Eran mujeres que se desplazaban junto con sus familias y con el ejército. Caminaban enormes distancias en condiciones extremadamente difíciles, llevando niños, herramientas, alimentos y las pocas pertenencias que podían conservar. Al mismo tiempo tenían que seguir produciendo, cultivaban alimentos, cocinaban, lavaban, cuidaban a los niños y enfermos y participaban del abastecimiento. Es decir, estas mujeres que ya sostenían una parte importante de la estructura productiva paraguaya redoblaron ese rol durante la guerra. Muchas veces, cuando hablamos de mujeres en las guerras, pensamos en ellas solamente como víctimas o acompañantes pero las residentas fueron también trabajadoras y sostenedoras materiales de la guerra, su trabajo permitió que una sociedad que estaba siendo destruida pudiera seguir funcionando. 


Con respecto a su participación en el frente de batalla, a veces se afirma que las mujeres paraguayas fueron incorporadas masivamente como soldados, pero la evidencia no permite sostener de manera sencilla que existiera una política oficial de enrolamiento femenino. Sí existen testimonios y memorias sobre mujeres que tomaron las armas o participaron directamente de los combates, especialmente hacia el final de la guerra. 


La imagen de las residentas es completada por la otra cara de la moneda, las “destinadas”, porque no todas las mujeres vivieron la guerra de la misma manera. La historia de las destinadas es particularmente importante porque rompe con una imagen demasiado romántica de la mujer paraguaya como una mujer que acompañaba voluntariamente al ejército por patriotismo.


Durante la etapa final de la guerra, el régimen de Solano López se volvió cada vez más desconfiado frente a las acusaciones de conspiración, deserción o traición. Y las acusaciones no necesariamente afectaban solamente a la persona señalada también podían alcanzar a sus familiares. Mujeres vinculadas familiarmente con hombres considerados opositores o traidores podían ser perseguidas, desplazadas y castigadas. Estas mujeres fueron conocidas como “destinadas” y sufrieron condiciones extremadamente duras.


La memoria posterior tendió a convertir a las residentas en una imagen de la mujer patriótica que acompañaba a la nación, mientras que las destinadas nos permiten observar otra cara de la guerra que fue la persecución interna, el castigo y la violencia ejercida también por el propio Estado paraguayo. Esto es importante porque nos obliga a abandonar una imagen homogénea de “la mujer paraguaya”. No todas pensaban igual, no todas tenían la misma posición social, no todas apoyaban al gobierno, no todas pudieron decidir qué hacer y algunas fueron castigadas por las acciones atribuidas a sus familiares.


La mujer paraguaya después de la guerra: las reconstructoras

El 1 de marzo de 1870, con la muerte de Solano López en Cerro Corá, termina la guerra. Pero para Paraguay la historia no termina ahí. El país quedó devastado, la población había sufrido una pérdida demográfica enorme, la economía estaba destruida y buena parte de la población masculina adulta había muerto. En este punto aparece una nueva dimensión del papel de las mujeres: las sobrevivientes tuvieron que reconstruir la vida cotidiana. Fueron madres, trabajadoras, productoras y jefas de hogar. Volvieron a los pueblos y a los espacios rurales, reconstruyeron sus casas, produjeron alimentos, retomaron actividades comerciales y sostuvieron a sus familias. Por eso algunos estudios y memorias posteriores hablan de ellas como “reconstructoras” o como “madres de la patria”.


Y acá me interesa volver a la idea del principio. La guerra no había creado de la nada una mujer productora, pero después de la guerra esa función adquirió una dimensión todavía mayor. La reconstrucción de Paraguay dependió en buena medida de su trabajo y esto también tuvo consecuencias sobre la organización familiar y sobre las relaciones de género. Muchas mujeres quedaron a cargo de los hogares y de actividades económicas que antes habían sido compartidas o desarrolladas en mayor medida por los hombres. También tuvieron un papel fundamental en la transmisión cultural y familiar. El guaraní, las prácticas cotidianas, los relatos familiares y muchas formas de la cultura paraguaya fueron transmitidos en buena medida en esos espacios domésticos y comunitarios.


Pero acá también hay que evitar una imagen demasiado romántica porque que las mujeres fueran indispensables para reconstruir el país no significa que automáticamente obtuvieran igualdad política o social. Esta es una de las contradicciones más interesantes de la historia porque las mujeres podían ser indispensables y, al mismo tiempo, seguir estando atravesadas por desigualdades de género. La guerra había ampliado sus responsabilidades, había hecho visible su trabajo y había convertido a muchas en jefas de hogar, pero eso no significaba necesariamente que hubieran desaparecido las jerarquías entre hombres y mujeres.


Las mujeres paraguayas y la memoria de la guerra

Actualmente el 24 de febrero se conmemora el Día de la Mujer Paraguaya, la fecha recuerda la llamada Primera Asamblea de Mujeres Americanas, realizada en Asunción en 1867. En aquella ocasión, mujeres de la capital y del interior reunieron joyas y otros bienes para contribuir a la defensa nacional durante la guerra. Sus aportes quedaron registrados en los llamados Libros de Oro. Este día no fue establecido durante la guerra, fue instituido oficialmente en 1974, mediante la Ley 498. Es decir, más de cien años después de la guerra se siguió construyendo una determinada memoria sobre las mujeres que habían participado de aquel conflicto. Llevó más de un siglo su reconocimiento oficial. Este hecho puntual es interesante para preguntarnos qué experiencias se incluyen y cuáles quedan fuera de la historia.Y esto también puede pensarse para Argentina, Brasil y Uruguay. Las mujeres participaron de diferentes maneras en las sociedades involucradas en la guerra y también fueron representadas de diferentes formas en los relatos y memorias que se construyeron posteriormente.


Durante mucho tiempo, cuando estudiamos el conflicto, aparecen los presidentes, los ejércitos, las batallas, las causas políticas y las consecuencias territoriales. Todo eso es importante, pero también estuvieron las personas que tuvieron que seguir viviendo mientras la guerra avanzaba. Cuando solamente miramos el campo de batalla podemos contar quiénes combatieron, quiénes ganaron, quiénes perdieron y qué territorios cambiaron. Cuando miramos un poco más allá aparecen otras historias que son las de quienes sostuvieron la vida cotidiana, las de quienes tuvieron que sobrevivir, las de quienes fueron recordadas como heroínas, las de quienes fueron perseguidas por su propio Estado y las de quienes quedaron mucho más tiempo en silencio.


Guadalupe Rosso


Bibliografía sobre las mujeres en la guerra de la triple alianza

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  • Berta Wexler. Las mujeres en la Guerra del Paraguay. Universidad Nacional de Rosario, Argentina

  • POMER, León. La guerra del Paraguay. Buenos Aires: Centro Editor América Latina, 1971.

  • QUINTANA VILLASBOA, Noelia. Las residentas. El rol de la mujer paraguaya en la Guerra Grande. Asunción: El Lector, 2015.


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