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Nakba, las abuelas y las llaves de Palestina | Huellas de la Historia

Qué fue la Nakba palestina de 1948, cuántos fueron expulsados, qué significa el símbolo de la llave y por qué esta historia sigue viva hoy. Una explicación histórica completa para entender el conflicto palestino-israelí desde sus raíces.

nakba palestina llaves

Tiene 102 años en esta foto. Nació cuando Palestina era todavía parte del Imperio Otomano allá por 1911. Vivió bajo el mandato británico, vio llegar a los primeros colonos, escuchó las primeras bombas. Y en 1948, cuando tenía 37 años y una vida construida, tuvo que irse.


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No sabemos su nombre. La foto circula por el mundo desde 2013 con un solo pie de página: "mujer palestina de 102 años, Hebrón, Cisjordania". Esa anonimización involuntaria dice mucho: el sistema que la expulsó también borró su nombre de los registros.


Pero lo que sí sabemos es lo que sostiene en sus manos y extiende hacia la cámara como si quisiera entregársela al mundo: una llave de hierro. La llave de su casa. La misma que cerró un día de 1948 pensando que volvía en unos días.


Guardó esa llave durante 65 años.


Eso es lo primero que hay que entender sobre la Nakba. Además de ser el nombre de un proceso histórico, son personas, humanos. Son unas llaves en las manos de una anciana de 102 años que todavía espera. Esa llave que tiene nombre. Tiene historia. Y tiene una fecha de origen: el 15 de mayo de 1948.


El día que el pueblo palestino llama Al-Nakba: la catástrofe.


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Qué significa Nakba: más que una palabra

Nakba es una palabra árabe que significa catástrofe o desastre. Pero definirla así es quedarse muy corto.


El 15 de mayo marca el aniversario de la Nakba, un suceso histórico que marcó el antes y el después del devenir del pueblo palestino. La violencia culmina con la declaración de independencia del Estado de Israel el 14 de mayo de 1948, lo que lleva a la expulsión de más de la mitad de la población palestina de su territorio, a la ocupación del 77% de la Palestina histórica y a la derrota militar de los aliados árabes.

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Fue, en palabras de historiadores y organismos internacionales, un proceso deliberado de limpieza étnica.


Entre 1947 y 1949, las milicias sionistas arrasaron, destruyeron y saquearon más de 500 ciudades, aldeas y pueblos palestinos, asesinaron a unas 13.000 personas, hirieron a más de 30.000, y expulsaron por la fuerza y el terror a 800.000 personas, la mitad de la población nativa de Palestina, convirtiéndolas en refugiadas a quienes hasta el día de hoy se les prohíbe regresar a sus hogares y tierras.


El contexto histórico: cómo llegó el mundo a ese punto

Para entender la Nakba hay que entender qué pasó en las décadas anteriores. Nada ocurre en el vacío.


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Tras su conquista por los británicos durante la Primera Guerra Mundial, el mandato de Palestina había permanecido bajo administración británica. El Reino Unido permitió la llegada de numerosos inmigrantes judíos de todo el mundo, y en 1947 ideó un plan para concederles un estado propio dividiendo la región entre árabes e israelíes. Las Naciones Unidas secundaron este proyecto el 29 de noviembre en su resolución 181, imponiendo un Plan de Partición que creaba un nuevo país en zonas habitadas por los árabes.


En nuestras Charlitas de Historia conversamos con Gabriel López y nos ponía en un contexto aún mayor de lo que significó la Nakba como un eslabón histórico de las agresiones de Israel:


"Tengamos en cuenta que hay ideólogos dentro del sionismo —Ben-Gurion, Jabotinsky, entre otros— y vínculos primero con Gran Bretaña y luego con Estados Unidos. La construcción de la historia israelí tuvo un fuerte legitimador en recurrir a decir "fuimos perseguidos durante el genocidio nazi, necesitamos un refugio". Pero lo particular es que, a diferencia de lo que puede ser un estado moderno democrático, donde cualquiera que quiera habitar el territorio puede nacionalizarse, acá es totalmente lo contrario. Ese es el punto nodal: Israel es un estado que se concibe exclusivamente para judíos, lo que implica tanto la expulsión de la población local como de sus descendientes posteriores.


"Por eso en 1948, cuando se construye el Estado de Israel, se produce la Nakba: la expulsión de 750.000 personas palestinas, con la destrucción de más de 800 aldeas, la destrucción de su memoria histórica y de su patrimonio cultural.


"Luego en 1967, en la llamada Guerra de los Seis Días, Israel logra conquistar lo que se conoce como la Palestina histórica, además de Sinaí, Jordania, los Altos del Golán y la zona del Río Litani en el Líbano. Todo ese territorio controlado por Israel queda bajo estatus de ocupación militar y no es reconocido por la comunidad internacional.


"Lo que vemos hoy es el proceso continuo de judaización de los palestinos que lograron quedarse. Uno de los métodos de expulsión más terroríficos es la demolición de casas: no viene una topadora y las demuele, sino que se obliga a los propietarios a destruir su propia casa y además a pagar por esa destrucción. Eso los convierte en refugiados.


"Hay que tomar dimensión de lo que es Gaza: 41 kilómetros por 6 kilómetros, donde habitan más de 2 millones de personas. Es el territorio más densamente poblado del planeta, con 5.200 personas por kilómetro cuadrado. Sus límites están controlados por Israel y por Egipto. Es una cárcel a cielo abierto, que puede ser abastecida tan solo por la agencia de la ONU para refugiados palestinos y la ayuda internacional. La Unión Europea, por ejemplo, le construyó un puerto y un aeródromo a Gaza, y cuando terminaron de construirlos, Israel los destruyó.

Volviendo a la Nakba y los métodos de esta confiscación, fueron especialmente brutales, con el bombardeo de la población civil mediante morteros antes de entrar casa por casa expulsando a los palestinos a punta de bayoneta. La Haganá recurrió también a la presión psicológica, lanzando folletos y proclamas por radio y altavoz para meter el miedo en el cuerpo a los locales antes de su desahucio. Las tierras así vaciadas fueron nacionalizadas por el estado israelí.


750.000 personas en el camino: el éxodo palestino

En pocos meses, Palestina se vació de su población originaria.


La Nakba marca la huida o expulsión durante la guerra de 1948 de unos 750.000 palestinos, dos tercios de quienes vivían en el territorio que acababa de convertirse en Israel, y la destrucción y borrado de más de 500 aldeas.

Los que pudieron huyeron hacia Gaza, el Líbano, Jordania, Siria y Egipto. Muchos terminaron en campos de refugiados que iban a ser "temporales" y que todavía existen hoy, siete décadas después.


En total se crearon 350 nuevos asentamientos israelíes, en un proceso de sustitución poblacional que no hizo sino acelerarse con la expansión territorial de Israel en la Guerra de los Seis Días y las Intifadas posteriores.

Sobre las aldeas destruidas se plantaron bosques y parques. Los nombres fueron borrados de los mapas. Las casas fueron ocupadas o demolidas. Una civilización entera fue sistemáticamente desaparecida del registro oficial.


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El símbolo de las llaves de la Nakba Palestina: el derecho al retorno

Cuando hablamos de Historia y procesos complejos tenemos la tendencia de olvidarnos de lo que nos hace humanos. La Nakba, como todo episodio trágico tiene sus propias historias. Las abuelas y las llaves son parte de esa historia de dolor.


Cuando esas 750.000 personas huyeron, muchas se llevaron lo único que podían cargar: la llave de su casa. Lo hicieron porque creían que volvían pronto. Y cuando no pudieron volver, la llave se convirtió en algo más que un objeto.


nakba palestina llaves

La llave palestina es el símbolo de los hogares perdidos en la Nakba. Después de 78 años, la llave sigue siendo un potente símbolo recordatorio de la pérdida y la injusticia física y emocional. Se considera símbolo de una esperanza de regreso, así como reivindicación de los bienes perdidos. Suelen encontrarse réplicas enormes de estas llaves en los campos de refugiados palestinos, y a menudo se utilizan en manifestaciones pro-palestinas en todo el mundo como símbolo colectivo del derecho de retorno.


La entrada al campo de refugiados está coronada por una inmensa llave de hierro en la cual están grabados los nombres de los lugares de origen. La llave representa a todas las llaves individuales de las casas que las familias se vieron forzadas a abandonar y a las que esperaban poder regresar en pocos días. Hasta hoy no pudieron, porque sus aldeas fueron borradas del mapa y tapadas con bosques o parques.


Las llaves pasaron de abuelas a madres, de madres a hijos, de hijos a nietos. Se convirtieron en testamentos. En documentos de identidad. En certificados de propiedad que ningún tribunal reconoce pero que ninguna familia olvida.


Safi tiene 78 años y cuenta "El legado de mi padre es la llave de la casa" (...) "que llevaba colgada del cuello, especialmente en los aniversarios de la Nakba. Cuando murió, la heredé" y continúa “Cuando tuve edad suficiente, preguntaba por qué vivíamos en tiendas de campaña mientras que los pueblos vecinos tenían casas de piedra y cemento; fue entonces cuando aprendí sobre la Nakba.” (TRT, 2025)


Una catástrofe que no termina: la Nakba como proceso continuo

Uno de los errores más comunes al hablar de la Nakba es hablar de ella en pasado. Como si fuera un evento cerrado, archivado en 1948 pero no es así.


La Nakba provocó un exilio forzoso que llevó a más de 700.000 personas lejos de sus hogares. Ellas y sus descendientes han sido forzadas a vivir como refugiadas, apartadas de sus casas y, en muchos casos, también de sus seres queridos. Así, el pueblo palestino sufre un largo proceso de desposesión, expulsión y falta de acceso a derechos dentro y fuera de su territorio. Numerosas resoluciones de la ONU han condenado reiteradamente el proceso ilegal de ocupación que Israel ha ido afianzando con el paso de los años y las décadas.


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Fatima Ubeid, de 95 años y superviviente de la Nakba de 1948, ha sido desplazada más de diez veces desde octubre de 2023. Para ella, el presente no está separado del pasado: "Cada Nakba es distinta. Pero esta es la más dura." Calcula que unos 70 miembros de su familia extensa murieron en ataques aéreos, y ramas enteras de su familia, dice, ya no existen. (El País, 2026)


Hoy, la población refugiada palestina asciende a 5,9 millones de personas repartidas por todo Oriente Próximo. Son la tercera generación, en muchos casos la cuarta, de personas que nacieron como refugiadas y que siguen sin poder volver.


La memoria como resistencia: "los viejos morirán, pero los jóvenes no olvidarán"

El fundador del Estado de Israel, David Ben-Gurión, dijo una vez que no había nada que temer: "Los viejos morirán y los jóvenes olvidarán."


Se equivocó.


Las y los jóvenes, lejos de olvidar, dentro y fuera de Palestina son custodios de las llaves y la memoria de sus mayores, y en cada nuevo aniversario de la Nakba se congregan en todo el mundo en torno a la consigna: ¡Sanaúd! ("Volveremos").


Las "niñas de la Nakba" —ancianas que tenían pocos años cuando sus familias fueron expulsadas— llaman a sus nietos "los niños del retorno a Palestina". Suelen hacer reuniones entre palestinos de diferentes generaciones, incluso entre los más pequeños y los más viejos, para mantener viva la memoria.


mohamed darwish poeta palestino nakba

En "Poema de Beirut" (1984), Mohamed Darwish deja correr la tinta como memoria de su pueblo


Levantaos, seres queridos, regresad a casa,

volved al viento que, de nuestros costados, ha arrancado el sur de la tierra,

volved al mar que no recuerda ni a los muertos ni a los vivos.

Volved de nuevo

porque no hemos seguido en vano vuestras huellas.


Por qué conocer la Nakba importa hoy

Lo que hoy vemos en Gaza, en Cisjordania, en los campos de refugiados del Líbano, no surgió de la nada. Tiene raíces. Tiene un nombre. Tiene un origen documentado, denunciado por la ONU en decenas de resoluciones, y tiene rostros concretos: el de una abuela con una llave en la mano que lleva 78 años esperando poder abrir su puerta.


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La Nakba no se conmemora como un suceso histórico del que ha pasado mucho tiempo, o un momento triste en un lejano pasado. Todo lo contrario: es el horror diario que se sigue viviendo cada instante. El dolor de la herida abierta que no ha cicatrizado.


Conocer la Nakba no es tomar partido en un "conflicto". Es comprender la historia contemporánea con honestidad. Es entender que detrás de cada noticia sobre Gaza, Cisjordania o Jerusalén hay una continuidad histórica que empezó décadas atrás, con milicias, con folletos de propaganda lanzados desde aviones, con topadores derribando casas, y con familias que se fueron cerrando la puerta con llave pensando que volvían mañana.


Setenta y ocho años después, todavía esperan.


Pablo Javier Coronel


Referencias:


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