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Aristocracia y dominio señorial en la Europa Medieval


A la hora de pensar el desarrollo de Europa Occidental durante la Edad Media es necesario establecer que las dinámicas que tuvieron lugar antes del siglo XI son cualitativamente diferentes a las posteriores. La desintegración del Imperio Carolingio iniciada tras la muerte de Carlomagno en el 814 y la conformación de los nuevos reinos tras la firma del Tratado de Verdun en 843, provocó “la dislocación del marco político de referencia que era el Imperio”. Sin embargo, esto no supuso un estado de desorden total puesto que el poder una vez fragmentado, se consolidó a nivel local. El paso del sistema domanial al señorío banal se encuadra dentro de este contexto en el cual las relaciones en el seno de la clase de poder, las relaciones de esta con la clase sometida y el marco espacial en el cual se asentaron sufrieron transformaciones. Feller en su análisis de las transformaciones que se dieron marca que “el occidente del siglo XII no se parece de ninguna manera al del siglo IX”. No obstante, como todo proceso histórico, las lecturas que se dan de estos cambios no son las mismas.


El sistema domanial siguiendo el análisis de Toubert fue una creación medieval que funcionó entre los siglos VIII y X. Apoyado en fuentes de dominios fiscales y eclesiásticos originarios de las regiones italianas del Lacio y Sabina, realiza una descripción de sus estructuras y como estaban articuladas. Esta constaba de dos partes, la Reserva señorial, sujeta a explotación directa de los señores, y los mansos, de explotación indirecta, que eran el asiento de las familias campesinas nucleares. El funcionamiento de las dos partes según el autor se da de manera complementaria ya que las familias asentadas en los mansos “estaban obligadas, respecto del manso principal dominical, a servicios y prestaciones de trabajo habituales a cambio del goce hereditario del manso”, lo que denomina corveas. En cuanto a la forma de localización en el espacio, el autor habla de que era un sistema caracterizado por la fragmentación y dispersión de sus partes integrantes, beneficioso ya que facilitaba la autosuficiencia del sistema. La explotación de esta manera se establece de manera individual entre el señor y cada manso. A partir de esta descripción, el autor considera que “la realidad dominial es la propia de un organismo dinámico, sometido a una constante remodelación de estructura”. Debido a esta ultima característica, el autor va a defender la idea de que a partir del siglo X, los señores van a encabezar un proceso de reordenamiento para poder mejorar el control y la explotación a fin de aumentar los beneficios que pueden extraer del sistema. Toubert va a relacionar esto con el movimiento de incastellamento que Feller recupera en su análisis a la hora de pensar en los cambios que se dan en el habitat. A diferencia de otros autores, va a presentar al sistema dominial como el motor de la economía dejando de lado la importancia que los alodios campesinos pudiesen tener, aplicándolo a todas las regiones del imperio franco.


Bonnassie por su parte, al analizar el caso de Cataluña, desestima que pueda considerarse para la región este sistema domanial. Para el autor el paso al señorío banal se dio a través del señorío castellano. Antiguos funcionarios del conde, los vicarii, portadores del mandamentum por gracia de este, frente a la desaparición de la estructura pública y judicial ocurrida a partir del siglo XI, no solo mantuvieron su posición sino que lograron expandir este poder. Al poder de mandar sobre los hombres y mujeres que vivieran dentro de sus castellanias, se le sumaba el poder de districtum, “esto es el derecho de juzgar o, mas precisamente, de castigar”. De esta manera el poder detentado por estos, ahora llamados señores, englobaba todos los aspectos, públicos y privados, de la vida de los campesinos. En este contexto desfavorable perdieron toda posibilidad de hacer frente a esta presión que iba en aumento, por lo que finalmente cayeron en una situación de servidumbre como consecuencia de la desposesión de sus tierras. Los campesinos según Bonnassie veían desgastada su posición desde el siglo X debido al proceso de concentración de tierras en manos de la nobleza y por haber quedado marginados de la estructura militar, por delimitarse como una actividad singular de la nobleza. Sin necesidad de rendir cuenta de sus actos y, usando a los castlans y cabalers para instaurar un “régimen de terror regulado”, tuvieron el camino libre para cargar a todos los campesinos con obligaciones, algunas originarias del antiguo poder público, como el albergum o prestaciones militares, reemplazadas gradualmente por corveas; otras propias del señorío como las tallas, las toltas, las questas y finalmente las propias obligaciones banales que se impusieron para asegurar el control del señor sobre el proceso productivo como el derecho al uso de los molinos, los hornos, entre otros. Frente a este análisis Feller va a matizar la realidad que plantea Bonnassie para este periodo. Es erróneo generalizar el proceso de transformación para todas las regiones de Europa Occidental. Para él, a pesar de aumentar la presión señorial y la degradación de los campesinos libres, se pueden encontrar, en el siglo XI y en diferentes regiones, patrimonios campesinos libres capaces oponerse a esta situación. Sin embargo, es innegable el hecho que frente a este contexto de destrucción del poder central, hay un reordenamiento de los patrimonios aristocráticos que se ven favorecidos frente al de las familias campesinas.


Perdido el carácter imperial de estas aristocracias, la novedad según Feller es que el poder delegado con el régimen de la inmunidad por parte del soberano, consolida la dominación de los aristócratas, ya que pasa a ser considerado como un bien patrimonial transmitido mediante herencia frente al retroceso del poder real. La patrimonialización de este poder es analizada por Duby en los cambios que se dan a partir del siglo XI en Francia. A partir de la dinastía de los Capeto se da un proceso de fragmentación del poder en unidades autónomas menores donde los dueños de los castillos consideran que su poder y posición ya no dependía del soberano sino que era parte constitutiva de su linaje, era un derecho heredable. Sin embargo, el autor establece la diferencia de que el rey al ser el vicario de dios en la tierra, tiene carácter sagrado, mientras que los castellanos no. Es por este motivo que para Duby no es conveniente llevar al extremo la idea de que el poder de los reyes se volvio irrisorio “porque la sociedad feudal nunca pudo prescindir de un rey: la presencia terrestre de un monarca le resultaba tan necesaria como la presencia invisible de Dios”. Wickham por su parte, tambien analiza este proceso de patrimonializacion del poder a partir de cuatro casos de familias aristocraticas ubicadas en España, Inglaterra, Sajonia y finalmente en Italia. La concesión de honores según este autor, había funcionado en un principio como una herramienta de control social que beneficiaba a los reyes ya que a través su entrega imponía una obligación positiva sobre los favorecidos que frente al temor de perderlos debían retribuirle el favor al soberano. Tanto Duby como Wickham establecen que a cambio de estos Honores y Beneficios, los vasallos estaban obligados a entregar consejo y prestar ayuda a su señor. De esta manera se establecia una relacion de dependencia personal entre miembros de la aristocracia donde el caballero pasaba a ser el hombre de otro. Los dos autores sin embargo, dejan en claro que este tipo de dependencia personal era propia de los miembros de la aristocracia por lo que no debe confundirse con las relaciones de dependencia en la que participaban los campesinos.. Según Duby, “para el caballero la sumision era libre, honorable, individual y ligera”, mientras que para los campesinos esta era “total, involuntaria, indefinidamente prolongada de generacion en generacion en la progenitura”. Establecida a traves de una serie de ritos y homenajes cada vez mas complejos empezaban a ser, según Wickham, “la clave del poder politico efectivo”.


A partir del siglo XI las familias aristocráticas “se vinculan a un territorio restringido que les es propio y define su identidad, en el centro del cual se halla el castillo, símbolo de poder y mecanismo de dominio militar, tanto como lugar de prestigio y memoria”. Construcciones con fines defensivos los autores las encuentran antes del siglo X. Wickham menciona que desde el siglo VI eran comunes, pero menciona que “en su mayoria se trataba de estructuras publicas, controladas por los reyes y sus funcionarios, y a menudo incluian areas extensas dentro de las murallas; eran poblaciones fortificadas, mas que residencias de elite”. Por lo tanto, no se puede considerar de la misma manera a las primeras fortificaciones con respecto a las del siglo XI.


Al perderse el manto imperial que les permitía el intercambio y circulación de bienes entre las distintas partes de su dominio y también con otros, el mantenimiento de un patrimonio fragmentado y disperso se hace cada vez más difícil de sostener. Es a partir de esto que el habitat va a transformarse generando consecuencias también en la forma en la cual se va a reproducir las relaciones de explotación y en las propias formas de vida de la población. La formación o refundación de las aldeas a partir del siglo X va a ser “el punto de aplicación del punto del poder señorial”, las obligaciones que imponga el señor no van a ser establecidas de manera particular con cada manso, sino que van a tender a ser homogéneas para todos los miembros de que vivan dentro de estas. Dentro de estas va a construirse la institución más característica y duradera del medioevo, la parroquia. Como guía moral y espiritual de la aldea va a cumplir la función de ayudar a cohesionar a toda la comunidad, generando un sentido de pertenencia y conciencia comunitarias.


Como conclusion es importante destacar que a pesar de todos los cambios que tuvieron lugar a lo largo del periodo comprendido entre los siglos IX y XII, hay dos elementos que se mantuvieron constantes y que son mencionados por Feller, la brutalidad como caracteristica propia de las relaciones hacia el interior del señorio y, la posibilidad de movilidad social a traves del propio funcionamiento dinamico de este sistema.


Erika Rodríguez

Bibliografía y Citas

Feller, L. Campesinos y señores en la Edad Media. Siglos VIII-XV, Valencia, PUV, 2015, cap. 4: “Las transformaciones sociales de los siglos IX–XII”, p. 123.

Feller, L. Op. cit., p. 123.

Toubert discute la idea de que el gran dominio tenga sus orígenes en el Bajo Imperio romano. Vs germanistas y Romanistas.

Toubert, P. “El régimen domanial y las estructuras productivas en la Alta Edad Media”, en Castillos, señores y campesinos en la Italia medieval, Barcelona, Crítica, 1990, p. 39

Toubert, P. Op. cit., p. 35-36.

Bonnassie, P. “El señorío banal y los cambios en la condición del campesinado”, en L. Little y B. Rosenwein (eds.), La Edad Media a debate, Madrid, Akal, 1998, p. 199.

Bonnassie, P. Op. cit., p. 197.

Bonnassie, P. Op. cit., p. 216.

Duby, G. “Los feudales”, en B. Rojas (comp.), Obras selectas de Georges Duby, Mexico, FCE, 1999, p. 106.

Duby 113

Duby 112

Wickham 630.

Feller, L. Op. cit., p. 133.

Wickham 627-628

Feller, L. Op. cit., p. 155..

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