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Las Damas de la Torre

La Torre de Londres tiene muchas historias que contar, allí vivieron reyes, nobles, fue armería, tesorería, casa de las joyas de la corona y también sirvió como prisión y albergó a algunos condenados ilustres, entre ellos algunas mujeres famosas, he aquí sus historias:


Una de las víctimas de la torre fue la famosa reina de Inglaterra, Ana Bolena, que se había casado con Enrique VIII con la promesa de darle hijos varones, pero como eso no sucedió Enrique buscó nuevas amantes y Ana que era de armas tomar y estaba muerta de celos no se quedaba callada y enfrentaba al rey cada vez que podía. Tenía un temperamento demasiado fogoso y una personalidad un poco contestataria para una mujer y sobretodo para una reina y como era de esperarse, por la personalidad de Enrique, este se cansó rápidamente de ella. Sin embargo no fue hasta que algunos de sus consejeros envenenaron su mente en contra de ella que Enrique decidió investigar a su mujer. Se la acusó de haberse acostado con más de cien hombres, pero se halló culpables a cinco, tres amigos del rey, un músico llamado Mark Smeaton y su propio hermano Jorge Bolena. El 2 de Mayo de 1536 Ana fue arrestada y trasladada en una barcaza a la Torre de Londres.


Ana fue la primera reina de Inglaterra en ser llevada a juicio. Veintiséis lores la encontraron culpable de adulterio y por tanto de alta traición. Ella dijo que estaba preparada para morir pero que sentía pena por aquellos hombres que morirían por ella y agregó que si bien había sido una esposa celosa y orgullosa no había cometido los pecados de los que se la acusaba. Sus supuestos amantes, entre ellos su hermano Jorge, fueron decapitados y ella fue forzada a ver la escena desde una ventana de la torre.


Los traidores eran destripados, ahorcados y descuartizados, pero Enrique se apiadó de Ana, al fin y al cabo era su mujer, e hizo traer a un verdugo experto para que sólo fuera decapitada por espada. Ana debía morir el 18 de Mayo a las 9 de la mañana pero como no habían logrado captar a una gran audiencia para esa hora se decidió posponer la ejecución hasta el mediodía. “Maestro Kingston, he sabido que no moriré hasta este mediodía y lo lamento mucho ya que pensé que para ese entonces ya estaría muerta y mi dolor habría pasado”, dijo Ana, a lo que el condestable respondió que no sentiría dolor, Ana puso sus manos alrededor de su cuello, rió a carcajadas y dijo “de todas maneras tengo un cuello pequeño”. Al mediodía el verdugo todavía no había llegado y su muerte se pospuso hasta el otro día, eso fue una tortura para Ana que pasó la noche en vela rezando.


Ana murió el 19 de Mayo de 1536, sus últimas palabras fueron: “rezo a Dios para que salve al rey y le dé mucho tiempo para reinar sobre ustedes. Oh Señor ten misericordia de mí, a Dios encomiendo mi alma.»


De las seis esposas que tuvo Enrique VIII Ana y Catalina Howard fueron las más. La pobre Catalina tenía apenas 17 años, cuando se casó con el rey. Venía de la parte pobre de una familia noble, pero habiendo quedado huérfana muy joven, había llevado una vida no del todo recta durante su temprana adolescencia. Luego de la muerte de su madre había sido llevada a lo de su abuela, la Duquesa de Norfolk y allí siendo muy jovencita había iniciado una relación con su primo, Francis Dereham, que empezó como un juego pero que poco tiempo después terminó siendo una relación carnal. Se llamaban esposa y esposo y así los llamaban los demás, y les cuento que algo así en la época Tudor era un compromiso legal que sólo la Iglesia podía anular.


Sin embargo los amantes se separaron por un tiempo y en ese ínterin Catalina fue llevada a la corte en Londres donde fue utilizada para atraer la atención del rey que no quería saber nada con su nueva reina, Ana de Cleves, y cuando ese matrimonio fue anulado, inmediatamente Enrique, que ya tenía casi 50 años, estaba obeso y enfermo de ulceras en las piernas, se casó con la jovencísima Catalina Howard. Enrique estaba feliz, la llamaba “mi rosa sin espinas”, la llenaba de regalos, la malcriaba, y Catalina vivía un mundo de cuento. Pero la joven reina cometió errores graves que la llevarían a su triste fin. Se piensa que tal vez víctima de chantaje, tuvo que contratar para atenderla en la corte, a algunas de las damiselas que habían vivido con ella en lo de la Duquesa en los tiempos de “juegos” con Dereham y hasta contrató, o tuvo que hacerlo, al mismísimo Dereham. No contenta con esto, Catalina se enredó en un amorío con Thomas Culpeper, un sirviente muy cercano y querido por el rey. Catalina y Thomas se enfrascaron en una peligrosísima relación amorosa a escondidas de todos con la ayuda de una de las damas de compañía de Catalina, Juana o Lady Rochford. Se encontraban en secreto cada vez que podían, a veces en la habitación de Lady Rochford y se dice que una vez ésta última tuvo que entretener al rey que venía a dormir con Catalina hasta que Culpeper se fue de la habitación. Como era de esperar una de las damas de Catalina que la había conocido en su niñez habló y pasó lo que tenía que pasar, Enrique fue puesto sobre aviso del pasado de Catalina y no pasó mucho tiempo hasta Lady Rochford, quien había ayudado a los enamorados, hablara y dijera todo. Los pobres Dereham y Culpeper fueron decapitados y sus cabezas clavadas en el Puente de Londres para que Catalina pudiera verlas cuando era trasladada a la Torre el 10 de febrero. Se dice que lloró y lloró hasta que logró calmarse y entonces pidió el madero para poder practicar cómo apoyar la cabeza noblemente en el momento de la ejecución. El 13 fue llevada al cadalso. Se dice que llegó tranquila pero que se la veía pálida y aterrorizada, dijo que merecía cien muertes por lo que había hecho y según el folklore popular se piensa que dijo “Muero siendo reina pero preferiría morir siendo mujer de Thomas Culpeper” aunque no parece ser del todo verdad.


Otra víctima que habitó la torre fue una mujer que vimos ya en las historia de Ana y de Catalina, Juana o Lady Rochford.


Se piensa que la ruina de Lady Rochford empezó cuando se casó con el hermano de Ana, Jorge Bolena. Este fue un matrimonio por demás infeliz. Jorge Bolena era un hombre vil, violento y sádico. Se sabía que violaba mujeres y hasta vírgenes, que practicaba la sodomía y su mujer sospechaba que tenía una relación homosexual con el músico Mark Smeaton (que si recuerdan era uno de los supuestos amantes de Ana Bolena). Se cree también que Juana habría sufrido la violencia sexual de su marido como tantas otras mujeres. Por este motivo y tal vez por celos de la relación de su marido con su hermana Ana Bolena es que Lady Rochford acusó a su marido y a Ana de haber cometido incesto, cosa que le valió la vida a ambos hermanos.


Con la muerte de su marido Juana perdió casi todo pero con el tiempo logró volver a la corte y servir a otras dos reinas de Enrique VIII, a Ana de Cleves y a la joven Catalina Howard y ya sabemos cómo fue la historia con esta última. Al principio la ayudó para que pudiera mantener su amorío con Culpeper con quien se piensa que ella también mantenía relaciones sexuales. Se cree que Juana observaba a los amantes durante el acto sexual y que alimentaba así su mente perturbada. Cuando se supo de la vida pasada de Catalina Howard y se mencionó a Thomas Culpeper, Juana dijo que había sido presionada por Catalina para apoyar el amorío. Pero presión o no presión eso era alta traición y así fue encarcelada y ni la locura que la invadió en el calabozo, pues se dice que perdió la cordura, la salvó del cadalso. Fue ejecutada el mismo día que Catalina unos instantes después. En sus últimas palabras dijo que Dios la estaba castigando por haber provocado la muerte de su marido y agregó “lo acusé falsamente de amar a su hermana, la Reina Ana Bolena. Por esto merezco morir. Pero soy inocente de cualquier otro crimen.”


La última historia de las ocupantes de la Torre es realmente triste pues esta mujer fue arrastrada por otros a su trágico fin sin siquiera tener tiempo de reaccionar. Juana Grey era sobrina nieta de Enrique VIII y por tanto estaba en la línea sucesoria al trono, pero debía morir mucha gente antes para que ella heredara. Para hacer la historia corta, Enrique VIII muere y lo sucede su hijo adolescente, Eduardo VI, que fallece a los 16 años no sin antes sacar una ley para que su hermana María no pudiera heredar la corona, porque era católica y él reformista, y que en cambio lo hiciera nuestra Juana Grey. De esta manera también el duque Juan Dudley que ya estaba en el poder controlando a Eduardo lo haría con Juana. Dudley casó a Juana con su hijo Lord Guildford Dudley con la esperanza de que este se convirtiera en rey con la ascensión de Juana, pero no fue un matrimonio feliz, ella se negó a dormir con su marido y también a nombrarlo rey cuando llegó el momento.


Cuando Eduardo Vi murió Juana fue nombrada Reina de Inglaterra a lo que ella respondió “La corona no es mi derecho. No me complace. María es la verdadera heredera”. Sin embargo fue forzada a aceptar la corona y por tanto a cometer alta traición.

Nueves días después mientras Juana cenaba su padre se le acercó y le dijo “Ya no eres más reina“, “¿Puedo irme a casa ya?” preguntó ella, pero él no respondió y se retiró dejándola a su suerte. María, con la ayuda de los lores católicos del norte había tomado Londres y recuperado su corona. Juana fue arrestada esa noche y llevada a la Torre donde estaría bien vigilada.


Maria intentó como pudo mostrar misericordia pero las presiones externas pudieron con ella y finalmente Juana y su marido fueron condenados a muerte. “Estoy preparada y contenta de terminar con estos días tristes” dijo Juana al enterarse.


No aceptó ver a su marido para despedirse pero sí pidió ver su ejecución. “Oh! Qué amarga es la muerte!” exclamó al ver la cabeza de Dudley rodar por el cadalso.


El 12 de febrero de 1554 Juana habló por última vez y dijo que había sido culpable de haber tomado el trono pero inocente por no haberlo querido nunca y luego se dirigió al verdugo y le rogó “Por favor, hágalo rápido”


Ana, Catalina, Lady Rochford y Juana fueron enterradas en la Capilla Real de San Pedro en la Torre en tumbas sin marcar. Se dice que se ha visto a Ana Bolena vagar por los rincones de la Torre Blanca con la cabeza bajo su brazo, otros dicen que han visto a Juana Grey lamentándose de su suerte, entre otros tantos fantasmas que pululan por los pasillos de la Torre.

Diana Fubini.


Bibliografía Utilizada:


Weir, Alison, Traitors of the tower

Ridley, Jasper, The Tudor age, Londres, Robinson, 2002

Weir, Alison, Henry VIII. King & court, Londres, Vintage, 2008

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