top of page
06ec4b_fca26b446a664af5b9ed025c9aae2162~mv2.jpg

Resistencias al Neoliberalismo en Bolivia

A partir de la aplicación del Neoliberalismo en Bolivia, se pasa entonces a una nueva etapa de reorganización del movimiento obrero, de resistencia y organización, que se verá expresado en las jornadas del año 2000 con su ascenso y evolución hasta el 2003. A continuación se intentará identificar a los actores de aquellas jornadas, sus formas de organización y las limitaciones finales de los movimientos sociales.


La redefinición de los antiguos actores sociales, agrupados en un movimiento obrero sindicalizado que tenía como centro al trabajo, en torno al cual se articulaban otras formas organizativas de tipo gremial urbanas, pasara a otorgar a la comunidad indígena-campesina el nuevo espacio de resistencia y organización social, alrededor del cual se agrupan asociaciones laborales (maestros rurales), gremiales (transportistas, comerciantes de la zona), vecinales, estudiantiles, etc. “Aquí la comunidad indígena, campesina y ayllu, son la columna vertebral articuladora de otros grupos sociales y de otros modos locales de unificación influenciados por la actividad económica y cultural campesino-indígena y hacen de esta acción colectiva más que un movimiento social un movimiento societal, pues se trata de una sociedad entera que se traslada en el tiempo”. Para todo ello la CSUTCB fue un canal excepcional de la expresión comunidad-sindicato. García Linera va a definir a un movimiento social como “un tipo de acción colectiva que intencionalmente busca modificar los sistemas sociales establecidos o defender algún interés material, para lo cual se organizan y cooperan con el propósito de desplegar acciones públicas en función de esas metas o reivindicaciones”. Entonces, si bien podemos observar en los movimientos de 2000 la persecución de objetivos específicos como el rechazo de la privatización del agua en Cochabamba o contra el avance del Estado sobre las plantaciones de coca en el Chapare, para 2003 los movimientos adquieren -después de pequeños focos de resistencia durante 2001 y 2002- una conciencia política más desarrollada exigiendo directamente la renuncia del presidente Sánchez de Lozada a partir de lo que se denominó la “Guerra del Gas”. Es decir, que si bien nacen con objetivos específicos, se observa que las demandas comienzan a expandirse hasta la persecución de objetivos políticos más amplios y de mayor envergadura que cuestionan el sistema hegemónico en su conjunto.

La evolución de estos procesos desprende algunas conclusiones de gran significancia. Se produce un reencuentro con la conciencia política del poder popular, que refleja la creencia en la posibilidad de triunfo contra los poderosos. Se recupera la dimensión colectiva de la lucha reivindicativa y política construida “desde abajo”. Se reivindica la democracia como democracia participativa y directa en juntas vecinales (agrupados en la FEJUVE y la COR) o en la Coordinadora del Agua utilizando el modelo de las comunidades indígenas. Se reivindica el derecho del pueblo boliviano a tener control sobre sus recursos naturales y a definir sus usos y proyecciones económicas. Se autoidentifican todos los sectores populares como explotados y marginados, tanto por la implementación contante de políticas estatales y privadas antipopulares como por las prácticas racistas. Se identifica como adversario nacional común a todos los sectores de los partidos políticos tradicionales. Y finalmente, se identifican a los adversarios externos a los intereses populares (EEUU y Chile).

Si bien el proceso no pudo encontrar una forma de organización capaz de tomar el poder y redefinir las condiciones de existencia materiales de los pueblos explotados, logro recrear una forma de organización comunitaria que había sido constantemente atacada por el neoliberalismo. La nueva forma de identificación alrededor de la concepción indígena por sobre la de clase obrera responde a las condiciones reales de contracción del empleo, es decir, se puede dejar de ser trabajador pero no se puede dejar de ser indígena. Se conforma entonces un contrapoder al Estado reformado del ’85 y el DS 21.060, que disputa en las calles la hegemonía descarnada del capital financiero y especulativo que encuentra sus límites en Octubre del 2003 ante la apropiación burguesa del movimiento por la falta de una organización que pueda disputar el poder real, pero que deja sentada las bases para la resistencia ante nuevos embates en un proceso que al ser tan reciente no podemos saber si ha concluido su ciclo o si se verificaran nuevos movimientos. Lo cierto es que la organización popular, como reacomodamiento de la clase obrera en el entramado social boliviano abre las puertas a una nueva etapa política y social.


Pablo Javier Coronel

Bibliografía Utilizada:

- Félix Patzi Paco. “Rebelión indígena contra la colonialidad y la transnacionalización de

la economía: triunfos y vicisitudes del movimiento indígena desde 2000 a 2003”, en

Hylton, Forrest, Patzi Paco, Félix, Serulnikov, Sergio y Thomson, Sinclair. Ya es otro

tiempo el presente, La Paz, Muela del Diablo, 2005

- Magdalena Cajías de la Vega. “El poder de la memoria: los mineros en las jornadas de

octubre de 2003”, en Robins, Nicholas A. (Ed.). Conflictos políticos y movimientos sociales

en Bolivia, La Paz, Plural, 2006

- Eduardo Molina. “Octubre como ensayo revolucionario”, en Revista de los Andes Nº 1, Otoño de 2004,

- Álvaro García Linera. Sociología de los movimientos sociales en Bolivia. Estructuras de movilización, repertorios culturales y acción política, La Paz, Plural, 2008

2030 visualizaciones0 comentarios

Entradas relacionadas

Ver todo
Huellas
Artículos Recientes
Archivo
Seguinos
  • YouTube
  • Instagram
  • Spotify
  • Facebook
Buscar por Etiquetas
bottom of page