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12 de octubre: ¿Día de la Raza? | Charlita con Ana María Presta | Huellas de la Historia

hace 3 horas
10 min de lectura

Cada 12 de octubre vuelve la misma pregunta: ¿Qué estamos recordando exactamente? El gobierno de Javier Milei vuelve a la idea de un "Día de la Raza". Para pensarlo a fondo invité a Huellas de la Historia Podcast a la historiadora Ana María Presta. Lo que siguió fue más de una hora de conversación que hoy vuelvo a escuchar con enorme gratitud.


12 de octubre día de la raza

Para mí no fue una entrevistada más. Ana María fue mi profesora en Historia de América I, en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, y sus clases eran magistrales. Nos contaba sobre los muchos tipos de papa del imperio incaico o las plumas de quetzaltototl con una pasión que volvía vivo el siglo XV sacándonos siempre una sonrisa inevitable. Volver a escucharla ahora, cuando ya no está, tiene para mí un peso muy especial. En este artículo reúno los ejes centrales de aquella charla, con sus propias palabras siempre que fue posible.


¿Quién fue Ana María Presta?

Ana María Presta (1953-2024) fue una historiadora argentina, profesora en Historia por la Universidad de Buenos Aires y magíster y doctora en Historia por The Ohio State University (1997). Fue profesora titular de Historia de América I en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA e investigadora superior del CONICET en el Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio Ravignani”, donde coordinó el Programa de Historia de América Latina (PROHAL). Se especializó en la historia andina colonial, en particular la Audiencia de Charcas (actual Bolivia) en el siglo XVI, con trabajos sobre encomenderos, sociedades indígenas, familia y cultura material. Entre sus obras se destaca Encomienda, familia y negocios en Charcas colonial. Los encomenderos de La Plata, 1550-1600. Falleció el 29 de abril de 2024.



¿Fue un descubrimiento de América, una conquista o una invasión?

Abrí la charla con la pregunta más incómoda, y la respuesta de Ana María fue clara: hubo invasión y hubo conquista. Todo lo demás, según ella, son palabras que suavizan o esconden lo que ocurrió.


Las palabras no son inocentes

Para Ana María, desde el inicio esta historia es también una cuestión de lenguaje: contradictorio, a veces ofensivo y con una fuerte carga de ocultamiento. Para los españoles fue un descubrimiento, porque llegaban a un espacio que ni siquiera imaginaban, con territorios, comidas, gentes y culturas nuevas. Pero, como me dijo, lo que se nombra así esconde otra cosa:

«Lo que se llama descubrimiento, que en verdad es un desconocimiento».

Esto me interesó especialmente: la llegada de Colón no solo desafió a los científicos, también a la Iglesia. ¿Quiénes eran esos habitantes? ¿Eran hijos de Dios? ¿Eran humanos? Esas preguntas nacen con lo que llamamos "descubrimiento".


Ana María repasó tres hitos historiográficos que, lo confieso, me parecen fundamentales para cualquier docente:

  1. Edmundo O'Gorman, intelectual mexicano, y La invención de América, escrita en la década de 1950. Allí plantea el ocultamiento y hasta la fabricación de una América que no era real a través de las palabras. Incluso "América" es un nombre inventado: quien domina, nombra. Lo mismo ocurre con los "indios", que de indios no tenían nada.

  2. Tzvetan Todorov y La conquista de América. El problema del otro, que ella usaba como texto de consulta con sus alumnos. Todorov muestra la construcción de un "otro" diferente y una conquista hecha de incomprensión mutua: Moctezuma no entiende a Cortés, pero Cortés tampoco entiende a Moctezuma.

  3. Enrique Dussel, teólogo y filósofo argentino, que habla directamente del encubrimiento de América: hay que quitar las capas de información falseada que tiñen la verdadera historia de la conquista.


El requerimiento, ese texto que se les leía a los pueblos originarios para anunciarles que llegaban con la cruz y fundarían ciudades, era para ella un "diálogo de sordos": un cúmulo de incomprensiones sin sentido.


Encuentro, no: invasión

La idea del "encuentro entre dos mundos" le parecía un eufemismo político. Su conclusión fue tajante:

«Lo cierto es que hubo invasión, a mi juicio, y que hubo conquista».

Y lo ilustró con una imagen que me quedó grabada: uno se encuentra con una amiga a tomar un café por propia voluntad, pero "ningún amigo se encuentra con uno metiéndose en su casa por la fuerza". Yo le recordé el fuerte que fundó Colón, que encontró completamente quemado a su regreso: poco queda ahí de los "espejitos de colores" y del intercambio pacífico que nos enseñaron en la escuela.


Una conquista veloz

¿Cómo pudieron caer tan rápido estados de millones de personas? Ana María recordó que Cortés llegó a México con unos 250 soldados y Pizarro alcanzó Cajamarca con 168. Para ella pesaron varias cosas a la vez:


  • El shock material y psicológico: los pueblos originarios nunca habían visto caballos, armaduras ni armas de fuego.

  • El descontento interno: muchos grupos étnicos sometidos a los mexicas o a los incas vieron a los españoles como posibles salvadores. No sabían que la explotación que traían iba a ser mucho más aguda, con un sistema de propiedad privada que desarmaría la propiedad colectiva.

  • La crisis sucesoria incaica: Huayna Cápac murió, según los cronistas, víctima de una epidemia de viruela que bajaba desde Panamá. Huáscar y Atahualpa se disputaron el Tahuantinsuyu. Ana María rechazaba llamarlo "guerra civil": era un problema sucesorio que no tenía por qué seguir las reglas occidentales.


Coerción y consenso

Tras unos primeros años de violencia feroz, se abrió una etapa de negociación con lo que quedaba de la élite incaica. Pero Ana María insistió en algo que sentí fundamental: "el consenso no significa tontería".


Su ejemplo fue el de los huancas, aliados de la conquista en los Andes centrales. Entregaron comida, tejidos, maíz, papas y llamas a los ejércitos de Pizarro, pero anotaron todo. Veinticinco años después, como nunca les devolvieron nada, se presentaron ante la justicia para reclamar lo adeudado y pedir quedar exentos de tributo.


También recordó de la crónica de Titu Cusi Yupanqui, hijo de Manco Inca: en plena negociación, ante una mesa cubierta de terciopelo rojo, Titu Cusi la levanta, la arroja y le dice a Pizarro, en palabras de Ana María: "Yo que fui dueño de todo esto, ¿esto es lo que me venís a ofrecer?".


También distinguió entre resistencia y rebelión. La resistencia es una práctica de negociación y diálogo que perdura hasta hoy. La rebelión llega cuando ya no hay nada que negociar. Así leyó el Taki Onqoy de la década de 1560 y las grandes rebeliones del siglo XVIII, cuando las reformas borbónicas, lo que ella llamaba la "segunda conquista de América", rompieron el pacto colonial.


¿Es el Día de la Raza, el Día de la Hispanidad o el día de qué?

El nombre de la fecha nunca fue neutral. Ana María me mostró que cada denominación responde a un momento político: en la Argentina el 12 de octubre nació como "Día de la Raza" durante el gobierno de Hipólito Yrigoyen, y desde 2010 se llama Día del Respeto a la Diversidad Cultural.


Del rechazo a España a la "madre patria"

Me pareció muy revelador el recorrido que propuso. Cuando nace nuestro país, en el siglo XIX, las élites criollas rechazan con furia todo lo español. La prueba, según ella, es el Himno Nacional consagrado por la Asamblea del Año XIII, con versos que castigaban a España.


Hacia fines del siglo XIX el tono cambia. Llega una inmigración española enorme que hay que "integrar", y cantar un himno que denosta a la madre patria de esos inmigrantes se vuelve incómodo. A eso se sumó el contexto internacional:


  • 1892, el IV Centenario: España revaloriza la gesta colombina, se celebra un Congreso Internacional de Americanistas en La Rábida, se levantan monumentos a Colón y el papa León XIII dicta una encíclica que presenta el descubrimiento como expansión de la cristiandad.

  • 1895-1898, Cuba: la guerra de independencia cubana y la intervención de los Estados Unidos empujan a las naciones americanas hacia un panamericanismo muy discutido, bajo el auge de la doctrina Monroe.

  • La Primera Guerra Mundial: Yrigoyen se opone a ese panamericanismo dirigido por Washington, resiste la presión para declarar la guerra y revaloriza una herencia española más latinoamericana que panamericana. En ese marco declara por primera vez el 12 de octubre como festividad.


Como me dijo Ana María, "nadie es inocente ni en el lenguaje ni en sus prácticas", y los intelectuales también forman parte de la política de sus pueblos.


El eufemismo de la "raza"

Lo que sentí fundamental de esta parte fue su crítica a la palabra "raza". Al hablar de raza, explicó, se pensaba en un crisol, en una mezcla, como el melting pot estadounidense. Pero para ella:

«Se utiliza, yo diría, ese eufemismo para juntar lo que no se puede juntar, porque nunca estuvo junto».

El mestizaje existió desde el inicio, pero fue un mestizaje forzado: mujeres indígenas violadas, no reconocidas como esposas, y los hijos de esas uniones no consentidas fueron los primeros mestizos hispanoamericanos.


Ana María agregó un matiz que me pareció de los más finos de toda la charla. En la Castilla de los Reyes Católicos, la raza no era una barrera biológica sino religiosa y cultural, que se creía transmitida por la sangre y la leche. Raza era el judío, el moro, el que no era cristiano:

«Los cristianos no tienen raza, simplemente son cristianos; los que son diferentes son los otros».

Por eso, sostenía, la sociedad que crearon los españoles en América no estaba separada biológicamente por la raza, sino que era una sociedad racializada. El color recién gana peso en el siglo XVIII, con la clasificación de las castas.


1992: la "tercera conquista"

El V Centenario fue para Ana María la tercera conquista de América. Una España que se integraba a la Comunidad Europea necesitaba mostrar su pasado imperial glorioso. La Exposición de Sevilla, los congresos, los proyectos editoriales y de investigación financiados alrededor de la fecha instalaron la idea del "encuentro entre dos mundos".


Me interesó mucho su testimonio personal: en 1992 hacía su doctorado en Columbus, Ohio, y la ciudad montó una exposición con réplicas de las carabelas en el río. Ella se preguntó si los estadounidenses se hubieran atrevido a celebrar la invasión a México. Esa celebración, me dijo, le pareció un poco obscena.


Por eso celebraba el cambio de 2010 que permite hablar del Día del Respeto a la Diversidad Cultural en lugar del Día de la Raza: un terreno en el que, según ella, el país sí pudo avanzar.


¿Cuál es el real significado del 12 de octubre?

Para Ana María, el 12 de octubre marca el comienzo de una herencia colonial que sigue sin resolverse. No negaba los aportes culturales, políticos y migratorios que llegaron después, pero insistía en no olvidar cómo empezó todo:

«El inicio de todo eso es el inicio de épocas de sangre, de fuego, de desaparición de gente, de epidemias, de luchas, de incomprensiones y de hechos muy amargos».

Incas sí, indios no

Yo le propuse tender puentes con el presente a partir de José Carlos Mariátegui y su "problema del indio". Ella sumó a José María Arguedas, novelista andino bilingüe que aprendió quechua en la cocina de la casa paterna. Recordó la frase con la que Arguedas respondió a la élite intelectual que lo homenajeaba: «No soy un aculturado». Aculturar, explicó, es borrar la cultura del otro y montarse sobre ella.


Ana María denunció una distorsión que me pareció importantísima: en los países andinos se revaloriza el imperio incaico, pero no al indígena que hoy vive en el aislamiento y la miseria. Lo resumió con el título de un ensayo de la historiadora Cecilia Méndez: Incas sí, indios no. Se rescata lo que da gloria y se esconde bajo la alfombra lo que avergüenza, con una lógica de "civilización y barbarie" que viene del siglo XIX. También mencionó la experiencia boliviana reciente, que ella leía como un proceso de empoderamiento indígena amenazado.


Recordó, además, los grandes hitos de los años noventa: el levantamiento indígena en Ecuador frente al V Centenario y el alzamiento de Chiapas en 1994. Para ella mostraron al mundo que los pueblos que se decían integrados no estaban integrados ni eran ciudadanos plenos.


Una deuda argentina

Esto lo sentí especialmente cercano. Según Ana María, la Argentina, aun con la reforma constitucional de 1994, mantiene una enorme deuda con las comunidades indígenas, porque no les ha otorgado la propiedad de sus tierras. Señaló el contraste entre las noticias alarmistas sobre ocupaciones mapuches y la facilidad con que grandes propietarios extranjeros acceden a las mejores tierras de la Patagonia.


Y trazó la línea hacia atrás: ya en el período colonial, las composiciones de tierras obligaban a las comunidades a mostrar títulos que no tenían, un eufemismo para legalizar el despojo. Por eso dejó planteada una pregunta que considero el corazón de la charla:

«¿Por qué no estamos pensando que todo lo que estamos viviendo es parte de una herencia colonial no resuelta?».

El racismo cotidiano y la escuela

Nos dijeron que la Argentina es un país blanco, hijo de la inmigración, que mira al Atlántico y al puerto. Ana María advirtió que la sociedad no dejó de poner motes racializados a los diferentes: antes eran los "indios", hoy los migrantes de países hermanos, que vienen a trabajar como nosotros fuimos a trabajar a otros lados. No creía que la Argentina fuera el prototipo de sociedad racista, pero sí que existen grupos minoritarios abiertamente racistas.


Como docente, este punto me tocó de cerca. Le planteé el peso del acto escolar del 12 de octubre, con el "indiecito" y el conquistador, y de manuales que van por detrás de los programas. Ana María contó que su equipo del Programa de Historia de América Latina del Instituto Ravignani había preparado materiales sobre la fecha, uno de ellos dedicado justamente a la enseñanza de la historia y los manuales escolares desde 1990.


Para seguir investigando: los archivos que recomendó Ana María

Al final no pude evitar una pregunta por inquietud personal: ¿Dónde puede ir a investigar quien tenga ganas? Su respuesta es una pequeña guía que vale la pena guardar:

  • Archivo General de la Nación: desde la creación del Virreinato del Río de la Plata (1776), guarda la documentación fiscal desde el sur del Cusco hasta el actual noroeste argentino, con padrones de indios y visitas, algunos de fines del siglo XVI.

  • Biblioteca Nacional: la colección García Viñas, cientos de copias mecanografiadas de documentos del Archivo de Indias sobre el Río de la Plata y la conquista.

  • Museo Mitre: documentación colonial temprana.

  • Las colecciones de Roberto Levillier: copias de cartas de gobernantes del Perú, la Audiencia de Charcas y la conquista del Tucumán, publicadas y disponibles en bibliotecas como la del Instituto Ravignani, la Academia Nacional de la Historia o la Facultad de Filosofía y Letras.

  • Los cronistas: Pedro Cieza de León, Titu Cusi Yupanqui, Felipe Guamán Poma de Ayala (su Nueva corónica y buen gobierno, que ella llamaba "la biblia de los Andes") y Joan de Santa Cruz Pachacuti Yamqui.

  • Archivos provinciales: Jujuy, Salta, Tucumán, Catamarca, La Rioja y Córdoba, para quien busque temas regionales.


Una última palabra

Al despedirnos le agradecí algo que excede esta entrevista: todo lo que aprendí cursando con ella en la UBA. Volver hoy a su voz me confirma lo que sentía como estudiante: Ana María no daba respuestas cómodas, enseñaba a desconfiar de las palabras que nos llegan hechas.


¿Descubrimiento, encuentro, Día de la Raza? Después de esta charla, el 12 de octubre deja de ser una efeméride escolar y se vuelve una pregunta abierta sobre el presente. Esa pregunta, creo, es el mejor homenaje que podemos hacerle.


Gracias, Ana María.


Pablo Javier Coronel



Podés escuchar la conversación completa en Charlitas de Historia - Huellas de la Historia .

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