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San Martín, un héroe sudamericano | Huellas de la Historia

La historia de José de San Martín se nos ha contado siempre en clave argentina, sin embargo en el país pasó solamente 10 años de su vida. Se lo comprende mejor si ampliamos el panorama a todo el continente.


San Martín

Con el sol en la cara entré en la plaza San Martín de Lima en Perú. Prácticamente enceguecido por lo blanco de los edificios imponentes, me acerqué a ese monumento del Libertador que se encontraba en el centro del cuadrilátero capitalino. Allí pude tomar una dimensión real de lo que significaba la figura del General. En esta fecha los quiero invitar a un recorrido por la vida del prócer desde Lima, Chile y Argentina con la idea de que entendamos lo que significó su gesta.


Monumento a San Martín en Lima
Monumento a San Martín en Lima

 

¿Por qué hay un monumento a San Martín en Lima?

Lima era la más antigua capital virreinal de Sudamérica. Allí se habían asentado Pizarro y Almagro después de concluir su invasión al imperio Inca y se estableció la ciudad costera como el puerto por excelencia para el monopolio con España. Desde 1535 había sido el bastión de la Corona en el sur. Pero eso se terminó en julio de 1821 cuando José de San Martín llegó con su ejército libertador por tierra y por mar.


En las costas de la aledaña Pisco, cerca de Paracas, San Martín había logrado un desembarco exitoso y sin resistencia en septiembre de 1820. Desde allí comenzó la avanzada sobre la capital librando algunas batallas que le opusieron resistencia. Se conformó una expedición a la sierra comandada por Álvarez de Arenales, Rojas, Lavalle y Brandsen. La campaña fue un éxito, Rojas tomó Nazca que estaba en manos del marqués de Quimper. Arenales se hizo de Ica que había sido abandonada por los realistas y avanzó hasta Jauja y Junín sublevando a los pueblos del valle. Fue en la heroica batalla de Pasco del 6 de diciembre de 1820 que Arenales venció al general realista O’Reilly. Después de asegurar el control de la sierra, el ejército fue a reunirse con San Martín que ya se encontraba nuevamente en Lima.


La estrategia del Libertador después del desembarco en Paracas fue la de dar instrucciones a Arenales para proseguir hacia Lima. Volvió entonces con su flota al mar para empezar el bloqueo al puerto del Callao. El capitán Cochrane, inglés al servicio de la causa libertadora quedó a cargo del control amenazando e inmovilizando la ciudad. La cúpula virreinal, que ya había enviado sus fuerzas a combatir contra Arenales y Rojas, ahora aguantaba con la guarnición local ante cualquier ataque.

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La liberación de Lima

Pero San Martín siguió camino hasta Ancón, al norte de la capital, en donde fue recibido con vítores. Aseguró las ciudades vecinas de Huaura y Punchauca. E intentó avanzar a Aznapuquio en donde se encontraba la guarnición realista para dar el golpe final. Sin embargo, retrocedió hasta el reencuentro con la expedición del Valle y las buenas noticias que venían llegando desde el bloqueo del Callao. Allí se había ejecutado una doble campaña de propaganda panfletaria para volcar al pueblo del lado de los Libertadores y además capturando la fortaleza que se había sublevado a sus mandos realistas para ponerse a disposición del británico. En esas jornadas se logró capturar la fragata “Esmeralda”, principal amenaza de la escuadra realista.


mapa san martín en perú

Pero en el campamento de Aznapuquio comenzaban a pasar cosas. El virrey Pezuela iba a perder su puesto por un virrey de facto de apellido De La Serna.


Contextualizando brevemente, en 1820 se había producido una revolución liberal en España que le impuso a Fernando VII una monarquía parlamentaria bajo la inspiración de Rafael del Riego. Siguiendo esa tendencia liberal, sectores con esa ideología en el Perú lograron deponer al virrey Joaquín de la Pezuela en enero 1821.


De la Serna ocuparía ahora el puesto e intentaría convencer a San Martín de una salida negociada según la constitución de Cádiz de 1812. La respuesta fue por independencia o nada. Así fue que el avance libertador comenzó a acelerarse.


Finalmente, el 6 de julio de 1821 la ciudad cayó en manos de los independentistas y San Martín hizo su entrada triunfal como Libertador del Perú. Se dice que la gente del común se agolpaba en las calles gritando “¡Viva nuestro General!” y que Don José dijo: “¡No! Gritad ‘¡Viva la Independencia!’”. A los pocos días fue nombrado Protector al resistirse a recibir el cargo de gobernador. La campaña del Perú comenzaba a decantar la balanza a favor de los Libertadores. Por su parte la revuelta en Guayaquil y el avance del general simón Bolívar hacia el sur confirmaban el cerco a los realistas.


La reunión de Guayaquil y el exilio

Terminaría el camino de San Martín en Guayaquil, el día 26 de julio de 1822, después de darle la mano al general que venía de la gran Colombia en una reunión histórica en donde renunció a todos sus puestos para volver a su patria natal. Sin embargo, las Provincias Unidas de Sudamérica ya no existían más. La batalla de Cepeda había sumido al país en la anarquía y ya no quedaba ningún lugar en donde pudiera resguardarse de las intrigas locales.


Partió rumbó a Francia, al exilio y al cuidado de su hija a la que no había podido prestar atención en sus años de guerra independentista. 

 

El San Martín político más allá del militar

Leyendo la historia de esta parte de la campaña libertadora me llama la atención como la gestión de los recursos y las vanidades fue siempre la verdadera guerra de San Martín. Si todos los factores se hubieran alineado mucho más rápido, la campaña y el proyecto político de Don José se habrían concretado antes.


El primer obstáculo fue, la reticencia a la entrega de recursos. Después de liberar Chile, en las Provincias Unidas de Sudamérica se vivió un estado de relajación tal que puso el foco en los asuntos Atlánticos. Desde Buenos Aires se buscaba dar por terminada la contienda con España y asentar el poder centralista. Cuando San Martín volvió a la capital después de su victoria en la Batalla de Maipú en 1818. Se intentó hacer un fastuoso homenaje que le harían a cualquier un general triunfante, sin embargo, San Martín buscaba una entrada discreta porque sentía que su misión no estaba terminada. El objetivo de la visita era conseguir un financiamiento de manos de su amigo personal, miembro de la logia y Director Supremo, Juan Martín de Pueyrredón.


La promesa de 500.000 pesos dejó tranquilo al General que volvió a Mendoza para terminar de atender la organización de su expedición al Perú. Pero a los pocos días le hicieron saber que se había podido reunir solo un tercio del monto. Es por eso, que San Martín entró en una desesperanza y cansancio tal que lo llevó a presentar su renuncia.


“Ayer he hecho al Director la renuncia del mando del ejército, del que no me volveré a encargar jamás: yo no quiero ser el juguete de nadie y sobre todo quiero cubrir mi honor”

La renuncia de San Martín y la presión de la logia puso en línea a Pueyrredón quien ahora si prometió el envío del dinero. “Dejémonos ya de renuncias” le escribía el Director. San Martín para asegurar la suma y evitar que el dinero caiga en manos de las montoneras de Santa Fe, imprimió letras a pagar por el tesoro de Buenos Aires a la gobernación de Mendoza.


Otra de las dificultades que tuvo que manejar fue la de los egos y vanidades de sus propios comandantes así como también las intrigas de las elites locales. Liberar Chile le puso en su propio país a un ilustre revolucionario como Monteagudo. Por su parte, la dictadura de O’Higgins en Chile brindó un apoyo tenue después de verse beneficiado de las victorias de San Martín en Bio Bio después de su segundo cruce de los Andes. Con el mar despejado de amenazas, el chileno prefirió gestionar la propia bancarrota del Estado antes que seguir apoyando con tropas y hombres a San Martín.


En el Perú, San Martín también debió enfrentar las tensiones con la escuadra chilena comandada por Thomas Cochrane y, en menor medida, con otros oficiales navales como Manuel Blanco Encalada. Las diferencias sobre el financiamiento de la expedición, la conducción de la guerra y el papel político del Protectorado generaron conflictos que dificultaron la consolidación de su gobierno. Las elites limeñas también jugaron un papel como agentes independientes contra San Martín.


Quizás con Bolívar se vio el entredicho de egos más grande que terminó agotando la paciencia del libertador. Al pedido de tropas para avanzar sobre la resistencia realista, el colombino  quiso poner a disposición solo unas 1070 unidades. Un número escaso que daba a entender una falta de voluntad. Era idea de Bolívar terminar la guerra coronándose como vencedor definitivo y ejercer una influencia política que San Martín no tenía interés de desarrollar.


Todos estos palos en la rueda hicieron que el camino fuera cada vez más accidentado para el Libertador. Cada uno de estos problemas lo alejaban de la proclama que hiciera el 13 de noviembre de 1818 al pueblo peruano. Había prometido entonces que


“Los Estados independientes de Chile y de las Provincias Unidas de Sudamérica me dirigen para entrar en vuestro territorio para defender la causa de la libertad (…) La fuerza de las cosas ha preparado este gran día de vuestra emancipación política y yo no quiero ser sino un instrumento accidental de la justicia y un agente del destino (…)  “La unión de los tres Estados independientes convencerá a la España de su impotencia y las otras potencias le concederán estima y respeto. Al asegurar los primeros pasos de vuestra existencia política, un congreso central compuesto por representantes de los tres estados dará a vuestra organización representativa una nueva finalidad y una constitución para cada una, así como una perpetua alianza y federación”[1].

Conclusiones

El sueño de San Martín de una América unida grande y respetada se difuminaba bajo el humo de la balcanización de nuestras patrias. Las Provincias Unidas desaparecían después de Cepeda, el Chine unido de O’Higgins se perdió ante los regionalismos, Sucre fundó Bolivia separada del Perú, mientras que Bolívar tuvo que lidiar con las elites hasta su muerte cuando se produjo la división en tres países distintos en 1830.


¿Existirá en algún momento un proyecto de integración que supere las fronteras nacionales? Bajo el dominio de las oligarquías burguesas seguramente no, porque cada espacio nacional compite con el otro. Por su lado, la clase obrera, la única beneficiada con la potencialidad de la unidad siguen adormecida en el largo letargo después del siglo de las dictaduras militares y del neoliberalismo.



Pablo Javier Coronel

 




Bibliografía para San Martín

·        Bragoni, Beatriz. San Martín. Una biografía política del Libertador. Buenos Aires: Edhasa, 2019.

·        Pasquali, Patricia. San Martín. La fuerza de la misión y la soledad de la gloria. Buenos Aires: Planeta, 1999.

 


[1] Colección Nacional de Copias, Documentos del Archivo de San Martín, tomo XI, págs. 198-201. Santiago de Chile, 13 de noviembre de 1818

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