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Notas sobre Microhistoria

La microhistoria y la obra “La herencia inmaterial” de Giovanni Levi serán el objeto de estudio y análisis del siguiente trabajo. En un primer acercamiento al tema, surgen varias preguntas de carácter general como por ejemplo. ¿Qué es la microhistoria? ¿En que contexto mundial surge? ¿En qué contexto de la tradición historiográfica surge? ¿Cuáles son sus autores más destacados?

Para responder el primer interrogante resulta de vital importancia tomar las palabras de Giovanni Levi quien afirma que “[…] La microhistoria es por esencia una práctica historiográfica, mientras que sus referencias teóricas son múltiples y, en cierto sentido, eclécticas. El método, de hecho, se interesa ante todo y sobre todo por los procedimientos concretos y detallados […]” (Levi 1996, 119). Agregando a esta definición podemos citar al mismo autor quién en una entrevista asegura que “[…] Si queremos dar una definición de microhistoria diremos que es una reducción de escala de análisis usando el microscopio […]” (Manuscrits, 1993, 17).


Hay que detenerse en esta última idea de Levi ya que puede traer confusiones y un mal entendimiento de la microhistoria y su método de estudio. Cuando el autor hace referencia a una reducción de escala de análisis no se refiere a la realización de preguntas muy concretas y específicas que serán respondidas con el estudio de casos concretos, sino todo lo contrario. La microhistoria parte de preguntas e hipótesis generales (como se verá más adelante en el análisis de la fuente escogida) que serán respondidas o verificadas estudiando un caso concreto.


Para finalizar con esta breve descripción de la microhistoria no hay que dejar de destacar que su objeto de estudio principal son las llamadas clases subalternas [1] que habían sido olvidadas por la historia, hasta la llegada de los Annals y la historia social y económica. Sin embargo, no hay que olvidar que ciertas interpretaciones de la historia social (sobre todo la historia cuantitativa y la historia serial) utilizan modelos muy simples y esquemáticos que no expresan la complejidad de la realidad humana. En cambio la microhistoria tendrá como uno de sus objetivos principales, en efecto, expresar lo más cabalmente posible la complejidad de ésta realidad, y como las acciones de los individuos pueden escaparse de los moldes teóricos impuestos desde la ciencia histórica. Sobre esto Carlo Ginzburg decía lo siguiente:


“Antes era válido acusar a quienes historiaban el pasado, de consignar únicamente las «gestas de los reyes». Hoy día ya no lo es, pues cada vez se investiga más sobre los que ellos callaron, expurgaron o simplemente ignoraron. « ¿Quién construyó Tebas de las siete puertas? » pregunta el lector obrero de Brecht. Las fuentes nada nos dicen de aquellos albañiles anónimos, pero la pregunta conserva toda su carga”. (Ginzburg 1981, 3)


Esta práctica historiográfica, como la llama Levi, surge entre las décadas de 1970 y 1980 en un contexto de crisis tanto a nivel mundial, como a nivel historiográfico. A nivel mundial se observa un serio retroceso de la idea predominante hasta ese momento la cual consistía en la creencia de que el mundo se transformaría con gran velocidad tomando rumbos revolucionarios (Levi 1996, 120). Esta mirada pesimista sobre el progreso, también afectaba a la ciencia histórica, ya que tanto la historia económica cuantitativa de la New Economic History, como el marxismo, se basaban en esta idea de avance continuo (Georg Iggers 1995, 61).


Además de esta dificultad que atravesaba la historia para comprender el mundo actual y sus cambios, se suma una crítica que será conocida como “el giro lingüístico”, la cual consideraba que la historia no era una disciplina que haga referencia a la realidad. Para los autores que respaldaban esta crítica (como por ejemplo Hayden White[2] y Roland Barthes) la historia no se podía diferenciar de la ficción ni de la poesía, ya que la práctica histórica era en sí misma ficción y poesía. Según explica Iggers esta visión se fundamentaba en que “Si bien el trabajo filológico sobre las fuentes puede establecer los hechos, toda concatenación de los mismos para obtener una visión global y coherente es determinada por apreciaciones estéticas y morales, no científicas” (Iggers 1995, 96). Es decir que para estos autores, la acción de recorte y creación (o de relleno, ya que en las fuentes utilizadas existen vacíos que el autor debe “rellenar” con palabras e ideas propias) que realiza un historiador al escribir un texto, le quita toda validez científica a la producción final.


Esta visión de la historia es fuertemente criticada por dos de los autores más importantes de la microhistoria como son Giovanni Levi y Carlo Ginzburg (ambos italianos y considerados los padres fundadores de la microhistoria). Ginzburg centra su crítica a los que consideran a la ciencia histórica como “narrativa” en forma negativa. Su fundamento se centra en que el historiador reconoce los vacíos de las fuentes, pero que estos vacíos no los completa con literatura o poesía, sino que el historiador se hace cargo de estas lagunas documentales y las dudas, incertidumbres e hipótesis que surgen debido a estos “silencios” de las fuentes son incorporadas al texto. (Ginzburg 1994, 30).


Por otro lado, Giovanni Levi, hace referencia a este tema en su libro “La herencia inmaterial” publicado por primera vez en 1985, reconociendo que a pesar de tener una documentación muy robusta sobre lo que ocurrió en Santena en el siglo XVII en lo respectivo a sus ciudadanos (unas 32.000 referencias nominativas según el propio Levi), ésta tenía una marcada parcialidad que se debía principalmente a cuestiones sociales. Las mujeres, niños y pobres están paupérrimamente representados en las fuentes, con lo cual, la existencia de vacíos y silencios se hace explícita en el trabajo mismo, desechando toda especulación sobre el accionar del historiador en cuanto al rigor científico de lo volcado al texto. Levi ilustra estos límites de la siguiente manera: “[…] Todo trabajo de búsqueda sobre la realidad de una población pequeña y anónima debe, por otro lado, renunciar a la esperanza de la totalidad y no puede seguir a los propios actores más allá de las acumulaciones más amplias y probables de documentos […]” (Levi 1990, 47)


En estas ideas de Ginzburg y Levi se puede observar que para los historiadores de la microhistoria, la objetividad total no existe, y que el historiador debe dejar su marca en el texto. Éste debe expresar las dificultades que existen para relatar los hechos como realmente sucedieron, debido a las lagunas documentales (sobre todo en el estudio de las clases subalternas, cuya cultura, era de transmisión oral en su gran mayoría). Pero una vez más debemos resaltar que estos vacíos no son rellenados con literatura, sino que quedan así, vacíos, demostrando las limitaciones que tiene el historiador para llevar a cabo su tarea científica.


Una vez resueltas las cuestiones generales que se plantearon al comienzo del trabajo, se profundizará en el análisis tomando como fuente principal una obra que se enmarca dentro de la práctica de la microhistoria. El texto elegido es el ya mencionado “La herencia inmaterial” de Giovanni Levi. Algunos de los interrogantes que serán intentados responder son: ¿De qué trata el texto? ¿Qué hipótesis se plantea? ¿Qué fuentes utiliza el autor para comprobar estas hipótesis? ¿El autor se apoya en otras disciplinas para realizar su estudio?

Pero antes de intentar resolver estas interrogaciones se realizará una breve biografía del autor de la obra.


Giovanni Levi es un historiador italiano. Nació en 1928 en Milán. En su juventud fue militante marxista, lo cual cobra importancia al ver la influencia de autores como Thompson (el mismo Levi remarca en su obra que se utilizaran modelos teóricos realizados por el historiador británico) en su obra. Sin embargo, esto no significa que Levi no discuta con ciertos historiadores de la tradición de la historia social y económica. Sobre todo discute con la historia serial y con la historia cuantitativa (como ya se ha marcado anteriormente). El siguiente fragmento prueba esta discusión que el historiador italiano mantiene con sus colegas:


“Pero también es cierto que entre los historiadores hay una tendencia casi instintiva a buscar la verificación de sus teorías en datos cuantitativos, en tipologías, en modelos formales simplificados, que comparan situaciones lejanas a través de semejanzas o diferencias, cuyas causas siguen siendo huidizas. La vida cotidiana del pasado, los comportamientos individuales en las masas pobres o en los márgenes de la sociedad institucionalizada, han dejado huellas que no siguen un camino recto […]. (Levi 1990, 54)

Por lo tanto, se puede afirmar que la microhistoria no busca encontrar leyes generales que puedan utilizarse en uno u otro caso indistintamente como en su momento pretendía el positivismo, sino que cada caso puntual debe estudiarse en su especificidad, buscando relaciones con hipótesis e interrogantes más generales.


En “La Herencia Inmaterial”, Giovanni Levi relata la historia de Giovan Battista Chiesa, un sacerdote exorcista que vive en el pueblo de Santena, una localidad de Turín, provincia italiana. Luego en otros capítulos del mismo libro realiza un estudio de las estrategias de conductas familiares y de la actitud que éstas tienen sobre la tierra y su compra-venta.



LA HERENCIA INMATERIAL - GIOVANNI LEVI


Se trata de un análisis de las relaciones personales y económicas del campesinado en el Antiguo Régimen, en un pequeño poblado italiano llamado Santena. Las redes familiares y clientelares se conformarán alrededor del exorcista piamontés de nombre Giovan Battista Chiesa. Para la reconstrucción de la vida pública y privada de este pueblo durante los siglos XVII y XVIII, el historiador Levi tuvo que echar mano de los archivos notariales, parroquiales y administrativos de la región, reconstruyendo los núcleos sociales y lazos sanguíneos. Su libro, además, ha abierto la posibilidad de conservar un fragmento de la vida campesina y de cómo se daban los cambios económicos de propiedades en el piamonte italiano.






Como se explicó en anteriormente en este trabajo, una de las características de la microhistoria es partir de hipótesis generales, para ser comprobadas o refutadas mediante en el estudio de casos concretos. Además, se dijo que estás hipótesis por lo general eran expuestas explícitamente por los autores en sus trabajos. Ambas afirmaciones se pueden sostener con el siguiente fragmento:


“La hipótesis de la que he partido es, por tanto, el supuesto de una racionalidad específica del mundo campesino, pero no en los términos genéricos de una realidad cultural desconocedora de la sociedad compleja destinada a ahogarla progresivamente. Esta racionalidad puede describirse con más precisión si se considera que estaba expresada no sólo en la resistencia a la nueva sociedad que cobraba fuerza, sino que estaba dirigida activamente a una transformación y utilización del mundo social y natural; en este sentido he usado la palabra estrategia” (Levi 1990, 12)


Revista de Historia - Huellas de la Historia

La hipótesis general es que los individuos eran conscientes de la realidad que los rodeaba y que actuaban en consecuencia, corriendo algunos límites establecidos en la sociedad y trata de comprobarla con el caso concreto de Giovan Battista Chiesa. Como el mismo Levi dice “La historia de Chiesa ha sido el objeto, pero también el pretexto, de una reconstrucción del ambiente social y cultural del pueblo: ha tomado connotaciones que remiten al funcionamiento concreto, en una realidad específica, de leyes generales que permiten identificar constantes y establecer relaciones […]” (Levi 1990, 13)


Esta hipótesis parece comprobarse en uno de las fuentes utilizadas por Levi en la cual se relata como Chiesa, a pesar de contar con una prohibición para realizar sus exorcismos, el día 17 de Julio de 1697 continúa con su práctica desoyendo a las autoridades, demostrando una realidad compleja y móvil, que no puede reducirse a un conjunto de leyes o prohibiciones. (Levi 1990, 19)


Las fuentes que Levi utiliza para reconstruir esta historia y comprobar sus hipótesis son documentos que detallan datos cotidianos como pueden ser registros parroquiales, actas notariales, datos del catastro, documentos administrativos, y el cuaderno del propio Chiesa, donde recoge los datos de sus pacientes.


Al igual que sucedía desde los Annals la ciencia histórica practicada por los microhistoriadores se apoya en otras disciplinas (en carácter interdisciplinario, no subordinando estas disciplinas bajo la guía de la historia, como se pretendió en un momento previo), utilizando conceptos y modelos provenientes de éstas. En el caso analizado en este trabajo, el concepto de “descripción densa[3]” utilizado por la antropología. La descripción densa sirve para tener un registro escrito de sucesos que cobran importancia al estudiarse dentro de un contexto determinado, pero que sueltos resultarían inútiles. Esto resulta útil, ya que del estudio de hechos pequeños y al parecer carentes de importancia, al insertarlos dentro de un conjunto bien articulado pueden servir para llegar a conclusiones más generales y útiles. (Levi 1996, 126)

Pablo Mangini


Bibliografía:


  • Ginzburg, Carlo, “El queso y los gusanos”, Francisco Martín (Trad.), Barcelona, Muchnik, 1981.

  • Ginzburg, Carlo, “Microhistoria: dos o tres cosas que sé sobre ella”, en Revista Manuscrits, No. 12, Págs. 13-42, 1994.

  • Iggers, Georg, “La ciencia histórica desde el historicismo clásico hasta la historia como ciencia social analítica” en Id, La ciencia histórica en el siglo XX, Barcelona, Labor, 1995.

  • Levi, Giovanni, “La herencia inmaterial”, Javier Gomez Rea (Trad.), Madrid, Nerea, 1990.

  • Levi, Giovanni, “Sobre microhistoria”, en P.Burke, Formas de hacer historia, Madrid, Alianza, 1996.

  • Revista Manuscrits. (1993, enero). Antropología y microhistoria: Conversación con Giovanni Levi. Manuscrits , No. 11, Págs. 15-28.



Citas:


[1] El concepto de “clase” al que se hace referencia es al utilizado por E. P. Thompson, según el cual una clase estaba definida por los hombres que vivían su propia historia, y que al fin y al cabo ésta era la única definición posible. Esta definición de clase será la que utilizará tanto Giovanni Levi como Carlo Ginzburg en sus estudios. Es importante esta aclaración ya que para estos dos autores las “clases” o la sociedad en si misma no podían estudiarse como objetos estáticos y definidos con rigurosidad, sino que los individuos que las forman tienen sus propios pensamientos (de ahí la importancia del estudio de los individuos característica de la microhistoria) y pueden actuar de formas no esperadas, o trasgredir las leyes y los límites impuestos.


[2] Filósofo e historiador norteamericano que puede ubicarse dentro de la corriente posmoderna. Esta visión sobre la historia la expresa y detalla en su obra “Metahistoria: La imaginación histórica en el siglo XIX” publicada en el año 1978.


[3] Este concepto es introducido por Clifford Geertz, antropólogo estadounidense en su libro “La interpretación de las culturas” de 1973.

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