La Guerra de Independencia Española | Especial Semana de Mayo | Huellas de la Historia
- Lisandro Rappetti
- hace 31 minutos
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Para entender mayo de 1810 hay que mirar hacia el otro lado del océano. Lo que ocurría en España era tan convulsionado que hacía inevitable lo que vino después.

El año 1807 encontró a Europa en un estado de agitación permanente. Napoleón Bonaparte y sus ejércitos habían trastocado el orden geopolítico del continente, y España no era la excepción. El clima político en la península era de profunda incertidumbre, y las consecuencias de esa inestabilidad se sentirían hasta el último rincón del imperio colonial.
El punto de quiebre: Trafalgar y sus secuelas
Todo tenía un antecedente clave. La derrota de la flota combinada franco-española frente al almirante Nelson en Trafalgar había dejado a las colonias americanas prácticamente sin protección naval. Lo que antes era un escudo ahora era una vulnerabilidad enorme, y las potencias que miraban con codicia esos territorios lo sabían perfectamente.
Gran Bretaña, acorralada por el bloqueo continental napoleónico y necesitada de nuevos mercados tras perder sus colonias norteamericanas, tenía motivos más que suficientes para intentar aprovechar ese vacío. No es casualidad que precisamente en 1807 se produjera el intento británico de tomar el Virreinato del Río de la Plata.
El plan maestro de Napoleón
Para neutralizar a Inglaterra, Napoleón necesitaba cerrar la única vía que le quedaba abierta: Portugal, aliado incondicional de los británicos y puerta de entrada de sus productos al continente europeo. La solución fue el Tratado de Fontainebleau, por el cual España y el imperio napoleónico acordaron repartirse Portugal.
Lo que vino después fue una jugada maestra de engaño. Un ejército francés de 28.000 hombres ingresó a España con el pretexto de combatir a los portugueses. Pero en lugar de actuar como aliado, fue apropiándose sistemáticamente de cada fortaleza española que encontraba a su paso. El objetivo real era otro: controlar el territorio español desde el norte hasta el Ebro.
La familia real intentó huir hacia las colonias americanas, pero fue demasiado tarde. Bonaparte hizo encarcelar tanto a Carlos IV como a su sucesor Fernando VII, y para finales de marzo las tropas francesas ya ocupaban Madrid.
El 2 de mayo: cuando España dijo basta
El 2 de mayo de 1808 estalló el levantamiento popular que Goya inmortalizaría en su brutal serie sobre los desastres de la guerra. Pero más allá de la represión francesa que desencadenó ese día, ese momento marcó el inicio de una transformación profunda de la sociedad española.
El vacío de poder generado por la caída de las instituciones tradicionales obligó a los ciudadanos a organizarse desde abajo. Surgieron juntas provinciales y nacionales integradas por figuras prominentes de cada región, que asumieron la responsabilidad de resistir la ocupación y gobernar en ausencia del rey legítimo.
El 19 de julio de 1808, en la batalla de Bailén, el ejército español derrotó por primera vez en campo abierto a las fuerzas napoleónicas. Entre los combatientes de ese día estaba un joven oficial que la historia recordaría como el Libertador de América: José de San Martín.
La catástrofe y la resistencia
La euforia duró poco. Napoleón envió entonces a sus mejores tropas, encabezadas por él mismo, y los ejércitos españoles sufrieron derrotas devastadoras. La batalla de Ocaña fue especialmente cruel: más de 8.000 bajas y la pérdida de casi todo el armamento disponible.
Solo Cádiz resistió, protegida por la flota británica. Y fue precisamente allí donde ocurrió algo históricamente notable: los liberales españoles, reunidos en esa ciudad sitiada, disolvieron la junta central y convocaron a las primeras cortes parlamentarias para redactar una constitución de carácter liberal.
Mientras tanto, José Bonaparte, hermano de Napoleón y nuevo rey impuesto, gobernaba desde Madrid rodeado de los llamados "afrancesados", intelectuales y funcionarios que apostaban por la modernización del país de la mano del nuevo orden napoleónico. Entre sus medidas más significativas estuvo la abolición de los privilegios feudales, una ironía histórica que no pasó desapercibida.
La vuelta al revés de las alianzas
Uno de los capítulos más paradójicos de este período es el giro en las alianzas internacionales. España, que había combatido contra Inglaterra de forma intermitente durante más de dos siglos, se vio de repente convertida en su aliada frente al invasor francés. Y Gran Bretaña, que apenas un año antes había intentado arrebatarle el Río de la Plata, se convirtió en el principal sostén de la resistencia española.
La historia pocas veces es tan irónica como cuando lo intenta en serio.
La Constitución de 1812 y el final de una era
La guerra dejó a España con más de un millón de muertos. Pero dejó también una constitución liberal, promulgada en 1812, que convertía al país en la cuarta potencia del mundo en contar con una carta magna de ese carácter, detrás de Inglaterra, Estados Unidos y Francia. Era un logro extraordinario para una nación que había pasado varios años combatiendo una ocupación extranjera.
El final, sin embargo, fue amargo. Cuando Fernando VII regresó al trono en 1813, reconocido como rey legítimo a cambio de neutralidad en las guerras europeas, lo primero que hizo fue disolver las cortes y abolir la constitución. España volvía a ser una monarquía absoluta.
Lo que todo esto tenía que ver con América
Este torbellino de eventos no era un asunto lejano para las colonias americanas. Era exactamente el contexto que hacía posible, y en muchos sentidos inevitable, lo que ocurriría el 25 de mayo de 1810 en Buenos Aires. Un rey preso, instituciones derrumbadas, una metrópoli en guerra consigo misma y con el mundo. El Río de la Plata no actuó en el vacío: actuó en medio de una crisis imperial que nadie había previsto y que nadie sabía cómo terminaría.
Esa es la historia que suele quedar fuera del relato escolar del acto patrio. Y es, quizás, la más importante de todas.
Lisandro Rappeti
Adaptación basada en el artículo "La guerra de independencia española" de Lisandro Rappetti, publicado en el número 1 de la revista Huellas de la Historia (mayo de 2015, ISSN: 2524-9959).










































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