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Princesa, bastarda y reina: la vida de Bloody Mary

La historia la conoce como María Tudor, la Reina sanguinaria o Bloody Mary, apodo que se ganó en sus últimos seis años de vida. Pero para entender a esta María tenemos que recorrer la historia de esta mujer que de niña fue princesa de Inglaterra, en la adolescencia fue declarada bastarda, en su adultez soportó el reinado de su hermano 20 años menor y que recién a los 37 fue coronada reina.


En el siglo XVI, las princesas jugaban el rol de comodines políticos, que se repartían entre las diferentes casas reinantes como “esposas de” según la conveniencia. María había nacido princesa, sus padres eran los reyes de Inglaterra, Enrique VIII Tudor y Catalina de Aragón y aunque por el momento era la única hija de la pareja real, no se la consideraba como heredera al trono y por tanto se la educó para adornar a algún príncipe o rey vecino, preferentemente de Francia o España. Enrique VIII confiaba en que vendría un hijo varón, por tanto, a su entender, era imposible que María fuera la heredera al trono pues si nacía un niño se podía pasar alto a María y hacer heredar al varón. De hecho en Inglaterra a diferencia de otras potencias las mujeres sí podían heredar, pero esto no quería decir ni que hubiera habido alguna vez una reina coronada en la historia de la nación ni mucho menos que Enrique se contentara con que su heredera fuera una mujer...


Enrique entonces utilizó a su hija lo mejor que pudo y para la edad de seis años María ya había estado comprometida en casamiento cuatro veces, con el hijo mayor del rey francés, con su primo y rey español Carlos V, con el hijo menor del rey francés y con el propio rey francés.


Pero como María era una niña, lógicamente había que esperar algunos años para que tuviera edad para casarse y durante esos años de espera su vida cambió drásticamente. Enrique VIII quería un hijo varón y su mujer Catalina ya no podía darle más hijos. Por esto el rey puso patas para arriba a su reino separándose de Catalina y casándose con Ana Bolena. Para lograrlo Enrique se separó de la Iglesia Católica, pues el Papa le negó rotundamente la anulación de su casamiento. El divorcio significó por tanto un cambio radical en la religión inglesa que desde ese momento dejó de depender de Roma para tener en la cabeza de la iglesia a nada más y nada menos que a Enrique. Nacía de a poco una nueva religión en la isla.


El casamiento entre Enrique y Catalina fue anulado y María fue declarada una hija bastarda y por tanto eliminada de la línea sucesoria a la corona, esto quería decir que ni ella ni sus hijos podrían heredar. María había pasado de ser princesa de Inglaterra a ser simplemente The Lady Mary, theking’sdaughter (hija del rey). De ahora en más, los hijos que Enrique tuviera con Bolena serían los verdaderos herederos.


La vida de María se derrumbó, su status de realeza desapareció de la noche a la mañana y tiempo después ya había otra princesa que ocupaba su lugar, Isabel, la hija del rey y la nueva reina que ahora era la heredera al trono. Catalina, la primera mujer de Enrique, fue desterrada de la corte, María fue puesta al servicio de la princesa Isabel (para tenerla mejor controlada) y madre e hija no volvieron a verse nunca más.


María aguantó dos años las presiones de su padre y de los cortesanos que la visitaban frecuentemente para que firmara el Acta que declaraba a su padre cabeza de la Iglesia de Inglaterra (Acta que debían firmar todos los súbditos del reino), pero finalmente por temor a que su propio padre la enviara al cadalso María firmó, en contra de su conciencia y negando lo que ella más preciaba en esta vida, sus creencias. Este hecho la marcó de por vida, había sido forzada por su padre a negar la supremacía del Papa, el vicario de Dios, se le había exigido que negara su creencia más profunda.


Lo que pasó después es historia conocida, Enrique se cansó de Ana Bolena que no pudo darle hijos varones y la hizo decapitar a los tres años de haberse casado con ella. En esta oportunidad Isabel acompañó a María en la lista de hijas bastardas y eliminadas de la línea sucesoria.


Enrique se casó una vez más y tuvo a su tan ansiado hijo varón, el futuro Eduardo VI. Recién, en su lecho de muerte, el Rey modificó su testamento y regresó a las princesas a la línea sucesoria, pero heredarían en el siguiente orden: primero Eduardo, luego María y finalmente Isabel.


Eduardo (21 años menor que María) había sido educado ya en la nueva religión y durante su gobierno había decidido acercarse cada vez más al protestantismo, por tanto su gobierno fue una cárcel espiritual para María, que por el contrario era inflexiblemente católica. En una oportunidad fue llamada a declarar frente al mismo Eduardo porque se había filtrado información de que en su residencia se llevaba a cabo la Santa misa, que estaba rotundamente prohibida por la nueva religión, pero que para María era lo más importante en esta vida. Ella se defendió valientemente frente al rey y frente a todos sus inquisidores, pero desde ese día la misa se convirtió en un secreto de estado que se llevaba a cabo bajo llave en alguna habitación del palacete donde ella vivía.


Eduardo VI había heredado a los 10 años pero murió de tuberculosis 5 años más tarde sin hijos y no sin antes hacer la vista gorda del testamento de su padre y eliminar a María y a Isabel de la sucesión. En cambio, Lady Jane Grey (que se hallaba dentro de la línea sucesoria por parte de una de las hermanas de Enrique VIII) fue coronada reina, pero sólo reinó durante nueve días, de hecho es conocida como "la reina de los nueve días". María, con ayuda de algunos nobles ingleses irrumpió en Londres reclamando su derecho a la corona. Jane fue apresada, y tiempo después decapitada. María era finalmente reina de Inglaterra.


Pero si la vida de María había estado teñida de reveces su reinado no sería diferente. La nueva reina heredó a los 37 años, edad en que se consideraba que una mujer era ya mayor y estéril. El abandono de su padre había dejado a María sin marido, sin hijos y la humillación que había sufrido al firmar la famosa Acta de Enrique había hecho crecer en ella un odio irrefrenable por la nueva religión.


Por eso cuando María fue reina lo primero que hizo fue regresar a su reino a la verdadera religión, al catolicismo de Roma, o por lo menos esa fue su intención. Pero las almas de los hombres no son tan fácilmente gobernables, como tampoco lo fue su alma, y los ingleses que ya habían aceptado la nueva religión no deseaban regresar a la vieja creencia. Cientos de personas fueron quemadas en las hogueras de la inquisición marista y es por esto que se la conoce como Bloody Mary.


Sin embargo, María tenía todavía un problema mayor, su descendencia. Tenía 37 años, no estaba casada y de morir sin hijos, la sucedería su hermana menor, Isabel, la hija de Ana Bolena esa mujer que tanto sufrimiento le había provocado, todo esto sin mencionar que Isabel también había sido educada en la nueva religión. María simplemente no podía aceptarlo.


La nueva reina buscó marido y lo encontró, el prometido era Felipe Habsburgo, el hijo de Carlos V (con quien, si recordamos, María había estado comprometida de niña), futuro rey de España y que tenía 9 años menos que ella. Esta decisión no fue fácil para María, Felipe era un príncipe católico y como tal era muy poco bienvenido en Inglaterra. Tampoco fue fácil para Felipe que era mucho menor que ella, y que debía desposar a una mujer mayor, que había sido atractiva pero que ya no lo era. Pero el juego de alianzas era más importante que los deseos y el casamiento igualmente se llevó a cabo. María se enamoró perdidamente de Felipe, pero no fue correspondida. Si bien se sabe que Felipe siempre la trató cordialmente, nunca sintió deseos por ella y mucho menos la amó. Felipe, que estaba por heredar, estuvo sólo en dos oportunidades en Inglaterra y las dos veces María pensó que había quedado embarazada. Sin embargo María murió a los 42 años sola y sin herederos. En el lecho de muerte aceptó que Isabel fuera su heredera y le pidió que no les negase a los hombres la misa y el amor de la Virgen a lo que Isabel contestó que ella sólo haría lo que su conciencia le dictara, una manera muy educada de negarse a la petición de una moribunda.


María Tudor nació y creció como una típica princesa del siglo XVI, las casas reinantes de Europa la disputaron, fue una mujer educada y graciosa, bella e inteligente. Su futuro era ser la reina de alguna de las potencias del continente, amada por su padre y su madre María había sido una niña feliz. Pero el egoísmo y despotismo de su padre se interpusieron en su camino. Desde el divorcio de Enrique la vida de María fue una constante de humillaciones, tristezas y enfermedades que condujeron su vida hacia un final casi patético, el hijo que ella pensaba que llevaba dentro suyo no era más que un tumor que hinchó su vientre y que finalmente le provocó la muerte.


Lic. Diana Fubini

Bibliografía Utilizada


  • Whitelocke, Anna, Mary Tudor. England's first queen, Londres, Bloomsbury, 2009


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