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La traición según Judas


Lo que les ofrezco hoy para leer no es una investigación personal. El tema sobre el que escribo es más bien un racconto de una investigación que han llevado a cabo importantes lingüistas reconocidos internacionalmente que tras años de estudio metódico han logrado traer al siglo XXI un descubrimiento revelador de la historia de la Iglesia. Personalmente es un campo de la historia que me llama mucho la atención y creo que es interesante y necesario conocer cuáles son los nuevos descubrimientos y qué cosas nuevas aportan estos hallazgos a nuestra cultura. Los invito a conocer en este post las reveladoras palabras de un texto del 200-300 d. C. que lleva el nombre de “Evangelio de Judas”.


Es muy probable que ningún padre elija el nombre Judas para su hijo, de hecho en algunos lugares se puede prohibir nombrar así a un niño, por ejemplo en algunos corrales la oveja que lidera a las demás hacia el matadero es llamada la “oveja Judas” y ¿cuántas veces hemos oído utilizar este nombre como un insulto? Judas es sinónimo de traidor desde los primeros años de la cristiandad, es un nombre maldito, es el discípulo que traicionó a Jesús.


Para quienes no saben de qué hablo, los pongo en tema muy brevemente. Jesús tenía discípulos y entre ellos se hallaba Judas Iscariote. Cuentan los evangelios aceptados por la Iglesia (Mateos, Marcos, Lucas y Juan) que Jesús sabía que iba a ser traicionado y de hecho es famosa su frase durante la última cena donde dijo a sus discípulos: “Uno de ustedes me traicionará”. Poco tiempo después Judas Iscariote llevó a los guardias romanos a donde se hallaba Jesús y para que pudieran reconocerlo lo besó en la boca, el famoso “Beso de Judas”. Lo que sucedió después, es la historia más conocida de la humanidad, la crucifixión de Jesús, la expiación de los pecados de la humanidad a través de su sacrificio, la resurrección y la ascensión a los cielos. Esta es la traición de Judas.


Ahora bien ¿qué pasaría si Judas no hubiera sido realmente un traidor? ¿Cambiaría en algo la historia del hombre o de la religión? Personalmente creo que no. El hecho de que Judas haya o no traicionado a Jesús, a mi parecer, no cambia significativamente lo que sucedió después de la supuesta traición y ya veremos por qué.


Los evangelios que conocemos y que forman partes de las Escrituras son el de Marcos, Mateo, Lucas y Juan. Estos cuentan la vida y enseñanzas de Jesús. Ahora bien, en los primeros años de la cristiandad, luego de la muerte del profeta, aquellos no eran los únicos textos que circulaban con este tipo de relatos. En general desconocemos dichos escritos pero existen y son muchos, y se los ha llamados “apócrifos”, que en griego quiere decir “esconder”, porque durante la formación de la religión cristiana y de su dogma algunos textos fueron aceptados por la Iglesia y otros descartados y en su mayoría escondidos para evitar su circulación. Pero la realidad es que existen otros evangelios y manuscritos que relatan otras historias, que a veces difieren de lo que dicen las Escrituras.


A lo largo de los años se fueron hallando diferentes escritos, de estos que habían sido escondidos y negados a la humanidad, y entre ellos se encuentra el Evangelio de Judas. Este papiro junto con otros fue descubierto en Egipto, en NagHammadi y entró rápidamente, como sucede muchas veces, en el mercado negro. Uno de los dealers que lo tuvo en su poder lo mantuvo durante más de 20 años guardado en una caja de seguridad

en New York buscando compradores. Un investigador de la National Geographic cuenta que fue llamado una vez a una habitación de un hotel en esa ciudad por una persona que decía tener unos papiros antiguos y que deseaba saber si tenían algún valor. Si bien no se le permitió tomar fotografías ni hacer notas, gracias a lo que pudo leer supo inmediatamente que se trataba de algo de valor, sin embargo contaba con un presupuesto mucho menor al que el vendedor pedía que eran 3 millones de dólares. Allí quedó entonces el manuscrito durante años hasta que fue obtenido por la suma de 300 mil dólares por una compradora que lo sacó del mercado negro y para no alargar más la historia, terminó finalmente en las manos de unos de los lingüistas y expertos en copto (la lengua que se hablaba en Egipto al inicio de la cristiandad) más importantes de hoy en día, el Profesor Rodolphe Kasser.


El manuscrito estaba casi en estado de pulverización por tanto el trabajo de restauración fue faraónico. Fue imperioso manipular los miles de fragmentos con pinzas para evitar futuras rupturas y cuando se logró ordenarlos se colocaron inmediatamente en placas de cristal al vacío, que es donde hoy se encuentran y donde permanecerán de ahora en más.

Debo mencionar antes de seguir que frente a un descubrimiento como este, siempre es imprescindible constatar primero su veracidad. Se sorprenderían al saber la cantidad de “hallazgos” que terminan siendo copias falsas realizadas con mayor detalle, por supuesto siempre con fines económicos; de hecho en algunas oportunidadesla comunidad científica ha sido engañada por algunas de estas copias.


Se tomaron entonces tres fragmentos diferentes del texto y se realizó la datación de Carbono 14, que como es muy larga de explicar y no compete a este texto directamente, los invito a leer sobre este método porque es realmente muy interesante y revelador. El resultado de la datación fue que los textos habían sido escritos entre el 220 y el 340 d. C., fecha muy cercana a los evangelios canónicos (los aceptados por la Iglesia) y a muchos de los llamados apócrifos. Se llegó a la conclusión entonces de que el texto era autentico.


Después de años de investigación lograron restaurar el 80% del manuscrito, que a la vista del estado en que llegó a manos de los expertos, es realmente un milagro. Una vez restaurado, el Profesor Kesser llevó a cabo la tarea de traducirlo.


Y aquí llegamos a lo que nos importa. Cada texto de la antigüedad o de épocas posteriores que ha sido descubierto y traducido es y ha sido importante para la formación de nuestro bagaje culturar y de nuestra historia. Sin embargo me animo a decir que textos como este enriquecen de manera trascendental nuestro conocimiento. Intento a veces imaginar el sentimiento de Kesser cuando meses después de tener el Codex en sus manos leyó en la última página la frase “El Evangelio de Judas”. ¿Qué tendría para contarnos, dos mil años después, el gran traidor de la humanidad? ¡Sin dudas yo habría querido saberlo al instante!

El texto era por demás revelador, el manuscrito muestra a Jesús y a Judas como dos personas muy cercanas y al discípulo como uno de los más interesados en las enseñanzas de su maestro, y a su vez se puede entrever un favoritismo por parte de Jesús hacia Judas.

Sin embargo lo más revelador del texto y déjenme citar textualmente a Kesser es que: “Jesús explica a Judas que deberá abandonar la comunidad de los 12 discípulos que no comprenden asuntos de nivel superior y le explica cuál será su papel posterior. Jesús dice que es necesario que alguien lo libere finalmente de su cuerpo humano y que él prefiere que esa liberación esté en manos de un amigo y no de un enemigo. Por eso le pide a Judas, que es su amigo, que lo entregue, que lo traicione. Entonces para el resto de la gente será un acto de traición pero entre ellos saben que no es así.”


Ahora simplifiquemos. Jesús había venido a este mundo para otorgar sus enseñanzas a los hombres a través de sus discípulos pero también su misión era expiar los pecados de la humanidad. Desde el Pecado Capital cometido por Adán y Eva, todos los hombres y mujeres eran pecadores al nacer y por tanto estaban condenados a la perdición. Jesús vino a la tierra como Dios y como hombre para salvar a los hombres y para enseñarle a la humanidad cómo redimir sus pecados a través de los Sacramentos. Por tanto, desde el sacrificio de Jesús en la cruz el hombre tiene la posibilidad de salvarse a través de la expiación de sus pecados. Jesús sabía cuál era su destino: morir por toda la humanidad, sufrir el tormento por todos los pecadores en la Tierra. Siguiendo esta línea de pensamiento entonces podríamos pensar que tiene lógica que Jesús hubiera pedido a su más querido discípulo que se sacrificara “traicionándolo” pues ese era su destino, morir. ¿Y por qué decimos “sacrificarse”? ¿No es Jesús quien se sacrifica? Por supuesto, pero también Judas. En el evangelio, Jesús dice a Judas que excederá a los demás discípulos pues él sacrificará al hombre que lo viste, es decir que sacrificará la parte humana de la esencia de Jesús a través de su traición, también le advierte que por esta razón su nombre será maldecido por las generaciones futuras, pero prefiere que el hecho lo lleve a cabo un amigo y no un enemigo. Según este manuscrito Jesús no sólo sabía que sería traicionado, esa es la historia que todos conocemos, sino que espera de su discípulo más querido que sacrifique su vida y su memoria al cumplir su voluntad. Podríamos pensar sin embargo que cuál era la necesidad de Jesús de ser traicionado si su destino era morir de todas maneras, podríamos sacar muchas conclusiones diferentes. La realidad es que la “traición” existió según los evangelios canónicos, la pregunta que se plantea hoy es si fue realmente una traición o si Judas simplemente cargó con el peso de un pedido del profeta.


Haya habido o no traición, a mi parecer la historia no cambia. Sí tal vez podríamos con este manuscrito reivindicar el nombre y la memoria de un hombre a quien se lo ha tildado de maldito desde el inicio de la cristiandad y que tal vez, si la historia fue como dice este texto, hasta podríamos considerarlo como un hombre valiente que cargó con el odio de la humanidad entera para satisfacer a su maestro.

Cada uno de nosotros, según nuestras creencias y cultura, elegirá creer o no en las palabras del Evangelio de Judas sin embargo sea cual fuere la elección lo fundamental de este descubrimiento es lo importante que es para el hombre conocer de cada historia todas sus versiones, aun cuando en algunas oportunidades se tenga que esperar dos mil años para conocerlas. Los primeros cristianos conocían este evangelio y es justo que hoy nosotros también lo conozcamos.


Lic. Diana Fubini



Bibliografía


  • Revista National Geographic , 6 de mayo de 2006,

  • Página web oficial de National Geographic: http://www.natgeo.tv/ar/especiales/judas/


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