Sarmiento ¿Padre de qué aula? | Historia Argentina | Huellas de la Historia
El 11 de septiembre se conmemora el día del maestro a partir de la muerte de Domingo Faustino Sarmiento. Te invitamos a una reflexión sobre el personaje y el estado de la educación actual

Pensar la figura de Faustino Valentín Quiroga Sarmiento obligaría, a cualquiera que hiciera el intento, a tener que realizar una selección o un recorte que pudiera sentirse como insuficiente para condensar por completo (si es que se puede) la obra encarnada por dicho personaje dentro de nuestra amplia historia nacional. Claro está que la imagen de Sarmiento inmediatamente enlaza con su arista como pedagogo, algo que se ensalza y que se ancla normativamente en nuestro calendario de efemérides, que se reactualiza cada vez que comienza el mes de septiembre y que se avizora el día 11. Nuestro objetivo será reflexionar en torno al origen de esta efeméride y su (re)significación en el contexto político-educativo actual.
El verdadero nombre de Sarmiento
Antes de continuar, sí: no comenzamos esta breve columna utilizando el conocido nombre de “Domingo”, esto no es arbitrario puesto que el nombre con el cual fue bautizado un 15 de febrero de 1811 es el que figura al inicio de este escrito; en el propio nombre dado al recién nacido se plasman tradiciones de tinte religiosas, Valentín hace referencia al santo “San Valentín”, cuya festividad está marcada para el día 14 de febrero, fecha en la que nació el personaje que hoy nos convoca al escribir esta columna. Para el caso de Faustino la explicación viene dada por el mismo calendario litúrgico, pero asociado al día 15 de febrero. Su acta de bautismo fue realizada en la Iglesia de La Merced de San Juan (Libro de Bautismos N° 11 1798-1818, folios 55 vuelto y 56 recto del 15 de febrero de 1811), allí figura lo siguiente:
“En esta Iglesia Matriz de San Juan y Parroquia de San Jose un quince de Febrero de mil ochocientos y onse años; Io el teniente de cura puse Oleo y Crisma a Faustino Valentin de un dia hijo legitimo de Don Jose Clemente Sarmiento y de Doña Paula Albarracín”.
Domingo está vinculado al santo homónimo, al cual la madre de Sarmiento, Paula Zoila Albarracín Irrazábal, profesaba una fuerte devoción. Cabe agregar que el uso del nombre Domingo le fue impuesto en su vida cotidiana, adoptándolo él mismo a posteriori.
Descubrí esta planificación docente para poner a Sarmiento en su contexto histórico dentro del aula
11 de septimbre: la efeméride sarmientina
Volviendo… ¿por qué el 11 de septiembre? La fecha se vincula con el deceso de Sarmiento en 1888, vale aclarar que muere en territorio ajeno a su patria puesto que su último aliento de vida transcurrió en Asunción, Paraguay; la finitud del político, escritor, militar, expresidente y educador ocurrió en un contexto cuasi solitario, acompañado de su hija Ana Faustina Sarmiento, quien también se desempeñó como maestra. Del hecho fatídico acontecido hacia finales del siglo XIX debemos ubicarnos, ahora, en el año 1943, es decir, primera mitad del siglo XX, porque fue en aquel momento cuando la fecha 11 de septiembre comenzó a tener significancia no solo a nivel nacional sino continental.
Durante el lapso comprendido entre el 27 de septiembre y el 4 de octubre de aquel año, se celebró la Primera Conferencia de Ministros y Directores de Educación de las Repúblicas Americanas, la misma tuvo cita en Panamá y, en esta, se homenajeó a la figura de Sarmiento teniendo en cuenta que se cumplía el aniversario número 55 de su fallecimiento; dicha Conferencia destacó que la figura de Sarmiento traspasaba el ámbito de su patria e irradiaba a la América toda por su labor educadora, destacándose que la educación primaria se convertía en la columna vertebral de todo el dispositivo mediante el cual se moldeaban los sentimientos de los educandos y se guiaban sus primeros pasos en la formación y temple del espíritu y en el acceso a la cultura. Fue entonces que Sarmiento se consagró como suerte de modelo americano de educador, sobrepasando el ámbito rioplatense al proyectarse de forma continental.
En Argentina, bajo la gestión del gobierno de facto de Edelmiro Farrell, se tomó la sugerencia esbozada en la Conferencia y, en 1945, mediante el Decreto Nacional N° 21.215, se incorporó por vez primera al calendario oficial el Día del Maestro. La normativa tuvo un largo derrotero en nuestro país, durante la década del ’70 se reguló una ley en torno a los feriados nacionales: en la misma no se incorporó la efeméride del 11 de septiembre como uno de ellos, más bien quedó como un feriado civil del ámbito educativo. El menemato también tuvo su impacto ya que, durante los ’90, mediante las leyes 24.049 y 24.195, las normativas que provincializaron la educación permitieron a cada escuela definir sus propias Resoluciones de Calendario Escolar y, hecho no menor, en 1994 la UNESCO alteró el significado único vinculado al 11 de septiembre puesto que reglamentó al 5 de octubre como Día Mundial de los Docentes. En la actualidad el 11 de septiembre sigue constituyendo una fecha anclada específicamente en la figura de Sarmiento, aunque no reviste carácter de feriado nacional sino de asueto educativo jurisdiccional, aplicado no solo al ámbito primario, sino también al secundario.
Sarmiento hoy
Llegados a este punto es oportuno realizarnos una pregunta que invita a reflexionar no solo la obra educativa sarmientina sino también en torno al contexto actual en el cual se celebrará un nuevo aniversario de su paso a la inmortalidad en nuestro calendario nacional. ¿Qué podemos rescatar de Sarmiento, los educadores, en un presente signado por los embates del neoliberalismo? Propongo, sin agotar todo lo que podría rescatarse, lo que desarrollaré a continuación.
Sarmiento comprendió que la educación no era un hecho aislado de las condiciones materiales de los educandos ni de los educadores, comprendió que educar no es un hecho inocente, menos aún lo era construir un aparato educativo que permitiera el desarrollo sostenido y continuado de la práctica educadora, asumió, también, que el contenido de la educación a impartir tampoco podía ser arbitraria. No está entre los objetivos de este escrito indagar en toda la discusión que puede abrirse en torno al sujeto político-pedagógico al cual apelaba, quiénes quedaban dentro y quiénes fuera de este plan educativo, ni sus ideas en torno a la clasificación binaria de los sujetos (algo que deja claro en Facundo) puesto que para ello abriremos otro espacio dentro de Huellas de la Historia. Resulta necesario expresarlo por si se busca un análisis de ese tipo en la presente columna.
Presenciamos y vivenciamos el continuo ataque, desgaste y desplome de aquel aparato educativo, público, gratuito y de calidad (porque Sarmiento insistía en que la educación debía proveer al desarrollo cultural del educando y servirle de herramienta para el progreso material, lo pensaba, podría decirse, a nivel del desarrollo de fuerzas productivas en la nación) por el cual Sarmiento invirtió ríos de tinta, horas de lectura (puesto que en Estados Unidos leyó la docena de publicaciones de carácter educativo que conformaban la obra “Lectures and Annual Reports”, producto de la labor de Horace Mann) y debates con diversos sectores sociales, entre ellos, con los conservadores católicos.
Va de suyo que impulsó el Primer Congreso Pedagógico de la nación en 1882, sirviendo este de preámbulo para la posterior sanción de la Ley 1.420 de 1884. Hoy, y desde hace décadas, porque los embates que sufre la educación argentina provienen de un proceso de larga duración (que podemos retrotraer hasta la década de los ’50), el gobierno desfinancia la educación en todos sus niveles, se mofa del cumplimiento de leyes (como la Ley de Financiamiento Universitario) y se comporta de forma abierta y directamente cruel, pues la crueldad es la pedagogía que ejerce este gobierno, crueldad que tiene el objetivo de educar subjetividades basadas en la intolerancia, el rechazo por la ciencia y la convocatoria a las pasiones irracionales (reutilizando la estrategia del fascismo), la demonización de los sectores que aún denuncian y resisten a estas políticas que pauperizan y dinamitan aquello que la efeméride del 11 de septiembre busca que sea recordado.
Con todos los debates que realizar al pensamiento sarmientino, no cabe duda de que los efectos del desfinanciamiento educativo actual, agudo y alarmante, ya comienzan a manifestarse… para no ahondar en mayores estadísticas (pero dejo enlace para visitar una breve nota en torno a los resultados PISA 2025) me permito citar la conclusión de una nota publicada en “Argentinos por la Educación”:
“En una mirada integral, en PISA 2025 Argentina obtuvo 367 puntos en Matemática, 389 en Lectura y 393 en Ciencias. Esos resultados ubicaron al país en las posiciones 75, 62 y 71, respectivamente, entre los 91 sistemas educativos participantes. Frente a la edición de 2022, los resultados empeoraron. Al mismo tiempo, el 76% de los estudiantes no alcanzó los aprendizajes mínimos en Matemática, el 59% en Lectura y el 59% en Ciencias”.
En cuanto a matemáticas, resulta ilustrativo el hecho de los grandes porcentajes de estudiantes que no alcanzan el nivel mínimo de compresión:
“La evolución hasta la última edición mostraba un deterioro sostenido en la proporción de alumnos que alcanzaba al menos el nivel 2: había sido 36% en 2006 y 2009, 34% en 2012, 31% en 2018 y 27% en 2022. En 2025 fue de 24%, por lo que se profundizó la caída”.
Los datos son muestra de una degradación educativa sostenida, de un Estado que se retira de estos sectores no solo por la presión de organismos foráneos sino también por su no apuesta al desarrollo de áreas productivas estratégicas, una clase dirigente que no desarrolla nuevos horizontes productivos competitivos es lógicamente una clase social que no financiará la ciencia, la educación, menos aún se preocupará por verdaderos regímenes académicos que potencien el conocimiento en lugar de licuarlos, parcelarlos o desconectarlos del hecho educativo, disfrazando de pedagogía contemplativa aquello que realmente es una pedagogía de la crueldad y de la descomposición del rol de la escuela, de la Universidad, de los polos científicos y de los educadores que damos vida al acto pedagógico día a día.
conclusiones
Sarmiento no dudó a la hora de atacar a sus oponentes, usando no solo las armas, sino también la pluma (repito que la figura de Sarmiento avala múltiples debates que aquí no abordaré, pero que no por ello son ignorados) aceptando las consecuencias que ello podría traer (como el exilio), eso es algo que puedo destacar de un intelectual comprometido, ser consecuente. Como educadores eso es un valor que debemos mantener firme, la lucha contra la intolerancia que se impone en los discursos de la nueva derecha, la lucha contra la degradación educativa de ayer y de hoy y la unión de los docentes para construir una alternativa política-educativa frente al atropello que sufrimos día a día.
David Basano
Bibliografía para pensar a Sarmiento
Puiggrós, A. (2018). Qué pasó en la educación argentina: Breve historia desde la conquista hasta el presente (8.ª ed.). Galerna.
Sarmiento, D. F. (2018). Facundo: Civilización y barbarie. Corregidor.
Sarmiento, D. F. (2011). Educación popular. Editorial Universitaria de Buenos Aires.










































Comentarios