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El paraguas de Rucci

Son las 11 de la mañana del 17 de noviembre de 1972 y un paraguas negro se dispone a abrir su techo para cobijar al recién llegado. Lo sujeta Rucci acompañado por Abal Medina. El primero es Secretario General de la CGT. El segundo es el designado por el exiliado como Secretario General del Movimiento Peronista, es decir, como su representante ante todo aquel que levantara una bandera por el Líder. Eran años de excitación política, todas las personas tenían una filiación explicita y radical. Nadie podía ser juzgado de apolítico y menos aún enorgullecerse de ello. Sindicalismo y juventud peronista revolucionaria reciben al General.

El vuelo de Alitalia aterriza y los corazones de los pocos presentes se aceleran. Finalmente, después de 17 años, el Líder vuelve. Rápido de reflejos, Rucci se apresta a recibirlo cubriendo con su paraguas negro sabiendo que la foto sería toda suya. Proveniente de la tendencia más radicalizada del movimiento, Abal Medina se pega con gesto adusto sabiéndose perdedor.

Fueron 153 los escoltas del General. La multiplicidad de figuras demostraban que la postura radical ante la juventud, aún mantenía su espíritu frentista y de alianza con sectores conservadores o de las burocracias. Se pueden contar a López Rega, Lorenzo Miguel, Oscar Bidegain y Ricardo Obregón Cano con el cura tercermundista Jorge Vernazza. También deportistas como el futbolista José Sanfilippo y el boxeador Abel Cachazú. Gente de la cultura como el cantante de tangos Oscar Alonso y el historiador José María Rosa, al lado de Hugo del Carril, Leonardo Favio, Chunchuna Villafañe y Marilina Ross. De la vieja guardia peronista sobresalía Juana Larrauri. Había una plantilla de ministros de Economía, entre ellos Antonio Cafiero. También un joven Jorge Taiana. No faltaban militares retirados: el coronel croata Milo de Bogetich, el capitán de navío Ricardo Anzorena , el comodoro Arturo Pons Bedoya y el general Ernesto Fatigatti, entre otros. Por último se pueden contar a los futuros presidentes Héctor Cámpora, Raúl Lastiri, Isabel Perón y Carlos Menem.

No fue un día de grandes concentraciones populares, el evento se siguió por radio o televisión. La tensión se respiraba en el aire. Algunos cientos se arrimaron al aeropuerto de Ezeiza pero eran esperados por una gran custodia militar. Un gran operativo se encargo de escoltar al General hasta el Hotel Internacional de Ezeiza donde permanecería privado de su libertad por un día. Solo cuando el gobierno militar lo dispuso, pudo trasladarse hasta su casa de la calle Gaspar Campos al 1000.


Ese fue el primer día en que un paraguas quedó en la historia de un país. Quizás en ese momento no hubo tiempo de hacer grandes reflexiones, pero se plasmó en la retina de todos. La burocracia sindical sería luego el brazo fuerte de Perón, la que sostenería su paraguas hasta los últimos días. La juventud revolucionaria del peronismo, en cambio, quedaba a un lado. El contenido simbólico de la foto es potente y se refleja en el gesto adusto de Abal Medina. Así como él quedarían los miles de seguidores de un peronismo radicalizado capaz de generar los cambios sociales que la Argentina pedía. La Historia una vez más sería la que juzgaría el futuro.


Pablo Javier Coronel

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