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Aquellos hombres pobres

Hoy vamos a ver que hay otro lado de la sociedad europea, uno mucho más oscuro pero interesante que los hombres de la ilustración (ver artículo anterior) que se juntaban a cambiar el mundo desde su pensamiento. Estamos hablando de las clases medias y bajas de la sociedad europea.



Para empezar, hay que entender en dónde y cuando estamos parados. El siglo XVIII es importantísimo porque nos encontramos en uno de los auges económicos más grandes de la historia europea. La llamada “crisis del siglo XVII” quedó atrás pero con ella aparecía un nuevo mundo económico y empezaba a nacer el capitalismo. Estos cambios sociales generaban sobre todo mucho movimiento: Los centro económicos de Europa cambiaban del sur hacia el norte, los campesinos se mudaban a la ciudad en busca de nuevas oportunidades, las clases sociales cambiaban de posición y nuevos sectores, como los obreros masificados, aparecían en escena. Como siempre en la historia humana los cambios de lugar generan nuevas relaciones sociales, y estas nuevas relaciones siempre dejan pensamientos nuevos.


Es así como las clases sociales bajas y medias influyeron mucho más a las altas y viceversa, a su vez el pensamiento campesino irrumpió en la ciudad. Una muestra de esto último nos aparece en los famosos cuentos de Charles Perrault: “ Les Contes de ma Mère l'Oye ” (los cuentos de Mamá Oca). En ellos, Perrault recopila los cuentos que su niñera -de origen campesino- había contado por generaciones. Estos se usaban para divertir a las clases altas parisinas, y por momentos para entretener a los niños. Pero tenían un objetivo muy diferente para esta campesina que los había escuchado y contado por generaciones para advertir los peligros de la vida rural, sin moralejas complejas o finales felices. El simple hecho de escribir estas historias nos muestra un traspaso de pensamientos del campo a la ciudad y de las clases bajas a las altas.


Claro que esto no empieza ni termina con los cuentos de Mamá Oca. Los hombres de las clases medias aportaban mucho conocimiento y experiencias a la cultura de la época de a ilustración. A veces podía ser a propósito, como en los múltiples casos de autobiografías de artesanos. Ellos buscaban por medio de un género literario escribir sus experiencias para enseñar el oficio a futuras generaciones. Pero, casi sin querer, esas experiencias podrían volverse verdaderos éxitos comerciales y terminar siendo leídas por toda Europa.


Claro que no todo es color de rosa en este panorama. Lo más interesante para ver en la historia son los conflictos. Y las clases populares y medias aportaron mucho a esto. En una de estas autobiografías, por ejemplo, se describe un conflicto local muy perturbador: “la gran matanza de gatos en la calle Saint–Severin”. Con esta singular acción (que solo con el nombre se describe), se resume los conflictos entre los obreros con su origen cultural campesino (donde los gatos y sus asesinatos son parte de varios rituales) y los crecientes capitalistas que no sospecharon que con esta cruel matanza se los estaba burlando (la gata de la esposa del burgués, había sido una de las principales víctimas). Esto no quedaba en disputas barriales; en Francia, por ejemplo, las críticas al régimen de Luis XV no solo venian de los grandes filósofos ilustrados: recorrían toda clase de cánticos y cuentos populares que se transmitían por todas las calles de París. Estos cantos -que ahora son recuperados por manuscritos muy precarios de sus supuestos compositores (aunque casi nunca son originales)- criticaban a este monarca por sus excesos libertinos y por sus “cuernos” frente a la reina. Lo mismo pasaba con fábulas y cuentos populares que parecían hablar de países lejanos pero obviamente criticaban a Luis.


Esto se repetía en todo tipo de publicaciones y escritos populares, pero con la censura en su mejor momento, tenían que ser escondidos de alguna forma. La respuesta más útil fue la pornografía que no solo era entretenimiento, si no que nos mostraba un sin fin de críticas tanto sociales como políticas a toda Francia.


Saliendo de Francia, tenemos a William Hogarth, famoso artista inglés que no dudó en criticar en sus grabados humorísticos a casi toda la alta sociedad inglesa. Estos grabados eran consumidos por clases altas como bajas que seguramente se veían identificados con las críticas que muchas veces dejaban bien parado al campesino o al pobre urbano.


¿Los ideales de igualdad, libertad y las críticas al Rey habían salido sólo de las cabezas de los hombres ilustrados? Claramente no, las clases populares influenciaron mucho en un mundo europeo que dejaba su pasado atrás para un futuro mucho más movido.


Federico Angelomé

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