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Katarismo y Clase Obrera

En el caso boliviano en particular se pueden encontrar dos corrientes revolucionarias que tienen raíces, ideologías, símbolos y reclamos diferentes y que a finales de la década de 1970 confluirán en un pacto para luchar contra de la dictadura de Banzer y luego defender el proceso democrático inaugurado en 1978. Por un lado, se encuentra el sector campesino que luego de momentos revolucionarios previos a 1952, había tenido una suerte de estancamiento en sus luchas durante el pacto militar-campesino (que podía verse como un instrumento contrarrevolucionario) instaurado durante el gobierno de René Barrientos (1964-1965/1966-1969), ya que recibían tierras a cambio. Este movimiento había tenido un nuevo despertar revolucionario con el movimiento Katarista[1] que comenzó a conformarse en 1971 (durante las presidencias de Ovando y de Torres) y obtener un crecimiento en sus filas, pudiendo visibilizar aún más sus reclamos y aumentar su participación política en 1973. Por el otro lado, aparece el sector obrero, cuya vanguardia indiscutida eran los obreros mineros. Su lucha se remonta a la época colonial y tiene una importancia radical en la victoria de la Revolución de 1952, que luego pudo identificarse como una “Revolución Traicionada”, utilizando palabras de Trotsky respecto a la Revolución Rusa de 1917. Durante cuatro años la COB (Central Obrera Boliviana) co-gobernó con el MNR (Movimiento Nacional Revolucionario). En el año 1956 esta alianza de gobierno se quebró debido a diferentes posiciones en varios temas, tomando especial relevancia el conflicto de la nacionalización de las minas y su control obrero. Víctor Paz Estenssoro tenía un claro perfil reformista que chocaba contra la radicalización de las demandas de la COB y sobre todo de los obreros mineros que veían como fin último de su lucha la instauración del socialismo en Bolivia.

Se dijo anteriormente que el pacto Militar-Campesino podía calificarse como un recurso contrarrevolucionario que utilizó el gobierno de Barrientos (quién asumió el poder luego de un golpe de Estado en 1964 contra el ex-presidente Estenssoro) en contra de los obreros mineros que proseguían con sus luchas y sus reivindicaciones. Es importante mencionar que este recurso contrarrevolucionario ejercía una violencia “indirecta” contra los obreros por parte del gobierno de Barrientos. Es “indirecta” en tanto que los que eran enviados como fuerza de choque contra los obreros no eran militares o policías (el brazo armado legal del Estado), sino los propios campesinos que se veían favorecidos por este pacto y eran enviados a luchar contra el sector proletario.


Este pacto tuvo varios momentos de crisis en los cuales el sindicalismo campesino amenazaba con separarse y buscar su independencia. Uno de estos momentos fue en el año 1967, cuando Barrientos intentó implantar el Impuesto Único Agropecuario por la propiedad individual de la tierra. Luego del triunfo campesino al impedir la instauración de este impuesto el movimiento campesino siguió atado al pacto durante los gobiernos de Ovando y de Torres, aunque ya se veían algunos indicios de lograr la independencia sindical por parte de ciertos sectores. El punto de inflexión clave para entender la separación del movimiento campesino y el gobierno se denominó “masacre del Valle” en Cochabamba[2]. Si bien el movimiento Katarista ya existía desde 1971 con Genaro Flores como su figura más rutilante, a partir de este hecho que rompe definitivamente la unión de las bases campesinas con el gobierno, logra concentrar más fuerzas y hacer más visibles sus reclamos.


El Katarismo reavivará el problema étnico que había quedado relegado por las luchas sindicales y la reforma agraria. Este conflicto tiene raíces muy profundas en Bolivia, en donde hay varias “naciones” dentro de un mismo territorio. Es decir que dentro de Bolivia se pueden encontrar grupos que se auto-perciben como bolivianos, otros como quechuas, y otros como aymaras, etc. Esto queda expuesto por Rivera Cusicanqui quien asegura que:


[…] el movimiento campesino rompe amarras con el estado y desarrolla formas organizativas autónomas y contestatarias, que acaban derrotando al sindicalismo oficial en su propio terreno. En la ideología de este nuevo movimiento resurgen los temas étnico-culturales que habían permanecido sepultados en la retórica del nacionalismo revolucionario. (Rivera Cusicanqui 1987, 131)


Este sector campesino revolucionario mostró una gran desconfianza hacia los partidos políticos tradicionales, sean estos de derecha o izquierda. Desconfiaban de los primeros por considerarlos embaucadores que utilizaban al movimiento campesino en su favor y de los últimos porque no reconocían al campesino como un actor capaz de conducir su propio destino (Cusicanqui 1978, 143). A pesar de esto, en la segunda mitad de la década de 1970 es posible ver un importante avance de este movimiento dentro de la corriente sindicalista y obrera, lo que lleva a una escisión dentro del movimiento en 1978. Por un lado, se había conformado el MRTK (Movimiento Revolucionario Tupac Katari) y, por el otro, se creó el MITKA (Movimiento Indio Tupac Katari). El MRTK, que contaba con la participación de Genaro Flores y adoptó una posición más conciliadora frente a las organizaciones de izquierda. En cambio, el MITKA tuvo un carácter radical en cuanto a sus denuncias a la izquierda q’ara[3] y sus reclamos frente a la opresión y discriminación racial que sufrieron tanto campesinos como obreros.


Como se expuso anteriormente, la otra pata de los movimientos revolucionarios en Bolivia fue el sector obrero, cuya vanguardia fueron los obreros mineros organizados en la FSTMB (Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia) y la COB. Este sector proletario (como ellos mismo se definían) había tenido una concepción de la revolución muy ligada con el marxismo y el socialismo. Esto quedó demostrado en las “Tesis de Pulacayo” de noviembre de 1946. En ellas se llamó a una Revolución que condujera a la “dictadura del proletariado” mostrando a las claras su carácter marxista-leninista. Esta revolución evocada por los obreros mineros se creyó consolidada en 1952, luego del triunfo obrero y la derrota del gobierno de Hugo Ballivián Rojas. Sin embargo, como se vio anteriormente en este mismo trabajo, la Revolución de 1952 tomó un carácter reformista que no logró colmar las necesidades de los obreros y éstos dieron por terminada la alianza de gobierno que tenían con el MNR. A partir de este quiebre, el movimiento obrero continuó con su lucha por una revolución socialista con el fin de liberar al pueblo boliviano de la opresión del capital. Esta posición radicalizada los llevó a enfrentamientos contra los campesinos, utilizados como fuerza de choque de los gobiernos militares para frenar el avance obrero.


En la década de 1970 el movimiento obrero había vuelto a confirmar su carácter clasista en el XIV Congreso Nacional Minero realizado en la localidad de Siglo XX, donde la tesis socialista se aprobó nuevamente como una guía política que se vio cristalizada durante la Asamblea Popular del 1 de Mayo de 1971, subestimada y sobreestimada en iguales proporciones por las diferentes corrientes históricas que se han ocupado del tema. En esta Asamblea, la problemática campesina quedó prácticamente olvidada debido a la nula participación de este sector. En cambio el debate se centró en la lucha frente a la amenaza de golpe de Estado (lucha que fracasó rotundamente a la luz de los hechos), la gestión de las minas (sobre todo en las nacionalizadas) y la creación de una Universidad bajo la dirección del proletariado.

Durante esta década el movimiento obrero y minero había comenzado a acercarse al campesino para luchar frente a la dictadura de Banzer primero y, luego, para defender el proceso democrático abierto a partir de 1978, como plantea Zavaleta Mercado, (plagado de fraude) en donde Siles Suazo era el candidato elegido por estos sectores para ser representados. Este acercamiento quedó plasmado en junio de 1979, año en donde la COB (con Genaro Flores ejerciendo un alto cargo directivo) había convocado a un Congreso Nacional Campesino y se fundó la CSUTCB (Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia). A partir de este momento, los obreros y mineros comenzaron a “entrar” al campo, visitando a compañeros campesinos, solidificando la unión de estos dos movimientos revolucionarios que siguen actuando hasta la actualidad.



Pablo Mangini

Notas:

[1] El movimiento recibe este nombre debido a su identificación con Túpac Katari, líder aymara del levantamiento indígena en 1781, asesinado ese mismo año.

[2] Este hecho clave en la historia boliviana se dio luego de que el Presidente Banzer decidiera eliminar o disminuir los subsidios estatales a una amplia gama de servicios y productos básicos, lo cual disparó los precios de estos productos al público. A los campesinos se les prohibió aumentar el valor de sus mercancías, con lo cual fueron muy perjudicados por este aumento de precios. A raíz de esta situación se dio una gran movilización que contó con el bloqueo de rutas y caminos exigiendo la presencia del presidente en el lugar para negociar. En lugar de ir a negociar con los campesinos Banzer movilizó al ejército y ordenó disparar contra la multitud campesina, asesinando e hiriendo a muchos de ellos.

[3] Palabra Aymara que sirve para designar a una persona de tez blanca.

Bibliografía Utilizada:

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  • Archondo, Rafael. “Comunidad y divergencia de miradas en el Katarismo”, en Umbrales, N°7, La Paz, CIDES, UMSA, Julio 2000.

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  • Zavaleta Mercado, René. “Las masas en noviembre”, en Zavaleta Mercado, René (Comp.), Bolivia hoy, México, Siglo XXi, 1987.

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