Brasil: La última de las Batallas | Elecciones en Brasil 2026 | Huellas de la Historia
Brasil vuelve a estar en el centro de la batalla política de América Latina. En este análisis repasamos la historia del Partido de los Trabajadores (PT), Lula da Silva, Dilma Rousseff y el ascenso de Jair Bolsonaro hasta las elecciones de 2026. ¿Por qué Brasil está tan polarizado? ¿Por qué Brasil puede ser una pieza clave frente a la influencia de Trump y Estados Unidos en América Latina? Una mirada histórica y política a la última gran batalla por el rumbo del continente.

Este domingo 5 de octubre, millones de brasileños y brasileñas concurrirán a las urnas para definir el futuro de su país sin pensar que quizás también se juega el futuro del continente. La situación actual nos lleva a preguntarnos ¿Cómo es posible que un candidato tan rancio como Flávio Bolsonaro tenga chances de incomodar a un presidente como Lula Da Silva? ¿Qué errores cometió la gestión del Partido de los Trabajadores para que sea un panorama tan polarizado? ¿Por qué Brasil es la última trinchera contra la Doctrina Donroe en el continente?
Una Breve Historia del Partido de los Trabajadores (PT)
Para entender la naturaleza política del Partido de los Trabajadores nos tenemos que remontar a las huelgas obreras que comenzaron a extenderse en el Brasil al final de la dictadura. Fueron resultado como consecuencia de la crisis económica de 1978 que llevo a la debacle de la dictadura militar que se encontraba en el poder desde 1964. Se iniciaba entonces un proceso de lucha encabezado por un “nuevo sindicalismo”, que agrupaba a un conjunto de dirigentes que combinaban demandas de tipo económico con reivindicaciones políticas.
Comenzaba a aparecer la necesidad de una mayor participación de los trabajadores de base y la vinculación con otros movimientos de la sociedad civil, rompiendo con las antiguas practicas sindicales. El “Partido dos Trabalhadores” (PT) nace como producto de esta experiencia. El PT se constituyo como un partido popular abierto, democrático y de lucha, que pretendía ser el instrumento político de los más desplazados.
En torno al partido se reúnen una cantidad importante de movimientos de desocupados, campesinos y de los sin tierra. Tal unidad sentara las bases de un colectivo social articulado y de fuerte presencia en torno a la democratización del país. El PT señalaba en su Manifiesto que la salida de la dictadura debía ser un pasaje hacia una sociedad igualitaria, donde no hubiese explotados ni explotadores (Partido dos Trabalhadores; 1980), capaz de revertir las desigualdades que atravesaban al pueblo brasilero desde sus orígenes.
Por otro lado, el fenómeno del “nuevo sindicalismo” derivo en la conformación de la Central Única de los Trabajadores (CUT) hacia el año 1983. La CUT se definió como una central sindical clasista que adhería al socialismo como perspectiva general, defendiendo la autonomía de los trabajadores respecto del Estado e independiente a los gobiernos y partido políticos.
Durante los años noventa, la implementación de las conocidas políticas neoliberales durante las gestiones de Collor de Mello y Fernando Hernique Cardoso, la CUT y el PT sintieron de lleno el golpe. En el interior de la Central Única de Trabajadores se dio un intenso debate acerca de la situación de la clase trabajadora y los rumbos a seguir; en detrimento de sus cuadros más combativos, prevaleció a lo largo del periodo una postra que sostenía la inevitabilidad de las trasformaciones económicas y la necesidad de negociar con las dirigencias político-empresariales con el fin de mantener los niveles de empleo. A su vez, se evidencio un cierto desacople entre las dirigencias y el conjunto mayoritario de los trabajadores.
Una revista para entender el neoliberalismo en Latinoamérica
Con respecto al PT, desde la primera derrota electoral de Lula en 1989 –que se repetirá hasta 2003-, el partido atravesó una serie de trasformaciones con miras a incrementar su representación y alcance en la sociedad brasilera. Ya en el año 1988 el PT accede a las alcaldías de ciudades importantes y posteriormente a las gobernaciones de algunos Estados. Se inicia entonces un proceso en el cual el PT comienza a acoplarse a las estructuras del Estado y a amoldarse a los criterios del sistema capitalista.
La llegada de Lula a la presidencia en 2003 fue a contramano de la tradición de lucha del PT. La estructura económica neoliberal se mantuvo y se exacerbo. La atención de los reclamos de muchos de los sectores que fueron parte de las primeras formaciones del PT, fueron desoídos. Tal es el caso del MST, que hasta el 2006 mantuvo su apoyo al presidente, pero que para su segundo mandato se enfrentara directamente y de manera abierta.
Si bien durante la primera presidencia se produjeron las principales fragmentaciones en el ámbito sindical, así como las mayores críticas al gobierno desde sus espacios más próximos. La reelección de Lula encontró nuevamente un apoyo por parte de un conjunto amplio de los movimientos, dejando entrever la persistencia de afinidades que a pesar de las tensiones todavía eran latentes. Durante el segundo mandato el panorama se rebeló más nítido: mientras que el Estado se oriento a canalizar algunas de las demandas populares consolidando los vínculos de proximidad con algunos movimientos, en otros casos la posibilidad de dialogo se quebró definitivamente.
La asunción de Dilma a comienzo del 2011 no altero en gran parte los realineamientos ocurridos en la década pasada, aunque el proceso mantiene su dinamismo. La fragmentación política de la base de apoyos del PT impulso nuevas alianzas con los partidos de la derecha más recalcitrante como se observa a partir de su reelección en 2014 con Temer como vicepresidente. El golpe de estado no es casual, el fin de las alianzas y de la matriz ideológica que reunió a aquellos militantes sindicales en los ’80 había sido abandonado paulatinamente.
El impeachment a Dilma y el golpe de Temer
En agosto de 2016, el senado de Brasil aprobó el impeachment y la destitución de Dilma Rousseff por “maquillaje fiscal”. Una etiqueta vaga en el contexto del auge de la estrategia de Lawfare en todo el continente. La desestabilización de los gobiernos populares en la región por medio de las causas judiciales se llevó puesto al PT que se encontraba sucio en varios niveles a partir del Caso Odebrecht entre 2007 y 2014.

La asunción de la presidencia por Michel Temer (PMDB) brindó el paraguas político para desatar a la justicia con el juez Moro a la cabeza en la caza de brujas petistas. Lula Da Silva terminaría preso en 2018 por haber aceptado (supuestamente) un lujoso departamento de tres pisos (tríplex) de 297 metros cuadrados en el balneario de Guarujá (San Pablo). Sin embargo la causa de Lava Jato se cayó por inconsistencias en la causa y Lula volvió a la libertad después en 2021.
Con Lula preso, Dilma destituida y un gran descreimiento público, Brasil fue a unas elecciones en 2018 en donde el candidato del PT termino siendo Hadad. Su contrincante fue Jair Bolsonaro del Partido Social Liberal, quien después de una campaña furiosa logró obtener la presidencia.
El gobierno de Jair Bolsonaro
Los problemas económicos y sociales evidenciados durante las gestiones del Partido de los Trabajadores fueron nada comparados con el tremendo retroceso que implico el gobierno de Bolsonaro. En sus 4 años de gestión vimos caídas en todos los indicadores posibles.

Las decisiones económicas tendieron a la privatización de la economía y la salida del Estado de la gestión directa de las políticas públicas. La crisis del COVID-19 fue sin dudas la bomba que dinamitó el comercio internacional afectando también al país.
La gestión de la pandemia fue catastrófica. Con su falta de políticas públicas sanitarias, se redujo el confinamiento, no hubo insumos suficientes para todos y la cifra proporcional en muertos. Brasil se ubicó en el puesto número 21 del ranking mundial en muertes por millón de habitantes, registrando una tasa aproximada de 3.347 fallecidos por cada millón de personas.
Vimos además la crisis de desforestación del Amazonas. Durante sus cuatro años de mandato, se perdieron más de 45.000 kilómetros cuadrados de selva. Durante su participación en la Asamblea General de las Naciones Unidas de 2019, Bolsonaro afirmó de forma rotunda que "la Amazonia es de Brasil" y calificó de "falacia con espíritu colonialista" la idea de que la selva amazónica fuera un patrimonio de la humanidad o el "pulmón del planeta". Su posición era que los países ricos usaban la agenda ambiental para interferir en las decisiones económicas brasileñas.
Por su parte, la política de mano dura llevó a una militarización total de las favelas. Se produjeron violaciones de los derechos humanos en los barrios más vulnerables y se apaño crímenes como los de Marielle Franco (2018). Se impulsaron proyectos de impunidad a policías y se crearon milicias paramilitares para combatir contra el crimen organizado en las favelas.
Podríamos seguir enumerando lo que significó el bolsonarismo para las diversidades sexuales, los grupos racializados y las mujeres. Pero nos detendremos en la causa que llevó finalmente a Bolsonaro a prisión: la toma del Planalto en 2023.
Después de perder las elecciones con Lula Da Silva, Bolsonaro instó a sus seguidores a tomar el Palacio de gobierno, el Congreso y la Corte Suprema. El objetivo era dar un golpe de Estado e impedir la asunción de Lula. Además, las investigaciones judiciales encontraron evidencia de la existencia del plan “Puñal Verde y Amarillo” para matar al electo presidente del PT, junto a su vicepresidente y al juez de la corte suprema Alexandre de Moraes.
Producto de todo esto, Bolsonaro recibió una condena de 27 años de prisión. Por lo cual su participación política quedaba descartada a futuro. Fueron sus hijos los encargados de continuar su legado desde el Partido Liberal.
El gobierno de Lula y las elecciones en Brasil 2026
Luis Ignacio da Silva inició su nuevo mandato en 2023 con el camino despejado de opositores que amenacen la hegemonía del PT. Sin embargo, en el propio transcurso de su gestión varios factores fueron desgastando su gobierno.

Podemos enumerar una serie de factores a tener en cuenta:
- La presión de Trump y el alza de los aranceles
- La dificultad en una redistribución de la renta más abarcativa
- La reorganización del Partido Liberal en torno a Flávio Bolsonaro
- La natural oposición anti-PT
- La desilusión de cierto sector social petista que esperaba más de su gestión
Los factores enumerados brevemente nos pueden dar un panorama multicausal y macro pero podría profundizarse en los casos particulares de cada estado. Pero la crítica más extendida sobre Lula tiene que ver con su continuidad en el poder y su consagración como un hombre de Estado alejado de las masas.
Por ese motivo, su campaña electoral ha buscado volver a abrazar a Lula con el pueblo. Mostrando a un presidente cercano, palpable, con un pasado obrero de hace 40 años atrás. Mostrar un Lula de la gente por sobre el hombre de gestión de saco y corbata.
Las críticas por izquierda que podríamos hacer son muchas y muy variadas. Sin embargo, ante la polarización evidente desde lo electoral, en estas elecciones en Brasil 2026, la alternativa de Lula para buscar un desarrollo nacional se transforma en la única posible. Bolsonaro, adepto de Trump, representa la avanzada final de la Doctrina Donroe sobre el continente. Lula da Silva se coloca como la última barrera de un capitalismo con rostro humano frente a la barbarie liberal que vivimos en la Argentina neo-colonial de Milei.
Pablo Javier Coronel
Bibliografía sobre Brasil
- Coggiola, Osvaldo. Rojo amanecer. La lucha de clases en América Latina hoy. Buenos Aires: Ediciones RyR, 2007.
– Lucas Benielli; “Los años de Lula: trabajadores y movimientos sociales en la historia reciente de Brasil” en Alejandro Schneider (comp.) América Latina hoy…; Ediciones Imago Mundi, Bs As 2014.










































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