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12 de octubre: ¿razas o diversidad cultural?

Al calor de cuatro siglos de trata atlántica, América cimentó su tercera raíz, la africana, además de la que compone la indiscutible presencia amerindia y la raíz europea. Unos 10 millones de africanos fueron desarraigados de sus tierras para poblar el Nuevo Mundo. No obstante, predomina una tendencia en América Latina y el Caribe a minimizar el aporte afro a la composición de la actual demografía de la región, cuando en algunos países, como los casos más extremos, Chile, Paraguay, Argentina y México, directamente se ha borrado dicha presencia del imaginario. Como sea, el común denominador de toda la región es que los grupos negros ocupan una de las peores posiciones socioeconómicas y el racismo estructural es una lacra permanente que afecta cotidianamente a sus miembros.

El “Día de la Raza”, celebración originaria de buena parte de los países hispanoamericanos, es un buen indicador para analizar la presencia simbólica de los afrodescendientes (los descendientes de esclavizados) y su lugar en el imaginario social actual. La llegada de Cristóbal Colón a América, este gran evento americano que se conmemora cada 12 de octubre, desde el año 1992 atravesó un proceso de reinterpretación. Dicho momento propició el marco para una redefinición de lo que hasta la fecha era considerado motivo de festejo y de reivindicación del orgullo hispano como agente civilizador. Por el contrario, comenzó una crítica hacia la perspectiva eurocéntrica y filohispanista del término. Desde entonces, el 11 de octubre es llamado por las asociaciones indígenas el “último día de libertad de América”. En contraste, el 12 de octubre, el clásico “de la Raza”, marcó el inicio del etnocidio, según entienden sus detractores. A nivel americano se explica el peor genocidio de la historia, con unos 90 millones de amerindios fenecidos víctimas de enfermedades, combates y maltrato.


En 1992, atravesando una época de cambios globales, con las repercusiones de la caída del bloque soviético y la reestructuración de un nuevo orden global, así como de la imposición del paradigma del multiculturalismo y la diversidad cultural, América no permaneció ajena a las nuevas corrientes. En efecto, en 1991 Colombia dio un gran salto al declararse constitucionalmente como Estado pluriétnico y multicultural, y otros países siguieron esa ruta gradualmente, como México (1992), Argentina (1994) y más tarde otros. En general, junto al ascenso de la reivindicación étnica, el clima que acompañó el 12 de octubre de 1992 fue muy diferente al de los años previos. Los grupos originarios fueron quienes principalmente lideraron una campaña contra la celebración de los 500 años del tradicional “Descubrimiento de América”, declarando que no hubo nada que festejar. Para algunos, desde ese día de 1492 comenzó el saqueo.


Dicha crítica alentó un verdadero ejercicio de reflexión histórica de la mano de contra-relatos que cuestionaron la manera hegemónica de narrar el pasado hispanoamericano, otrora reducido a una mera gesta de imposición y de dominación de una raza (la hispana) sobre otra (la indígena). En consecuencia, las mentalidades revisoras adaptaron al tiempo que corría una nueva concepción de la hasta ahora denominada narración del “Choque de culturas”. Replanteando el papel de los pueblos originarios como protagonistas del encuentro pasado y ya no de seres “descubiertos” por terceros, se le impuso a la efeméride no el carácter de un festejo sino el de ser un día de reflexión y hasta de luto. A la par, los afrodescendientes en América intentaron tener su espacio dentro de las nuevas representaciones de época, con mucha dificultad, en el camino a reivindicarse y ser reconocidos como parte de esa historia. En grado considerable resultaron silenciados y los países que se reconocen como mestizos consideran al indígena el “otro”. Sin embargo, durante el dominio colonial negros e indios, es decir, las categorías coloniales de antaño, constituyeron lo más bajo de la pirámide social, las denominadas castas o grupos no blancos.


Cambios de agenda

En Argentina el festejo del Día de la Raza fue decretado por el presidente Hipólito Yrigoyen en 1917, con una lectura de afirmación europeísta y no crítica de la Conquista. Pasaron varias décadas hasta que en 2007 el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI), haciéndose eco de las discusiones iniciadas en 1992, propuso modificar la denominación, lo que se plasmó más tarde en el decreto 1584, firmado a fines de 2010, por el cual el 12 de octubre pasó a llamarse “Día del Respeto a la Diversidad Cultural”. Este cambio alude al reconocimiento constitucional, vía reforma (1994), de la etnicidad, de los grupos amerindios (artículo 75, inciso 17), aunque incluir a los afrodescendientes es una deuda pendiente. En forma similar ocurrió en Perú a partir de 2009, con la modificación a “Día de los Pueblos Originarios y el Diálogo Intercultural” de los anteriores “Día del Indio” y “Día del Campesino”. En Bolivia se ha dado un giro similar con el establecimiento del “Día de la Descolonización”, desde el 12 de octubre de 2011, que implica la obligatoriedad de enseñar en los colegios una lengua originaria. Costa Rica, a partir de 1994, estableció el “Día de las Culturas” en reemplazo de “Día del Descubrimiento y de la Raza”.


Otros países hispanoamericanos siguieron un derrotero similar de cambio. Venezuela y Nicaragua modificaron la efeméride tradicional al nombre de “Día de la Resistencia Indígena”, el primero en 2002, y el país centroamericano en 2007, reemplazando este último al tradicional “Día de la Hispanidad”, que, por el contrario, se preserva en El Salvador. No obstante, en los tres nombrados los afros continúan notoriamente excluidos de este registro histórico conmemorativo.


Por último, existe un conjunto de países en el cual se preserva la vieja usanza, como Colombia, Ecuador, México y Honduras, en los que se celebra el tradicional “Día de la Raza”. En Chile de algún modo también, puesto que, desde 2000, el festejo es de “Descubrimiento de Dos Mundos”, aunque se lo llame coloquialmente Día de la Raza. En Uruguay es el “Día de las Américas”, puesto que la efeméride panamericana se celebra el 14 de abril. Fuera de Hispanoamérica, Estados Unidos celebra el “Día de Colón”. Por último, Cuba y Paraguay siquiera tienen la efeméride en su calendario. En todos los casos mencionados, tanto la raíz originaria así como la afro resultan visiblemente ausentes del reconocimiento de una América de diversidad cultural.


La efeméride del 12 de octubre permite analizar la realidad cultural de los países aquí tratados. En todos los casos, los afrodescendientes resultan invisibilizados, por más que la “diversidad cultural” (Argentina) o términos similares (Perú, Bolivia, Costa Rica) debieran incluirlos explícitamente en la comprensión insoslayable de una América de tres raíces innegables.

Omer Freixa

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Artículo publicado en la Revista Histórica Nº6 de Huellas de la Historia correspondiente al mes de Octubre de 2015 (ISSN: 2524-9959). Para ver la revista completa seguir el link: http://huellasdelahistoria.wixsite.com/huellas/suscripcion


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