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Las elecciones de 1894 en la provincia de Buenos Aires, balance de un colegio electoral.

Es evidente, que la revolución de 1890, sirvió para debilitar al sistema político conservador. Esta tendencia se profundizó en la provincia de Buenos Aires, tras la revolución radical-mitrista de 1893, que provocó la renuncia del Gobernador Costa otrora celmista.

En ese contexto, el Partido Autonomista Nacional tuvo que reinventar a su Partido Provincial y en un movimiento de “sálvese quién pueda”, sus integrantes pasaron a integrar otras agrupaciones.

Esta coyuntura, obligó al gobierno, no solamente a acudir al ejército, sino también a convocar a elecciones que resultaron prácticamente inobjetables. De este modo, la institucionalidad abrió paso, al menos en este distrito, a una apertura democrática prácticamente impensada años atrás. El Régimen mostró cierta flexibilidad, rompiendo con las estereotipadas imágenes que nos lo demuestran como permanentemente fraudulento.

Ya durante su presidencia, Pellegrini, intentó en marzo de 1891, zanjar las diferencias con la oposición, en una “conferencia de notables”, se aferró a la Constitución y sostuvo el respeto a las autonomías provinciales. Al fracasar, en el Congreso fue criticado por el radical Alem por evitar la lucha de los partidos populares con los organizados en las provincias. Unos días después, éste fue electo Senador junto con del Valle, por la Capital lo cual, en cierto modo, legitimó modo la intransigencia radical.

Desde siempre, los conservadores no eran todos iguales y había que barajar y dar de nuevo, en estos tiempos de “uniones” una más iba a nacer: La Unión Provincial. Así, el Partido Autonomista Nacional llenó el vació de poder dejado por la otrora agrupación celmista, con la que tenía un enfrentamiento faccioso. Tratando de neutralizar el peligro que constituía el radicalismo, que quería modificar “radicalmente” el sistema con elecciones limpias, tanto a nivel provincial como a nivel nacional.

La agrupación autonomista, fue denominada generalmente partido vacuno, por su integración estanciera. Algunos periódicos como The Review, El Economista y La Prensa elogiaron a ésta agrupación de clase. En cambio La Nación y el roquista La Tribuna la cuestionaron. Este hecho no es menor para nosotros, es obvio que el primero como periódico mitrista no aceptara un nuevo desdoblamiento en la clase dominante, al mismo tiempo creemos que la objeción del segundo obedecía a diferencias entre antiguos e incluso futuros aliados como el general conquistador del desierto y Pellegrini, dos expresidentes que esperaban volver a serlo. Este hecho nos estaría mostrando que el PAN aún en la década de 1890, no era uno solo y que se manifestaba una distancia entre Roca y Pellegrini, pues entonces teníamos varios PANES.

De este modo si bien la misma crisis económica y política de los noventa habría impulsado a los terratenientes a constituir un nuevo partido, también debe tenerse en cuenta que era imprescindible para el Régimen Conservador afianzar su vínculo con el sector terrateniente.

La Unión Provincial como toda agrupación requería de un aparato, éste lo proporcionó la inclusión de los seguidores del ex gobernador Costa ingresando a ella exdirigentes del Partido Provincial, el cual, como ya lo hemos señalado estaba en permanente diáspora. Pero además es importante la presencia de Pellegrini.

De ser tan vacuna la Unión Provincial ¿porque no la apoyó la Liga Agraria en esa década y viceversa? La única conexión concreta existente entre unionistas y liguistas, fue el estanciero Mariano Unzué.

Consideramos que había una incompatibilidad entre liguistas y la Unión Provincial, ya que mientras la prensa radical atribuía el mote de vacunos a los integrantes de de esta fuerza, aceptándola Miguel Cané admitía que eran vacunos y no lanares. En cambio el diario La Tribuna roquista ridiculizaba a los radicales señalándolos como porcinos debido al apoyo recibido por parte de la Liga Agraria.

Es evidente, que durante este período el sector terrateniente se constituyó en un actor fundamental ya que al ser los “gestores de la riqueza”, se sentían víctimas del sistema clientelar conservador ¿Bastaba la alicaída Sociedad Rural Argentina para canalizar sus demandas, había que conformar una entidad nueva? Cuando la expansión de la década de 1880, tuvo su gran crisis su presidente de la Rural fue Estanislao S. Zeballos 1888-1894.

No es casual que en este contexto, en el año 1892, se fundara La Liga Agraria, la otra gran corporación terrateniente vigente hasta las primeras décadas del XX. Creemos que uno de los motivos que potenciaron su surgimiento y consolidación, fue la propia debilidad de la Rural, incluso durante la crisis de 1890 se habían agravado sus problemas financieros.

Para nosotros, uno de los coletazos de la crisis de 1890, fue la división del sector corporativo terrateniente, a la tradicional Sociedad Rural Argentina se le sumó como otra representante, La Liga Agraria. En la composición de esta entidad hemos podido identificar a un grupo de estancieros en general distintos a los de la Rural, en su mayoría de un volumen económico menor y con una posición claramente opositora a la clase dominante y en consecuencia al Partido Autonomista Nacional.

En más de una ocasión, para resolver distintas cuestiones referidas al mundo rural, La Liga Agraria fue consultada por los gobiernos tanto nacional como provincial en temas tales como las obras desague en la provincia de Buenos Aires y en lo referido a la sanción de leyes de policía sanitaria, expresó posiciones diferentes a la Sociedad Rural.

Por otra parte consideramos que es innegable que Unión Provincial no se constituyó solo de buenas intenciones terratenientes es indudable la presencia de Pellegrini, el más porteño autonomista, controlándola- Este “piloto de tormentas” obviamente que entre sus propósitos figuraba neutralizar al revolucionario radicalismo y en lo posible conformar una estructura política para a las elecciones presidenciales de 1898.

Entre los principales integrantes de este partido estaban importantes terratenientes como Mariano Unzué, Ezequiel Ramos Mexía, los Anchorena, los Luro, los Martinez de Hoz, los Cambaceres, los Baudrix, los Duggan, los Pradere, los Díaz Velez, los Santamarina y los Casares. Lejos de ser carmelitas descalzas, varios de los señalados como por ejemplo los Anchorena, Cambaceres, Casares, tenían ya una dilatada trayectoria política, habiendo apoyado en muchos casos, desde la década anterior, al PAN, por lo tanto, algunos ya eran viejos políticos.

Existían igualmente distintas líneas partidarias, una la de los estancieros como Luro, Manuel Guerrico y Mariano Unzue, éste último vinculado al autonomismo porteño. Otra encabezada por el militar Bosch, militar. Algunos estancieros “más puros” como Santamarina que desde “la pata terrateniente” juzgaban a las “bases”como a los advenedizos de la política, ya que aunque aportaran el aparato eran los mendigos de la vida política. Debemos destacara que en noviembre, un grupo de los impulsores de la nueva agrupación ya se habían alejado de la misma.

La Tribuna vocera de los autonomistas roquistas objetaba el sistema de representación controlado por los estancieros, exigiendo la reforma de los estatutos. Consideramos que la diferenciación entre Roca y Pellegrini, conducía a los seguidores del primero a objetar al “partido” del segundo.

A fines de diciembre, ya en minoría las autoridades del partido se circunscribían a buena parte de la comisión directiva de la Sociedad Rural. La incompatibilidad de la Rural y la Liga se reflejaba en el silencio de la Liga Agraria y su falta de apoyo institucional ya que ambas entidades eran como el agua y el aceite, imposibles de juntar.

A comienzos de 1894, las candidaturas para las próximas elecciones a gobernador, produjeron numerosos reacomodamientos. Antes de iniciarse la convención, se postulaban importantes políticos, como Manuel Quintana, que en los hechos había sido poco tiempo atrás, el “jefe de gabinete”un mitrista independiente, abogado de las grandes sucesiones y de fuertes empresas extranjeras, aunque no era representante típico del régimen personalista inaugurado el 80, sino de la oligarquía anterior cuando los arreglos se realizaban en el club del Progreso. También Pellegrini, el ex presidente, al estar vacilante, cuya indecisión había instalado las del militar Francisco Bosch y Vicente L. Casares amigo y confidente de Pellegrini, representante de los vacunos.

Desistiendo el expresidente y Casares quedaron el general Bosch, y otro vacuno, Santiago Luro, ante la posibilidad división del partido, Pellegrini convocó a una reunión, en ella, propuso como posible candidato conciliador a Mariano Unzué, debido a la negativa de los otros, éste retiró la suya para mantener la integridad de la Unión Nacional, debiendo aceptar el gran Carlos, en ese momento, su candidato a vice-gobernador fue Luro.

Zanjada esta disputa se celebró la Convención, Mariano Unzué, por no ser aceptada su postulación, presentó su renuncia como presidente del Comité, por lo que se designó a Miguel Cané para presidirla, convocó a la unión del partido y manifestó la identidad autonomista de esta agrupación.

Llevado a cabo el escrutinio, los que más votos obtuvieron fueron Pellegrini y Mariano Unzué, en tanto que Santiago Luro y Francisco Bosch, apenas lograron algunos. Ante este resultado y en disconformidad, se retiraron del acto unas 30 personas. Entre estos figuraban Bunge, Anatolio Viejobuena y el terrateniente Santamarina, efectuado un cuarto intermedio, resultó electo como vice Santiago Luro. Se produjo una nueva escisión, en este caso la división tampoco fue entre políticos y estancieros, ya que el problema de este candidato era su pasado costista. La disconformidad partió de un sector de los seguidores de Bosch, los que abandonaron el local.

Aceptada la postulación de Pellegrini, se llevó a cabo una nueva asamblea para definir a los candidatos a diputados, siendo presidida por Mariano Unzué, en este caso los más votados fueron Francisco Bosch, Mariano Unzué, Miguel Cané, Julio Dantas, Dardo Rocha, Francisco Seguí, Julio Carrié.

Al faltar un candidato, porque no tenían los restantes la cantidad de votos requerida, se acordó adjudicarla a Emilio V. Bunge, desencadenándose un nuevo conflicto. Al día siguiente, esta vez presentaron la renuncia Dardo Rocha y el coronel Dantas. Quién sostuvo que al ser Jefe de Policía de la provincia, su candidatura podía ser mal interpretada. Otro alejamiento fue el de Mariano Unzué a sus cargos de presidente del partido, candidato a diputado y afiliado

Además, el 14 de enero renunció el propio Pellegrini, lo cual motivó una reunión del Comité General de partido, en la residencia de Anchorena. Presidido el encuentro por Santiago Luro, quién por la situación creada por su candidatura, solicitó ser reemplazado por Miguel Cané, se resolvió que algunos amigos de Pellegrini se reunieran con él para que desista de su renuncia. Al convencerlo, Mariano Unzué retomó la presidencia del partido, y el 30 de enero el Consejo de gobierno aceptó el alejamiento de Dardo Rocha, uno de los más importantes político de este período.

De este modo el balance entre terratenientes y políticos fue equilibrado, si bien algunos vacunos se alejaron de la Unión Provincial varios mantuvieron roles importantes Mariano Unzué, como presidente del partido, Luro como candidato a vicegobernador, Anchorena como mediador etc. En tanto que otros políticos de envergadura como Dardo Rocha renunciaron a esta agrupación, debiéndose destacar que el gran organizador y dirigente fue sin duda Carlos Pellegrini. De modo tal que el mote de vacunos era tan cierto en lo descriptivo como algo tan ingenuo y al mismo tiempo un tanto falaz, ya que el gran objetivo era consolidar el orden conservador, enfrentando al peligro radical…Y así lo logró como gran titiritero… y como si ésto fuera contó con un partido de cara a las elecciones de 1898

Aceptada la candidatura a gobernador para descomprimir el conflicto interno, no siendo tan obvio el enfrentamiento entre “estancieros” y “políticos”, en esta coyuntuta seguramente primaron los intereses personales, de ese modo debemos destacar que las renuncias provinieron no solamente de terratenientes sino también de políticos y hasta del mismo ex presidente. Hecho nada original en la historia argentina, donde las decepciones y deserciones en las agrupaciones forman parte del folklore militante.

Al tiempo que la Unión Provincial se terminaba de organizar, la situación del radicalismo era muy diferente, ya que partir del fracaso de la Revolución de 1893, en la provincia, logró algunos éxitos electorales, a principios de 1894 triunfó en las de diputados nacionales, apelando a las mismas armas conservadoras, de este modo el clima de violencia seguía vigente, auque fueron consideradas como un modelo de corrección política y competencia honesta, ya que apenas dejaron diez muertos.

En la estación de Bragado, antes de las elecciones, los seguidores del hermano del ex gobernador Julio A. Costa, se enfrentaron con los radicales entre ellos un candidato a elector de gobernador, al pasar frente a Carlos J. Costa, uno de ellos lo empujó, lo cual provocó un tiroteo siendo asesinado Costa y uno de los contrarios, cuando llegó a la estación un tren que se dirigía hacia la Capital, la policía recibió órdenes de bajar para restablecer la calma, lo cual derivó en nuevos asesinatos. Ya que al atrincherarse los radicales, la lucha continuó hasta que fueron tomados prisioneros.

En Luján durante la votación, al presentar a la mesa los documentos un ciudadano, el fiscal de otra. de la Unión Provincial, quién a pesar de no tener derecho a intervenir, los insultó y sacó un revolver. Se produjo una lucha que determinó la intervención policial, lo cual, lejos de calmar los ánimos, terminó agitándolos.

Así el oficialismo autonomista y los partidos opositores empleaban todos sus recursos, impulsando a distintos grupos de choque, hecho que determinaba que la nueva composición de las cámaras provinciales, mostrara un marcado equilibrio.

Para el elección a gobernador los candidatos fueron de la UCR Mariano De María y Leonardo Pereyra, de la UP Pellegrini y Santiago Luro; de la UCN Antonio Bermejo y Guillermo Udaondo y de una nueva escisión de los P.AN.E.S,, del Partido Autonomista Dardo Rocha.

En el escrutinio de mayo de 1894 triunfo a la UCR seguido por escaso margen por la Unión Provincial, muy cerca de estos, en tercer lugar la Unión Cívica Nacional y finalmente el Partido Autonomista.

Al no haber obtenido el radicalismo un triunfo decisivo, comenzaron las negociaciones en el colegio electoral, Carlos Pellegrini y Emilio Mitre postularon Guillermo Udaondo y José Inocencio Arias, en cambio sus electores proponían a Bermejo por el lado de los cívicos y Unzué o Bosch por el de los de los provinciales.

Efectuado el primer escrutinio triunfaron los radicales por escaso margen, no habiendo obtenido la mayoría que la Constitución requiere, se procedió a una nueva elección en la que se impuso Guillermo Udaondo para gobernador y el Coronel Arias para vice. De este modo Mitre desde el Senado de la Nación (cargo que ocupaba desde 1892) impuso su candidato. Udaondo mantuvo una entrevista con el candidato radical, Antonio Bermejo y finalmente aceptó el cargo. El mismo Carlos Pellegrini llevó a cabo esta maniobra. Por lo cual más que un fracaso terrateniente fue la victoria del grupo conservador que con el “arte de gobernar” derrotó al radicalismo.

Conclusión:

Luego de un análisis de principios de la década de 1890, hemos intentado establecer el grado de compromiso y participación de los distintos sectores en la gobernabilidad argentina, por una parte debemos destacar que una característica implícita de este sistema político ha consistido en el fuerte control existente en los momentos de elegir autoridades, por parte de todos los partidos políticos que suponía la existencia de grupos de choque para garantizar el resultado de los comicios.

A su vez, superada la revolución de 1893, el surgimiento del radicalismo como principal fuerza opositora, supuso que en las elecciones del año siguiente, pese a triunfar no logró asumir, por las negociaciones realizadas en el colegio electoral que dio como resultado la elección del mitrista Guillermo Udaondo como gobernador, gracias alapoyo brindado por la Unión Provincial, contando con la dirección del ex presidente Carlos Pellegrini, demostrando que el también era un zorro.

Esta estructura partidaria más allá de ser denominada como vacuna, estuvo integrada además de un importante grupo de estancieros, algunos de los cuales tenían una activa tradición partidaria autonomista, por el aporte de distintos activistas que resultaban imprescindibles en el momento de llevarse a cabo los comicios. En tanto que las internas dentro del partido no obedecían estrictamente a divisiones tajantes entre estancieros y políticos sino a ambiciones personales.

Guillermo Eduardo Colombo

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-Hora, Roy: Los terratenientes de la pampa argentina. Una historia social y política 1860-1945. Buenos Aires, 2002, Siglo veitiuno de argentina editores.

--------------: Los estancieros contra el Estado. La liga agraria y la formación del ruralismo político en la argentina. Buenos Aires, siglo veintiuno ediciones, 2009.

-Rock David: La construcción del Estado y los movimientos políticos en la Argentina, 1860-1916. Buenos Aires, Prometeo libros, 2006.

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