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El Día que las Mujeres Iniciaron la Revolución: Febrero de 1917 en Clave de Género | #GenHistoria | Huellas de la Historia

Hace algunos años, una jóven versión mía se quedó fascinada con una clase sobre la Revolución Francesa, a partir de ese momento las revoluciones se convirtieron en uno de mis temas históricos favoritos ¿Cómo no obsesionarse con la idea de cambiarlo todo? Sin embargo, sentía que todavía me faltaba entender algo. Hace poco, mientras volvía a pensar en esos procesos y en los cambios que produjeron, apareció una idea en la que pocas veces nos detenemos y que surge del concepto mismo: revolución es una palabra que se escribe en femenino. De ahí se desprende una pregunta que podemos responder desde la historiografía de género ¿Qué rol tuvieron las mujeres como actor social en las revoluciones? ¿Qué cambios impulsaron y qué lograron?


Una revolución implica un cambio estructural en las formas de organizar una sociedad, ya sea en el plano político, económico o social (o en la combinación de varios de ellos). No es el fin, por lo menos hoy, teorizar sobre este concepto y sus diferentes resultados en términos de traspaso, modificación o ruptura del orden establecido; pero sí partimos de considerar que La Revolución Rusa fue uno de los grandes procesos del siglo XX y constituyó una verdadera revolución social desde abajo, con efectos que llegan hasta nuestros días. Sin embargo, es necesario echar luz sobre un actor social sobre el cual la historiografía tradicional ha tendido a hacer sombras: las mujeres.


Después de todo, el hecho que dio inicio a la Revolución Rusa fue la huelga de mujeres del 23 de febrero de 1917 (calendario juliano), 8 de marzo según el calendario gregoriano. Pero ¿No fueron Lenin, Trotsky, los bolcheviques, los grandes protagonistas de este proceso? Sí, pero las mujeres también jugaron un rol de fundamental importancia. La Revolución de Febrero protagonizada por obreras actuó como una suerte de dominó, causó el fin de la autocracia zarista, dio lugar a un nuevo gobierno e inauguró una dinámica de radicalización política que culminó en octubre con el triunfo de la primera revolución socialista de la historia.

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Ese día en Petrogrado estaban convocadas manifestaciones y mítines de mujeres por su día, nadie imaginaba que estaba comenzando una Revolución. Mientras algunos sectores políticos pensaban postergar las manifestaciones para el 1° de Mayo, esa fría mañana en el distrito de Vyborg un grupo de obreras de las fábricas textiles deciden lanzarse a las calles. El lema “pan y paz” condensaba la situación que atravesaba Rusia: hambruna, escasez de alimentos y condiciones de vida paupérrimas, agravadas por la participación del país en la Primera Guerra Mundial.


Las obreras iniciaron la huelga y llamaron a los trabajadores a sumarse. Nada de pedir permiso: usaban palos, tiraban bolas de nieve y piedras ¿Mujeres en fábricas? Para entonces, más de 7 millones de mujeres trabajaban en la industria rusa. Su presencia había crecido de forma acelerada durante la guerra: pasaron de representar el 25,7 % de la fuerza laboral industrial en 1914 al 32,2 % en 1917, especialmente en el sector textil y alimenticio. Mientras los varones eran enviados al frente, ellas sostuvieron la producción, la economía y los hogares. Eran quienes vivían en primera persona las penosas condiciones del contexto y el aumento en los precios de los alimentos.


Además, muchas mujeres no solo trabajaban fuera de sus casas, sino que además participaban en la vida política y sindical. Figuras como Inessa Armand, Aleksandra Kollontai o Nadezhda Krupskaya son algunos ejemplos, aunque no los únicos. Por eso es necesario ser prudentes con los binarismos que asocian a las mujeres con el espacio privado y a los varones con el espacio público: estas mujeres se movieron entre ambos ámbitos y padecieron una doble opresión, de clase y de género.


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El rol de vanguardia de las mujeres no se limitó a la huelga inicial. Fueron clave para sumar el apoyo de trabajadores, campesinos y soldados, un dato central si se tiene en cuenta que estos últimos se negaron a reprimir las protestas. Días después, el zar Nicolás II abdicó y se conformó un gobierno provisional integrado por liberales y socialistas moderados, en un contexto de doble poder con el Sóviet de Petrogrado. Desde esta óptica el rol de las mujeres como sujetos sociales activos que iniciaron la Revolución fue fundamental, el mismo Trotsky en su Historia sobre la Revolución Rusa lo remarca.


Pensemos por un minuto en la magnitud de este hecho. Ahora podríamos preguntarnos ¿se conformaron solo con eso? Por supuesto no, lejos de retirarse de la escena, la participación femenina creció entre febrero y octubre de 1917. En marzo, la Liga por la Igualdad, de orientación feminista, organizó una huelga masiva contra el gobierno provisional que movilizó a unas 40.000 personas.


Como resultado, el gobierno de Lvov aceptó incorporar a las mujeres al sufragio universal. En mayo, las lavanderas protagonizaron una huelga ejemplar desde el punto de vista de la organización sindical de un sector tradicionalmente aislado. No reclamaron concesiones: se organizaron, recorrieron fábricas y talleres, dieron discursos, escribieron, convocaron reuniones y empujaron el proceso revolucionario. En gran medida, fueron responsables de la radicalización política que condujo a Octubre.


Finalmente con la Revolución de Octubre de 1917, los bolcheviques tomaron el Palacio de Invierno, derrocaron al gobierno provisional y asumieron el poder. Comenzaba una nueva etapa que, entre 1917 y 1922, dio lugar a importantes conquistas para las mujeres: igualdad jurídica plena, igualdad salarial, derecho al divorcio garantizado por el Estado, educación mixta, eliminación de la inferioridad legal femenina y legalización del aborto (sí, un siglo antes que en Argentina). A esto se sumaron una serie de proyectos pero años más tarde con la consolidación de la URSS y, sobre todo, con el ascenso del estalinismo, las conquistas fueron limitadas o directamente revertidas.


No es este el momento de profundizar en nombres propios ni en todos los matices del proceso, pero sí de destacar la importancia de la unidad y la organización. Pensar la historia desde la historiografía de género no significa agregar mujeres al relato, sino ver la historia completa. Los derechos de los que hoy gozamos no surgieron de manera espontánea: fueron el resultado de luchas concretas, protagonizadas por sujetos sociales activos. Procesos que ocurrieron alguna vez… y que invitan a preguntarnos si fueron, o no, para siempre.


Guadalupe Rosso


Bibliografía:

• Frencia ( C), Gaido (D) (2018). Feminismo y movimiento de mujeres socialistas en la Rusia Soviética. Santiago: Ariadna.

• Sheila Fitzpatrick (2018). La Revolución Rusa. Buenos Aires: Siglo XXI.

• Tilly, C (2002). Las Revoluciones Europeas 1492-1992. Barcelona: Crítica.

• Wendy, Goldman (2016). La Mujer, El Estado y la Revolución. Política Familiar y Vida Social Soviéticas 1917-1936. Buenos Aires: IPS.

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