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La Gloria de los Vencedores


Los tiempos de hoy no son los de hace 2500 años. Hoy tomamos un avión y al otro día podemos estar, si queremos y contamos con el efectivo, en alguna ciudad del mundo para ver un partido del Mundial de Fútbol, algún Grand Slam o las Olimíadas. Muy por el contrario, en el siglo V AC, hombres de todos los rincones del mundo griego partían en grupo y realizaban un viaje a pie que desde los lugares más lejanos podía llevar hasta más de 15 días para llegar a la ciudad de Olympia. Estos hombres y mujeres viajaban con el mismo objetivo que hoy en día, presenciar los Juegos Olímpicos, que nacieron en Grecia y en cuya esencia están inspirados los juegos modernos.


Después de una larga travesía por rutas mal señalizadas, durmiendo a la intemperie y arriesgando la vida en caminos de ripio, una vez llegados a Olympia los peregrinos participaban de cinco días de festividades que incluían sacrificios a los dioses, banquetes y competencias deportivas. Los Juegos Olímpicos eran uno de los cuatro festivales pan-helénicos, es decir festivales nacionales griegos y era ante todo una festividad religiosa antes que deportiva. Cada cuatro años todo el mundo griego honraba a Zeus (el rey del panteón) peregrinando hacia esa ciudad, sacrificando toros en su honor y compitiendo entre sí. Era tan importante esta festividad que durante los días en que esta se llevaba a cabo se frenaban las guerras y se ponían de lado las diferencias con los enemigos. Un ejemplo de esto era que la agresión a un peregrino que se dirigía hacia Olympia podía ser fuertemente penalizado. De hecho el feroz rey Filipo de Macedonia, padre de Alejandro Magno, tuvo que disculparse cuando algunos de sus mercenarios asaltaron a unos peregrinos olímpicos en uno de los caminos. Para el griego de la antigüedad la Olimpíada era un evento de suma sacralidad y respeto con un propósito más álgido que el del deporte.


Sin embargo, más allá de lo sacro de la festividad, las competencias deportivas sí eran el centro de atracción de estos cinco días.


Durante los primeros siglos de existencia de las Olimpíadas los atletas que participaban eran de pueblos cercanos a Olympia pero a medida que fueron pasando los siglos comenzaron a llegar atletas de toda Grecia.


Entre las obligaciones de los atletas estaba marchar hacia el Templo de Zeus donde los recibía una enorme estatua del dios de 12 metros de alto cubierta de oro y marfil (¡una de las 7 Maravillas del mundo!) donde sacrificaban 100 toros en su honor que luego se comían en un gran banquete.Los competidores debían también jurar ante el dios que no harían nada para deshonrar los juegos pues la competencia era fundamentalmente para complacer a Zeus y, finalmente, juraban que habían seguido los reglamentos de entrenamiento durante los 10 meses precedentes.


Obviamente hoy en día el número de deportes que se practican en las Olimpiadas supera con creces a los juegos de la antigüedad, sin embargo algunos se mantienen como el lanzamiento de jabalina, el salto en largo, las carreras y el boxeo. Por otro lado, en la antigüedad había deportes que hoy no se practican y otros que sí pero que en esos años se ejecutaban de manera muy diferente, me refiero particularmente a los deportes de combate.


Si bien los atletas competían por algún que otro premio monetario, en general los que salían victoriosos obtenían premios simbólicos como una corona de laureles, tal vez un escudo, ánforas con aceite de oliva o una comida gratis de por vida en su ciudad de origen. Sin embargo, el verdadero premio para el ganador era obtener honor y fama (Kleos), esta última era considerada el antídoto perfecto para vencer a la lúgubre oscuridad de la muerte. Obteniendo kleos el nombre de un hombre traspasaba su vida física, con la fama sus nombres serían recordados por siempre y de esta manera se vencía al olvido que conllevaba la muerte. Los valores griegos eran muy diferentes a los nuestros. Veamos por ejemplo las palabras que expresó el Baron Pierre de Coubertin, el fundador de los Juegos Olímpicos modernos en 1908: “El propósito de estas Olimpíadas no es ganar sino participar en ellas”. Muy por el contrario, en la antigüedad, lo importante era salir vencedor, ser famoso, demostrar que se era uno de los más fuertes de Grecia. De hecho, hoy en día conocemos sólo los nombres de los vencedores de los Juegos antiguos y ¡desconocemos absolutamente todos los nombres de los participantes que no ganaron! En Grecia se competía sólo para ganar.


Los deportes cuya gloria era perseguida por la mayoría de los atletas eran los de combate, veamos un poco de qué se trataban.


Estos eran de los más atrayentes y en general tenían mucho público. Estaban pensados para ser físicamente muy exigentes; no había límites, ni rounds como conocemos hoy, tampoco periodos de descanso ni se contemplaba el calor en pleno verano. La pelea finalizaba una vez que se llegaba a un knockout, a la muerte del contrincante o cuando uno de los competidores se rendía. Un dato muy importante por ejemplo es que no había separación por pesaje, por tanto podían verse combates entre dos hombres de tamaños totalmente diferentes, y si piensan que el más grande podía llegar a mostrar algo de piedad se equivocan, en el combate no había lugar para la misericordia. Por esta razón, era muy común que los luchadores más pequeños ni siquiera se presentaran a las peleas cuando sabían que debían hacerlo con un hombre del doble de su tamaño. En la inscripción que honra al vencedor de lucha de un tal ClaudiosMarcianus se puede leer por ejemplo “Cuando se quitó sus ropas todos sus oponentes rogaron que se los eliminara de la competencia”.


Uno de los deportes de combate era el box pero era muy diferente al moderno. En principio, hoy en día se hace todo lo posible por mantener la integridad de los competidores utilizando por ejemplo guantes que absorben el golpe en vez de transmitirlo, protectores bucales y protección en la ingle y el bajo abdomen, entre otras cosas. En Grecia nada de esto era tenido en cuenta, es más, los griegos celebraban el peligro de este deporte y el daño que causaba y no hacían nada voluntariamente para hacerlo más soportable. No se usaban guantes, se podían usar tiras de tela o cuero que eran mucho más dolorosas que el puño desnudo, no se permitía el clinching (cuando los jugadores se “abrazan” para frenar el ritmo de la pelea) y el concepto de ganar por puntos era totalmente desconocido. Pero nada mejor para comprender la diferencia entre el box actual y el antiguo que basarse en lo que nos ha dejado la antigüedad. Según la Asociación Amateur de Box de USA “El principal objetivo del reglamento del box Olímpico es el cuidado y protección de los boxeadores” mientras que se puede leer “La victoria de un boxeador se consigue con sangre” en una inscripción del Siglo I A.C. que elogia a un boxeador que ha salido victorioso.


Otra de las disciplinas de combate era la lucha. Ésta no terminaba con la sumisión o incapacitación del oponente sino que el vencedor conseguía la maestría en la técnica por sobre el otro. Los griegos admiraban la lucha por el nivel de habilidad y ciencia que requería. Este era un deporte mucho menos peligroso que el box, era más un arte de las diferentes maneras de inmovilizar al oponente, de taclear, etc. El Objetivo era hacer caer al oponente y lograr que tocara con su espalda u hombros el piso. Cuando un jugador caía en tres oportunidades perdía el juego.


Había una tercera disciplina de combate, el Pancratium. En este estaba todo permitido excepto morder o arrancar partes blandas del cuerpo del contrario. La diferencia con el deporte que se conoce hoy en día como extreme fighto “vale todo” es que lejos de ser un deporte marginal como lo es hoy, el Pancratium era parte central del mundo atlético griego. Patear era una parte esencial sino el emblema de este deporte, pero se podía hacer prácticamente de todo. Una de las técnicas más efectivas y utilizadas era pegar con la rodilla la ingle del contrincante, otra era doblar hacia atrás los dedos del oponente hasta que este se rendía. El multi campeón Sostratos de Sikyon había hecho famosa esta técnica y muchos de sus oponentes daban por perdido el encuentro antes que enfrentarse con él.

Un típico enfrentamiento de pancratium se vislumbra en este relato de la antigüedad: “Estos hombres de pie, cubiertos de polvo se golpean y patean entre ellos en cada ataque. Y ahora parece como si este pobre desdichado estuviera por escupir también sus dientes, su boca está llena de sangre y arena, pues ha recibido recién un golpe en la mandíbula”.


Cualquiera podía participar de estos juegos sin importar la condición social pues una vez que entraban en la competencia eran todos iguales, atletas que buscaban demostrar que eran los mejores de Grecia. Se perseguía más el honor que el beneficio monetario, sino no se explicaría por qué personajes de los más ricos de Grecia participaban una y otra vez en las competencias.


Se desconoce el verdadero inicio de las olimpiadas en Grecia, se le da la fecha de inicio en el año 776 AC basándose en el Registro Olímpico, que es una lista de vencedores olímpicos compilados por el griego Hippias de Elis en el siglo V y luego continuado por otros. Sin embargo hay evidencia de que los juegos son más antiguos y que podrían retrotraerse hasta el siglo XI AC.


Con la llegada del cristianismo los Juegos Olímpicos llegaron a su fin. Los festivales paganos fueron poco a poco eliminados hasta que el emperador romano Teodosio los prohibió definitivamente en 393 DC.


Lic. Diana Fubini

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