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Groenlandia y los Estados Unidos ¿La Invasión Inesperada? | Huellas de la Historia

Cuando Donald Trump mencionó por primera vez, en 2019, la idea de anexar Groenlandia, a muchos les pareció una ocurrencia descabellada. Resultaba impensable que un miembro de la OTAN intentara afectar de manera directa a otro Estado aliado. Sin embargo, tras el bombardeo a Venezuela, la sumisión del gobierno chavista y la ausencia de una respuesta contundente por parte de las principales potencias mundiales, comenzó a configurarse un escenario inesperado. La apropiación de la isla dejó de ser simple retórica para convertirse en una posibilidad concreta, además de no ser un hecho ajeno a la tradición histórica del gigante norteamericano.



Compra de Luisiana (1803)

La primera gran adquisición territorial de Estados Unidos fue la del futuro estado de Luisiana. En este caso, la compra se realizó a la República Francesa, gobernada por Napoleón Bonaparte, que atravesaba una profunda necesidad de recursos para sostener las guerras contra las monarquías europeas que la asediaban.



Compra de Florida (1821)

Las relaciones entre Estados Unidos y España siempre habían sido tensas, ya que ambos se percibían como enemigos potenciales. En ese contexto de expansión territorial estadounidense, las guerras independentistas que debilitaban a la Corona española y el escaso control efectivo sobre Florida forzaron la venta del territorio por aproximadamente cinco millones de dólares. El acuerdo quedó formalizado en el documento titulado Tratado de Amistad, arreglo de diferencias y límites entre Su Majestad Católica el Rey de España y los Estados Unidos de América, que se conserva en la Biblioteca Nacional de España desde finales del siglo XIX.


Compra de territorios mexicanos (1848)

Entre 1846 y 1848, México y Estados Unidos se enfrentaron en una guerra que culminó con la cesión de amplios territorios mexicanos. El conflicto tuvo su origen en el intento de independencia de Texas, entonces parte de México, pero fuertemente colonizada por población angloparlante atraída por la abolición de la esclavitud y por mejores condiciones de vida, lejos de un Estados Unidos afectado por la crisis económica iniciada en 1819. Para muchas familias, México representaba una oportunidad de progreso.



En 1835, Texas inició su proceso independentista mediante una guerra contra el Estado mexicano, liderada principalmente por colonos angloparlantes. En 1836, los ejércitos mexicanos fueron derrotados y se proclamó una república que subsistió pocos años antes de incorporarse a Estados Unidos en 1845.


Este desenlace derivó en un enfrentamiento directo entre ambos países y en una guerra que finalizó en 1848 con la firma del Tratado de Guadalupe Hidalgo. El acuerdo otorgó a Estados Unidos el control de Texas —definido por el territorio al norte del río Bravo— y de las regiones de Alta California y Santa Fe de Nuevo México. Estas zonas conforman hoy los estados de Arizona, California, Nevada, Utah y Nuevo México, además de partes de Colorado, Wyoming, Kansas y Oklahoma. A cambio, Estados Unidos se comprometió a realizar tres pagos que sumaron 15.100.000 dólares en concepto de gastos de guerra y compensaciones por daños a ciudadanos estadounidenses en México.



Compra de Alaska (1867)

La adquisición de Alaska fue conocida popularmente como la “locura de Seward”. Este territorio, situado en el extremo norte del continente americano, había pertenecido a Rusia desde 1741, cuando la expedición del navegante danés Vitus Bering avistó la costa. La colonización se intensificó en las décadas posteriores con el establecimiento de comerciantes de pieles, dando origen a la llamada “América Rusa”. Debido a la dificultad para controlar y defender la región, Rusia decidió venderla a Estados Unidos en 1867 por 7,2 millones de dólares.


Intentos de compra de Groenlandia

La compra o el intercambio de territorios no es un fenómeno extraño en la historia estadounidense, como tampoco lo son las invasiones. En ese sentido, Groenlandia no ha sido una excepción. Existen al menos tres intentos documentados de adquisición por parte de Estados Unidos al Reino de Dinamarca, que ejerce soberanía sobre la isla desde 1814, tras su separación de Noruega. Groenlandia constituye un enclave estratégico para el tránsito marítimo del océano Ártico y funciona como un puente natural hacia Islandia y la región escandinava.



William H. Seward, secretario de Estado en 1867, fue una figura clave en el proyecto de expansión estadounidense en el Ártico. Consideraba tanto a Alaska como a Groenlandia piezas fundamentales para la defensa de Norteamérica frente a posibles agresiones europeas, en consonancia con la Doctrina Monroe y la idea de una “América para los americanos”. No obstante, este primer intento nunca se concretó y Seward fue tildado de “loco” por sus contemporáneos, que veían esos territorios fríos e inexplorados como carentes de utilidad.


La primera propuesta formal se presentó en 1910, durante la presidencia de William Howard Taft, quien intentó negociar un intercambio territorial con Alemania como intermediario. La iniciativa tampoco prosperó. El último intento conocido ocurrió en 1946, cuando el presidente Harry Truman ofreció 100 millones de dólares en oro a Dinamarca. Aunque la venta fue nuevamente rechazada, se permitió la instalación de bases militares estadounidenses en el marco de la Guerra Fría y la creación de la OTAN.


¿Por qué es importante para Trump?

“Necesitamos Groenlandia para garantizar la seguridad nacional, y Dinamarca no está en capacidad de hacerlo”, afirmó recientemente Donald Trump. Según su visión, la presencia de barcos chinos y rusos en la región representaría una amenaza directa para Estados Unidos, argumento que podría servir de justificación para forzar una compra o incluso una intervención militar.


Frente a estas presiones, la Unión Europea parece carecer de margen de maniobra. En los últimos días se observó el despliegue de una delegación simbólica de apenas 21 efectivos de distintos Estados miembros, mientras que Dinamarca movilizó alrededor de 200 soldados. Cabe recordar que Estados Unidos ya mantiene bases militares en la isla, con una dotación aproximada de 150 efectivos.


Trump avanzando desde el oeste en Groenlandia y Putin desde el este en Ucrania parecen acorralar a una Unión Europea cada vez más debilitada, aislada y dependiente económicamente de las grandes potencias. La mesa está servida, pero esta vez Europa no fue invitada al festín.


Pablo Javier Coronel

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