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La Masacre de Tlatelolco

[El siguiente artículo forma parte del libro 1968 de Pablo Javier Coronel]

Corre el día 2 de Octubre de 1968. Los estudiantes mexicanos nucleados en el Consejo Nacional de Huelga acuden a la Plaza de las Tres Culturas en el barrio de Tlatelolco para manifestarse pacíficamente en contra del gobierno del presidente Díaz Ordaz. La jornada le protesta transcurre al son de los acalorados discursos de los oradores pero sin desmanes. En su mayoría sentados en el piso o de pie, los estudiantes de la UNAM simplemente pretenden hacerse ver.

El perímetro comienza a ser rodeado por ejército. Mientras los manifestantes se expresan, van cortando las calles laterales coordinados por la vista aérea de un helicóptero militar. Al sobrevolar la plaza, lanza dos bengalas de color verde sobre la multitud atónita que no comprende lo que sucede. Desde dentro de la manifestación se inicia con los disparos. Son ejecutados por infiltrados que se identifican entre sí por el uso de un guante blanco. Comienza la chispa que desata la masacre.


Los estudiantes corren desesperados a refugiarse en los edificios laterales, mientras que otros intentas escapar topándose con las fuerzas militares que comienzan a ejecutar el cerrojo sobre la plaza. La escena ya comienza a llenarse de cuerpos sin vida entre las pancartas universitarias.


Diez días antes de la apertura de los JJOO de México 68, los estudiantes se manifestaban en contra de la intervención militar en las universidades, violando así la autonomía de las instituciones de altos estudios. Además, se conjugaba la crítica a un gobierno que había gastado millones en acondicionar la ciudad para las comitivas extranjeras, mientras la desocupación comenzaba a hacer estragos en la población obrera.


En un telegrama enviado a las embajadas del mundo, el gobierno mexicano expresa que:


“Los acontecimientos del dos de octubre exclusivamente en el área de Tlatelolco fueron provocados por francotiradores apostados en azoteas de los edificios circundantes (que) abrieron fuego contra tropas del ejército. La situación fue controlada y los instigadores detenidos y sujetos a proceso judicial, toda la ciudad encuéntrase tranquila. El comité olímpico internacional cuyos miembros encuéntranse esta y en consecuencia tienen pleno conocimiento situación han declarado no, repito no, existe motivo alguno para pensar en la alteración alguna programada para la olimpiada. Sabemos que jefes de delegaciones deportivas ya encuéntranse aquí están informando a miembros de sus propias delegaciones que no han llegado que no, repito no, hay razón alguna para que aplacen o suspendan viaje”.[1]


Como se ve, el gobierno intenta en todo momento tergiversar los hechos y calmar las aguas de los que será la organización de los Juegos Olímpicos de 1968. En ningún momento se habla de victimas y muertes.


El saldo definitivo se cuenta entre 300 a 400 víctimas fatales, mientras que son detenidos unos 5000 estudiantes. El gobierno de Díaz Ordaz finalmente reconoce unas 27 muertes. México tiene su 1968.


Pablo Javier Coronel


Bibliografía y citas

[1] Copia del telegrama enviado desde la cancillería a las embajadas de México en el mundo firmada por Gabino Fraga Magaña

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