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Marc Bloch, un rey taumaturgo


“Consideré que podría hacerse historia con lo que hasta entonces no era más que anécdota.” Marc Bloch, 1924[1]


El fenómeno de Annales es difícilmente asible en tanto un movimiento intelectual unívoco, especialmente teniendo en cuenta su duración y gran influencia[2]. Con fecha de nacimiento en 1929, a partir de la publicación del primer número de la revista Annales d'histoire économique et sociale, es más bien una praxis y una sensibilidad histórica que escapa las abstracciones y las definiciones teóricas, por ese mismo motivo engloba a un sujeto colectivo y un marco teórico más bien amplio y heterogéneo[3]. Sin embargo, es posible rastrear sus raíces en obras anteriores de sus fundadores: Lucien Febvre y Marc Bloch, ambos principales referentes de la primera generación de Annales. Tal es el caso de Los reyes taumaturgos de Marc Bloch, publicado en 1924. El objetivo de este trabajo es analizar esta obra para evidenciar en ella los planteos generales de esta corriente historiográfica. Para este fin serán analizados transversalmente los siguientes elementos: la identificación del problema (hipótesis y objetivos); el aparato erudito; el marco metodológico y conceptual; las fuentes utilizadas; la concepción de la historia como disciplina/ciencia sostenida; las discusiones y/o diálogos con otros autores u otras tradiciones historiográficas; la importancia de la interdisciplinariedad y el oficio del historiador.


La historia-problema: hacer historia con lo que hasta entonces no era más que anécdota

Ya en la introducción de Los reyes taumaturgos, Bloch advierte que su libro marca una ruptura al proponer una nueva manera de hacer historia. Su intención es retomar el rito de curación de las escrófulas de los reyes franceses e ingleses, en tanto manifestaciones de las representaciones y creencias colectivas, y así reflexionar sobre funcionamiento de esas monarquías durante casi siete siglos[4]. Así, analiza en el marco de una historia-problema, no meramente describe, las tendencias generales de las mentalidades colectivas, que legitiman a esas mismas monarquías y expresan cierta concepción del poder político[5]. Y con ese fin plantea que hay un problema histórico sobre el cual reflexionar allí donde antes se consideraba que había tan sólo un rito anecdótico basado en la supervivencia de elementos primitivos e irracionales, si bien “…estas grandes ideas comunes a toda la humanidad, o poco menos, recibieron evidentemente aplicaciones diferentes según los lugares y las circunstancias”[6]. Esto implica que la problemática a trabajar es un hecho histórico es total, global[7], pero se expresa de manera diferente en distintas coyunturas.

El hecho social global: la realidad histórica es menos simple y más rica[8]


La concepción del hecho social global desemboca en un planteo totalizador que complejiza al pasado. Este elemento aparece en Bloch y atraviesa el marco conceptual de toda la corriente de Annales. Pero, ¿qué implica puntualmente? ¿Por qué permite pensar en una realidad histórica más compleja y rica?


Por un lado, evidencia un diálogo dentro de la misma disciplina histórica, tanto con el historicismo clásico rankeano como con la escuela metódica[9]. En primer lugar, discute con una historia política centrada en el Estado, sus instituciones y los grandes hombres: resulta insuficiente para comprender los procesos históricos que los Annales considera a partir de un enfoque holístico que trabaja con sujetos antes ignorados y la búsqueda de nuevas relaciones[10]. El hecho histórico social es global porque sólo existe la historia en su unidad, que es la de la vida[11]. En paralelo, propone una forma de hacer historia que no es sólo una descripción, un racconto de una serie de acontecimientos ordenados cronológicamente. Al contrario, los Annales se interesan por la reflexión alrededor de los procesos históricos en el marco de tiempos de duración larga y no necesariamente lineal, que incluye múltiples temporalidades y discontinuidades[12]. Aquí, estudiar los hechos aisladamente carece de significado y condenan el análisis histórico[13]. Asimismo, la apertura del objeto de estudio y la incorporación de nuevos sujetos desemboca en una mayor amplitud de fuentes a analizar.


Por otro lado, la noción de hecho social global aboga por la interdisciplinariedad y se opone a una excesiva fragmentación y especialización de las ciencias del hombre[14]. Es una defensa al trabajo colectivo y a la incorporación de fuentes y saberes provenientes de otras disciplinas como la sociología, la psicología, la antropología e, incluso, la medicina[15], por supuesto con la historia en el centro, lo que prioriza lo singular frente a lo general[16]. Esto permite tanto enriquecer la búsqueda de una “explicación total”[17], como llenar con cierta verosimilitud y legitimidad los vacíos en aquellos lugares en los que las fuentes escasean[18], con recaudos para evitar las esquematizaciones y abstracciones excesivas.

La historia yel oficio del historiador: muy lejos de pretender haber sido completo[19]


Ahora bien, a partir de todo lo expuesto más arriba, es interesante la pregunta sobre la postura de Annales frente a la concepción de la historia como disciplina y al oficio del historiador, y cómo se evidencia en la obra seleccionada. La cientificidad de la historia no se halla en duda: se encuentra al mismo nivel que cualquier disciplina de las ciencias exactas, como la biología, si bien su conocimiento está mediado por los documentos, por más diversos que sean[20]. Y más allá de las críticas a las corrientes que la anteceden, Annales no pone en cuestión su marco metodológico, es decir: la lógica de la crítica documental. En Los reyes taumaturgos, Bloch dedica tres carillas a explicitar con claridad sus fuentes en la introducción y a lo largo del texto aparece un completo aparato erudito. Incluso critica la falta de índices “indispensables” que dificultó su investigación al trabajar con una gran diversidad y dispersión de las fuentes: desde las tradicionales en el marco de la historia política como las cuentas reales, hasta material iconográfico, literatura, estudios de otras disciplinas y elementos de la vida cotidiana popular como un juego de cartas[21].


Otra característica interesante de la concepción de la historia de Annales es que el campo de trabajo es inagotable: el conocimiento histórico es incompleto, motivo por el cual se halla en permanente construcción. Esto se relaciona directamente con el rol del historiador y la falta de pretensión de objetividad, lo que no pone en juego la cientificidad de la disciplina. En el historicismo clásico, la tarea del historiador es exponer objetivamente los hechos wie es eingentlich gewesen[22] y, entonces, la ausencia de fuentes implicaría la pérdida de una parte del pasado[23]. Con Annales, el pasado deja de estar garantizado[24]: no tiene una lógica y una dinámica por sí misma que el historiador debe revelar a partir de la crítica de los documentos. En cambio, son las preguntas de los historiadores las que articulan y estructuran el relato, como sucede a lo largo de Los reyes taumaturgos. Esto implica un campo inagotable, debido a que cada historiador hace nuevas preguntas: la historia y hechos sociales están siempre en movimiento y transformación[25]. Esto deriva en un corpus documental no sólo más amplio, sino inagotable, en contraste con el stock fijo de fuentes de la escuela metódica.


Así, Annales pone el foco en el trabajo activo de los historiadores[26], son sujetos situados en su presente[27], que toman decisiones y que enfrentan problemas a lo largo de la investigación. Así, es más difícil pensar en una historia sin preguntas e hipótesis que en una historia sin fuentes: los vacíos se pueden llenar provisoriamente a partir del trabajo colectivo interdisciplinario y de las preguntas e hipótesis de los historiadores, sujetos que se arriesgan a reflexionar.


En el caso de Los reyes taumaturgos, Bloch utiliza la primera persona del singular y del plural para explicitar su proceder, incluso aclarando las dificultades en la investigación, la falta de ciertas fuentes y sus reflexiones para llenar esos vacíos[28]. De hecho, aclara que está “muy lejos de pretender haber sido completo”[29] y alienta a otros investigadores a continuar con su trabajo, lo que permite vislumbrar su concepción sobre una historia en permanente construcción y movimiento.


A modo de conclusión


Los reyes taumaturgos de Marc Bloch, a pesar de ser una obra publicada cinco años antes que el primer número de la revista Annales d'histoire économique et sociale, constituye un claro ejemplo que evidencia la praxis y sensibilidad histórica que propone la corriente histórica cuya primera generación fue liderada por Lucien Febvre y Marc Bloch mismo. Annales plantea una continuidad con respecto a sus antecesoras y su lógica de la crítica documental, pero a su vez genera una importante ruptura con respecto al rol del historiador en el marco de la investigación histórica. El oficio de los historiadores ya no consiste meramente en describir un conjunto ordenado de acontecimientos, sino en analizar y reflexionar sobre el pasado. Al dejar de dar por sentado el pasado y poner al sujeto que pregunta e investiga en el centro, la historia pasa a concebirse como un campo inagotable de problemáticas históricos, permeado por la subjetividad de los historiadores y en permanente construcción.

Carolina Herz

Fuentes

M. Bloch, Los reyes taumaturgos, México, FCE, 1988, (selección).

L.Von Ranke, Pueblos y estados en la Europa moderna, México, FCE, 1949 (Selección)

Bibliografía general

J. Revel, “Historia y Ciencias Sociales: Los paradigmas de Annales”, en J. Revel, Un momento historiográfico. Trece ensayos de historia social, Bs.As., Manantial, 2005.

G.Noiriel: Sobre la crisis de la historia, Madrid, Frónesis/Cátedra, 1997; capítulo 2, “La formación de una disciplina científica”.

Bourdé, G. y Martin, H., Las escuelas históricas, Madrid, Akal, 1992, cap.8.

Citas

[1] M. Bloch, Los reyes taumaturgos, México, FCE, 1988, p.26

[2] J. Revel, “Historia y Ciencias Sociales: Los paradigmas de Annales”, en J. Revel, Un momento historiográfico. Trece ensayos de historia social, Bs.As., Manantial, 2005, p.19

[3] J. Revel, “Historia y Ciencias Sociales: Los paradigmas de Annales”, en J. Revel, Un momento historiográfico. Trece ensayos de historia social, Bs.As., Manantial, 2005, p.21

[4]M. Bloch, Los reyes taumaturgos, México, FCE, 1988, p. 29.

[5] M. Bloch, Los reyes taumaturgos, México, FCE, 1988, p.26, 27, 57

[6] M. Bloch, Los reyes taumaturgos, México, FCE, 1988, p.59

[7] M. Bloch, Los reyes taumaturgos, México, FCE, 1988, p.28, 57, 371. J. Revel, “Historia y Ciencias Sociales: Los paradigmas de Annales”, en J. Revel, Un momento historiográfico. Trece ensayos de historia social, Bs.As., Manantial, 2005, p.27.

[8] M. Bloch, Los reyes taumaturgos, México, FCE, 1988, p.58

[9] Por cuestiones de espacio, no describiré estas corrientes. Sin embargo, es importante aclarar que la escuela metódica se vincula fuertemente con el historicismo rankeano. Por ese motivo los considero en conjunto. Otra aclaración: la reflexión sobre el diálogo intradisciplinario continua en el siguiente apartado. Bourdé, G. y Martin, H., Las escuelas históricas, Madrid, Akal, 1992, cap.8, p. 143

[10]M. Bloch, Los reyes taumaturgos, México, FCE, 1988, p. 26,27, 58

[11] J. Revel, “Historia y Ciencias Sociales: Los paradigmas de Annales”, en J. Revel, Un momento historiográfico. Trece ensayos de historia social, Bs.As., Manantial, 2005, p.27

[12] Como fue mencionado, el proceso que trabaja Bloch es de larga duración. J. Revel, “Historia y Ciencias Sociales: Los paradigmas de Annales”, en J. Revel, Un momento historiográfico. Trece ensayos de historia social, Bs.As., Manantial, 2005, p.39.

[13] M. Bloch, Los reyes taumaturgos, México, FCE, 1988, p.26

[14] J. Revel, “Historia y Ciencias Sociales: Los paradigmas de Annales”, en J. Revel, Un momento historiográfico. Trece ensayos de historia social, Bs.As., Manantial, 2005, p.37

[15] M. Bloch, Los reyes taumaturgos, México, FCE, 1988, p.31, 381. J. Revel, “Historia y Ciencias Sociales: Los paradigmas de Annales”, en J. Revel, Un momento historiográfico. Trece ensayos de historia social, Bs.As., Manantial, 2005, p.22, 24, 27, 28, 36

[16] J. Revel, “Historia y Ciencias Sociales: Los paradigmas de Annales”, en J. Revel, Un momento historiográfico. Trece ensayos de historia social, Bs.As., Manantial, 2005, p.27

[17] M. Bloch, Los reyes taumaturgos, México, FCE, 1988, p.28

[18] M. Bloch, Los reyes taumaturgos, México, FCE, 1988, p.64 “… la sociología comparada, a la que siempre es legítimo recurrir cuando faltan los documentos fehacientes…”

[19] M. Bloch, Los reyes taumaturgos, México, FCE, 1988, p.30

[20] M. Bloch, Los reyes taumaturgos, México, FCE, 1988, p.28, 29.

[21] M. Bloch, Los reyes taumaturgos, México, FCE, 1988, p.29 a 31

[22] L.Von Ranke, Pueblos y estados en la Europa moderna, México, FCE, 1949, p. 38; G.Noiriel: Sobre la crisis de la historia, Madrid, Frónesis/Cátedra, 1997; capítulo 2, “La formación de una disciplina científica”, p. 55 a 57; Bourdé, G. y Martin, H., Las escuelas históricas, Madrid, Akal, 1992, cap.8, p. 143, 145, 146

[23] También aparece esta concepción en la escuela metódica. Bourdé, G. y Martin, H., Las escuelas históricas, Madrid, Akal, 1992, cap.8, p. 132

[24] J. Revel, “Historia y Ciencias Sociales: Los paradigmas de Annales”, en J. Revel, Un momento historiográfico. Trece ensayos de historia social, Bs.As., Manantial, 2005, p.39

[25] J. Revel, “Historia y Ciencias Sociales: Los paradigmas de Annales”, en J. Revel, Un momento historiográfico. Trece ensayos de historia social, Bs.As., Manantial, 2005, p.26, 37, 38

[26] Bourdé, G. y Martin, H., Las escuelas históricas, Madrid, Akal, 1992, cap.8, p. 133

[27] M. Bloch, Los reyes taumaturgos, México, FCE, 1988, p.84; G.Noiriel: Sobre la crisis de la historia, Madrid, Frónesis/Cátedra, 1997; capítulo 2, “La formación de una disciplina científica”, p. 85; Bourdé, G. y Martin, H., Las escuelas históricas, Madrid, Akal, 1992, cap.8, p. 146

[28] M. Bloch, Los reyes taumaturgos, México, FCE, 1988, p.29 (nota al pie número 6), 36, 39.

[29] M. Bloch, Los reyes taumaturgos, México, FCE, 1988, p.30

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