8M: ¿Por qué sí un Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras? | #GenHistoria | Huellas de la Historia
- Guadalupe Rosso
- hace 1 día
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Hace unas semanas, en un cumpleaños, le pregunté por lo bajo a una amiga si pensaba ir a la marcha del 8M. Antes de que pudiera responder, alguien se adelantó y preguntó: "¿Y por qué no hay un día del hombre?" Sí, volvamos a tener esta conversación.
La pregunta parece simple, pero parte de un desconocimiento profundo de su origen. El 8 de marzo no nació como un hecho aislado, ni como una celebración, ni como una efeméride simbólica. Nació como resultado de un proceso histórico: de una jornada de lucha política internacional vinculada al movimiento obrero socialista y a las demandas por derechos civiles y políticos de las mujeres, en un contexto en el cual ser varón o mujer determinaba no solo el lugar social, sino también la vida cotidiana y las posibilidades de existencia.
Pese a esto, existen varias confusiones sobre su origen, en parte por una intención de despolitizar y, en parte, por el ya conocido desinterés e invisibilización en relación con las cuestiones de género. Además, muchas de las demandas que impulsaron su institucionalización siguen siendo una deuda pendiente.

¿Cómo llegamos a tener este día de conmemoración?
Al indagar sobre los orígenes históricos de 8M aparece una versión muy difundida que sostiene que todo empezó el 8 de marzo de 1908, cuando 129 obreras murieron en una fábrica textil de Nueva York por un incendio provocado por el dueño para terminar una protesta por mejores condiciones salariales. Sin embargo, no hay registros documentales que confirmen que ese hecho haya ocurrido ese día. El incendio documentado sucedió tres años después, el 25 de marzo de 1911, en la fábrica Triangle Shirtwaist, donde murieron 146 trabajadores. Fue un hecho decisivo para impulsar reformas en la legislación laboral estadounidense, pero tampoco es el origen directo del 8M.
Otro episodio citado es la huelga de trabajadoras textiles del 8 de marzo de 1857 en Nueva York. Esta variedad de eventos y confusiones responde a la construcción posterior de un mito, cuando la fecha ya estaba establecida. Se buscó una narrativa más simple y conmemorativa que borrara el carácter socialista y complejo que tuvo su institucionalización. En cierto punto, podríamos decir que se intentó despolitizar su surgimiento.
Una planificación de clase para llevar a las mujeres de la Revolución Rusa al aula
¿Por qué sería tan importante determinar el día exacto?
En este caso hay un detalle no menor: fueron mujeres socialistas y organizadas políticamente las que se reunieron para debatir a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Para ese entonces, la mujer como sujeto social había atravesado siglos de opresión, marcada por la exclusión del ámbito público. Desde la antigüedad hasta la era moderna, el ámbito doméstico y reproductivo dominó su vida, limitando sus derechos y garantizando la existencia de la propiedad privada, apoyada en la familia y protegida por el Estado. Con el avance del capitalismo, muchas mujeres comenzaron a vender su fuerza de trabajo a cambio de un salario, pero en condiciones distintas a las de los varones: cobraban menos y, al volver a sus hogares, continuaban con las tareas domésticas, consolidándose la “doble opresión”. Al mismo tiempo, ya se organizaban políticamente para reclamar igualdad económica, social y el acceso al voto. El movimiento de mujeres no era homogéneo y estaba atravesado por diferencias de clase y contexto.
Es comprensible que pasaran a la acción. Como antecedente, en mayo de 1908 se realizó en Chicago un acto denominado “Día de la Mujer”, impulsado por las socialistas y centrado en la defensa de las obreras y el sufragio femenino. En 1909, el Partido Socialista de Estados Unidos organizó el primer “Día Nacional de la Mujer”, con movilizaciones masivas en Nueva York. Ese mismo año tuvo lugar la huelga de las camiseras, conocida como el “Levantamiento de las 20.000”. Pero, la unificación internacional surge en agosto de 1910, en Copenhague, cuando más de cien mujeres socialistas de 17 países debatieron la conquista del voto femenino (entre otras demandas) y la coordinación de estas luchas a nivel internacional. Allí, la alemana Clara Zetkin propuso establecer un Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras. La propuesta fue aprobada y en 1911 se celebró por primera vez en varios países europeos. Además de Zetkin, otras pioneras en la reivindicación de sus derechos fueron Rosa Luxemburgo, Aleksandra Kolontái, Nadezhda Krúpskaya e Inessa Armand.
Finalmente, el 8 de marzo se consolidó definitivamente tras la huelga de obreras textiles en Petrogrado en 1917, que dio inicio a la Revolución de Febrero (tema del cual hemos hablado). Ese 23 de febrero según el calendario ruso (8 de marzo en el calendario occidental) quedó asociado a la fecha. En 1921, en la II Conferencia Internacional de Mujeres Comunistas, se decidió fijar oficialmente el 8 de marzo como Día Internacional de las Mujeres. Sin embargo, recién en 1975 Naciones Unidas reconoció la conmemoración, más de sesenta años después de su surgimiento en el movimiento obrero socialista.
Una Revista para seguir pensando históricamente sobre el feminismo y la lucha de las mujeres
¿Por qué sí un día de la mujer?
Argumentos sobran. Mencionamos brevemente (y sin analizar todos los matices) la opresión histórica de las mujeres, y debemos admitir que hubo cambios. Durante gran parte del siglo XIX y comienzos del XX, las mujeres estaban excluidas de la ciudadanía plena: necesitaban autorización del marido para administrar bienes, el acceso a la educación superior fue limitado y el trabajo femenino fue (y sigue siendo) peor remunerado y desvalorizado. Estos cambios tienen que ver con derechos conquistados durante el siglo XX y fueron resultado de la lucha activa de las propias mujeres. Nada fue natural ni automático. Asumiendo lo contrafáctico de la siguiente afirmación, probablemente si las mujeres no hubieran luchado, el acceso a la ciudadanía, al voto, al trabajo formal, a la educación universitaria o a la autonomía civil habría llegado mucho más tarde o en condiciones aún más restrictivas.
Sin embargo, la desigualdad estructural persiste. Las brechas salariales continúan, el trabajo de cuidados sigue recayendo desproporcionadamente sobre las mujeres. Podemos decir que la feminización de la pobreza es un fenómeno documentado y la violencia de género constituye un problema estructural.
En contextos de crisis, los derechos sexuales y reproductivos suelen convertirse en terreno de disputa. El contexto actual nos obliga a una guardia activa. Sin ánimos de sonar trillada, es necesario repetir aquella frase que dijo hace más de medio siglo (1949) Simone de Beauvoir en El segundo sexo: “No olviden jamás que bastará una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres vuelvan a ser cuestionados”.
El avance de las derechas confirma la actualidad y vigencia de esta advertencia. El siglo XX mostró reiteradamente cómo, en contextos de autoritarismo o crisis, se reforzaron discursos que buscaban replegar a las mujeres al ámbito doméstico y limitar su autonomía. Hoy, en el siglo XXI depende de nosotrxs volver al pasado en términos de retroceso o volver al pasado para revisarlo, visibilizar, reivindicar todo lo logrado y avanzar hacia una conquista de las demandas pendientes.
Todo esto demuestra la necesidad de este día, que no conmemora privilegios históricos sino luchas por acceder a derechos básicos. Por eso, cuando alguien te pregunte por qué existe un Día Internacional de las Mujeres, la respuesta es simple: porque la historia demuestra que los derechos se conquistan, se sostienen y también pueden perderse.
Feliz día, mujeres trabajadoras.
Guadalupe Rosso
Bibliografía:
Beauvoir, S. de. (1949/2011). El segundo sexo. Buenos Aires: Sudamericana.
Duby, G., & Perrot, M. (Dirs.). (2000). Historia de las mujeres en Occidente. Vol. 5: El siglo XX. Madrid: Taurus.
Engels, F. (1884/2006). El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. Madrid: Akal.
Kaplan, T. (1992). On the socialist origins of International Women’s Day. International Review of Social History, 37(3), 351–374.
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