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Entre damas antiguas y negras lavanderas: representaciones de género y racismo en la sociedad colonial | #GenHistoria | Huellas de la Historia

Detrás de las clásicas imágenes escolares del 25 de Mayo —las damas antiguas, los vendedores ambulantes y las “negritas lavanderas”— se esconde una historia atravesada por desigualdades, esclavitud y jerarquías raciales y de género que marcaron profundamente a la sociedad colonial.


género racismo colonial

Hace algunos días, mientras organizaba el acto del 25 de mayo, se me vino una imagen muy clara: una versión mía de cinco años, con la cara pintada con corcho, un pañuelo rojo con pintitas blancas en la cabeza, vestido haciendo juego y delantal. Mi papel era simple: salir, sonreír y simular que lavaba sábanas en el arroyo. En lo personal, mayo es un mes que me trae muchísimos recuerdos escolares.


Casi sin darme cuenta apareció otra escena: la misma niña, un poco más grande, con peinetón, abanico y vestido elegante, interpretando a una “dama antigua” acompañando a un caballero de la sociedad colonial, ese personaje que todas querían representar. Estas escenas estaban acompañadas por los gritos de los vendedores ambulantes, la mazamorrera, el vendedor de velas y pastelitos, figuras típicas que pueblan los actos escolares.

Por último, recordé mi último año en el colegio, cuando ya más grande me tocó bailar como una “negrita feliz” al ritmo del “baile de los morenos”, un candombe por demás pegadizo.


Las representaciones escolares de la sociedad colonial

Todos estos recuerdos tienen algunos puntos en común: la emoción de participar en estos actos y la construcción de un imaginario, algo romantizado, del pasado colonial que invisibiliza relaciones de poder, desigualdades y violencias que también estuvieron presentes. Estoy segura de que, al leer esto, se te vino a la cabeza algún recuerdo similar.


Entonces aparece la pregunta: ¿qué tan reales fueron estas representaciones que quedaron asociadas a nuestro afecto y grabadas en nuestro sentido común? ¿Era realmente así la sociedad colonial? ¿Qué tan feliz estaba esa “negrita candombera” que acudía al arroyo a lavar las sábanas de su amo?


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La historiografía de género como herramienta para pensar el racismo colonial

Pensar estas preguntas desde la historiografía de género puede resultar útil porque esta perspectiva no se limita solamente a “hablar de mujeres” (aunque sea lo primero en lo que pensamos) sino que nos permite analizar cómo se construyeron los roles sociales, las jerarquías y las relaciones de poder en torno al racismo en la sociedad colonial.


Género y racismo en la sociedad colonial

Y en este caso aparece otra categoría que se entrecruza constantemente con el género: la raza. Porque en la sociedad colonial no solo no era lo mismo ser varón o mujer, sino que tampoco era lo mismo ser una mujer blanca de sectores acomodados que una mujer negra esclavizada, indígena o mestiza.


Cómo estaba organizada la sociedad colonial en América española

La sociedad colonial organizada por el imperio español entre los siglos XVI y XIX estuvo atravesada por profundas desigualdades. Estaba estructurada como una sociedad jerárquica donde el origen étnico y racial condicionaba el lugar que cada persona ocupaba, los trabajos que podía realizar y las posibilidades que tenía dentro de la sociedad.


Muchos historiadores han trabajado cómo estas sociedades coloniales se organizaron a partir de diferencias jurídicas, sociales y económicas muy marcadas.


La pirámide social en la colonia

En términos generales, la cúspide de la pirámide estaba ocupada por los blancos peninsulares, quienes concentraban el poder político y económico. Más abajo se encontraban los criollos, sectores que podían acceder al comercio, las profesiones y ciertos espacios de prestigio. Luego aparecían indígenas, mestizos, mulatos y negros, muchos de ellos sometidos a distintas formas de explotación laboral.


El trabajo de las personas afrodescendientes esclavizadas

Las personas africanas esclavizadas y sus descendientes ocuparon un lugar fundamental en la vida económica urbana: trabajaban en tareas domésticas, lavandería, cocina, venta ambulante, construcción y múltiples oficios. Muy pocos eran libres. Entonces, ¿qué tan feliz podía ser aquella “negrita candombera” lavando sábanas a orillas del arroyo?


Mujeres afrodescendientes, esclavitud y trabajo en la sociedad colonial

En este punto, las categorías raciales se entrecruzan con el género. La sociedad colonial estaba lejos de ser homogénea y no todas las mujeres ocupaban el mismo lugar ni vivían las mismas experiencias.

Mientras algunas mujeres de sectores acomodados eran representadas como “damas antiguas”, vinculadas al espacio doméstico y familiar, muchas otras (especialmente mujeres afrodescendientes, indígenas o mestizas) realizaban trabajos físicos, domésticos y de servicio en condiciones de enorme desigualdad. En muchos casos, además, eran esclavizadas.


La imagen de la “negrita feliz” y la romantización de la esclavitud

La imagen escolar de la “negrita feliz” lavando ropa en el río oculta una realidad marcada por el trabajo forzado y la ausencia de libertad. Muchas mujeres afrodescendientes realizaban tareas domésticas, lavado de ropa, cocina, venta ambulante o cuidado de niños.


Sus cuerpos y su fuerza de trabajo formaban parte de una estructura económica sostenida por relaciones de explotación y subordinación. Este tipo de representaciones romantizadas terminan transformando en escena pintoresca lo que en realidad implicaba desigualdad, violencia y racismo.


El candombe y la cultura afro en el Río de la Plata

Claro que existieron espacios festivos, bailes, candombes y formas de sociabilidad propias de las comunidades afrodescendientes, muchas veces vividas como espacios de encuentro, identidad y resistencia cultural. Distintos trabajos recuperan justamente la enorme importancia de la cultura afro en la construcción de la sociedad rioplatense.


Pero una cosa es reconocer esa presencia histórica y otra muy distinta es convertirla en una postal escolar simplificada y despojada de conflicto. Porque detrás de esa imagen infantil muchas veces desaparece algo central: la esclavitud existió en el Río de la Plata y atravesó profundamente la vida cotidiana colonial.


Qué representaban realmente las “damas antiguas”

¿Qué pasa con las “damas antiguas”? Las representaciones también tendieron a homogeneizar el lugar de las mujeres bajo la figura de las “damas antiguas”: mujeres elegantes que acompañaban pasivamente a los varones en bailes y tertulias. Pero la realidad era bastante más compleja.


Mujeres blancas, honor y domesticidad

Si bien las mujeres enfrentaban fuertes límites impuestos por una sociedad patriarcal, no todas vivían las mismas experiencias. Mientras las mujeres blancas de sectores acomodados eran asociadas al ideal de pureza, domesticidad y honor familiar, muchas mujeres negras e indígenas quedaban vinculadas al trabajo físico, el servicio doméstico o distintas formas de explotación laboral.


La idea de “ser mujer” no significaba lo mismo para todas. La sociedad colonial construyó feminidades distintas según la raza y la posición social.


Mujeres protagonistas en la vida política y social

Muchas mujeres ocuparon roles activos dentro de esta sociedad. Algunas administraban negocios, participaban en redes comerciales o sostenían económicamente a sus familias. Otras tuvieron participación política durante el proceso revolucionario e independentista.


Mujeres invisibilizadas por la historia tradicional

La historiografía de género se encargó en las últimas décadas de recuperar muchos de estos nombres propios y experiencias que habían quedado invisibilizados detrás de los grandes relatos políticos tradicionales.


Es el caso de María Remedios del Valle, mujer afrodescendiente que luchó en las guerras de independencia y fue nombrada “capitana” por Belgrano. Hoy, gracias a nuevas investigaciones y a su creciente visibilización, es recordada como la “Madre de la Patria”.


Figuras como Juana Azurduy, Macacha Güemes o Manuela Pedraza son apenas algunos ejemplos.


Perspectiva de género y raza para reinterpretar el pasado colonial

Por eso, pensar estos procesos desde una perspectiva de género también implica preguntarnos qué mujeres podían ser consideradas “damas” y cuáles quedaban por fuera de esa representación. Porque muchas veces quienes acudían a lavar ropa al arroyo no estaban allí por felicidad sino por una situación de explotación y esclavitud.


Y porque muchas otras mujeres no ocuparon únicamente un rol pasivo acompañando a los varones, sino que también trabajaron, resistieron y participaron activamente de la vida social y política.


Revisar las imágenes tradicionales sobre la colonia

Es necesario complejizar las representaciones que aprendimos sobre el pasado colonial. Durante mucho tiempo, la escuela y otras instituciones construyeron imágenes pensadas para consolidar una idea homogénea de nación, suavizando conflictos sociales, raciales y de género. Así, las desigualdades propias de la colonia terminaron convertidas en escenas pintorescas y aparentemente armónicas.


La construcción de una memoria escolar simplificada

Revisar estas imágenes no implica rechazar los recuerdos escolares ni destruir su valor afectivo. Significa preguntarnos qué historias quedaron afuera, qué sujetos fueron invisibilizados y por qué durante tanto tiempo aprendimos a imaginar el pasado colonial de esa manera. Porque incluso nuestra forma de imaginar el pasado heredó muchas de las jerarquías raciales y de género construidas durante la colonia.


Reflexiones finales sobre género, raza y memoria histórica

En vísperas de un nuevo 25 de mayo, quizás el desafío sea volver a mirar aquello que creíamos conocer. Entender que detrás de la “dama antigua” y la “negrita candombera” existían personas reales atravesadas por relaciones de poder, desigualdades y jerarquías que, de distintas maneras, todavía siguen formando parte de nuestra sociedad.


¡Feliz 25 de Mayo!


Guadalupe Rosso


Bibliografía utilizada

  • Adamovsky, E (2024). La fiesta de los negros. Una historia del antiguo carnaval de

    Buenos Aires y su legado en la cultura popular. Buenos Aires: Siglo XXI.

  • Andrews, G (1980). Los afroargentinos de Buenos Aires. Buenos Aires: De la flor.

  • Assadourian C, Beato G, Chiaramonte J (1986). Argentina: de la conquista a la

    independencia. Buenos Aires: Hyspamerica.

  • Barrancos, D (2007). Mujeres en la sociedad argentina, una historia de cinco siglos.

    Buenos aires: sudamericana.

  • Di Meglio, G (2016). ¡Viva el bajo pueblo! La plebe urbana en Buenos Aires y la

    politica entre la Revolucion de Mayo y el rosismo (1810-1829). Buenos Aires: Prometeo.

  • Garavaglia J, Fradkin R (2009). La Argentina colonial Río de la Plata entre los siglo

    XVI y XIX. Buenos Aires: Siglo XXI.

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