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Las Situaciones Revolucionarias en Bolivia


En 1905 tiene lugar en Rusia una revolución desatada luego de la matanza ocurrida durante “el domingo sangriento”. A pesar de la creación de órganos de poder obrero y de la fuerte movilización de las masas, la respuesta contrarrevolucionaria del zarismo, enmarcada en la represión y de las medidas de apertura política buscadas por ciertos sectores de la burguesía, fueron determinantes ya que derrotaron finalmente al proceso revolucionario. Es a partir de este fracaso, que Lenin va a construir el concepto teórico de “situación revolucionaria”, retomado por Hobsbawm en su análisis acerca de la concepción de revolución, como proceso de transformación histórica y ruptura dentro de las sociedades. Como dice este último, los descontentos sociales y las crisis económicas por si mismos no devienen en revoluciones, para esto es necesario que tengan lugar ciertas condiciones, lo que igualmente no implica que estas desemboquen en una revolución. Las condiciones a las que hace referencia Lenin, son tres: en primer lugar a la crisis política de las clases dirigentes, en segundo lugar al creciente descontento de las clases dominadas lo que resulta en una activación política y, por ultimo, la de un creciente movimiento de las masas oprimidas.[1] Esto se puede resumir en una crisis general del sistema. El devenir de las situaciones revolucionarias en procesos revolucionarios según Hobsbawm implica la transferencia de poder de una clase a otra y el inicio de un nuevo marco institucional donde “una serie de fuerzas históricas mas allá del control de la voluntad deben hacer pedazos la envoltura de los viejos sistemas y regimenes de una u otra forma” (Hobsbawm; 1990: 24)


Este trabajo se va a centrar en analizar y aplicar estos conceptos teóricos en el caso boliviano en el periodo que va desde 1952 hasta 1971. Es importante subrayar que todo movimiento de transformación revolucionaria implica dialécticamente un movimiento contrarrevolucionario, por lo que el análisis va a estar marcado por la búsqueda de estos dos dentro del periodo tratado, esperando realizar una síntesis del mismo. El periodo que va desde abril de 1952 con el estallido de la revolución hasta agosto de 1971 esta marcado por dos situaciones revolucionarias cristalizadas con su correspondiente respuesta contrarrevolucionaria


La primera de estas situaciones tiene lugar en 1952 en un contexto marcado por la crisis del orden oligárquico. Retomando una idea de Rivera Cusicanqui, la derrota obtenida en la Guerra del Chaco había erosionado la legitimidad del régimen encabezado por los barones del estaño y los grandes terratenientes. El Estado boliviano hasta ese momento funcionaba como un sistema restrictivo en donde las relaciones clientelares denominadas pongaje dominaban el plano político imposibilitando la participación de los sectores que no entrababan en esta dinámica. En el plano económico también se veía una restricción al surgimiento de nuevos sectores de la burguesía, ya que la concentración de capital en pocas manos imposibilitaba una apertura en el proceso de acumulación capitalista. Como consecuencia de esta estructura de dominación existente, era visible un creciente descontento y critica hacia la oligarquía que se manifestaban a partir de la creciente politización de las masas a partir del creciente número de huelgas, levantamientos indios y luchas por la sindicalización de los obreros. La crisis del orgen oligárquico deviene en una crisis general del sistema que va a expresarse definitivamente cuando el ejército sea destruido y el poder de las armas pase a estar en manos de los obreros. Es en este punto del proceso que se puede dejar de hablar acerca de una situación revolucionaria para hablar de una revolución propiamente dicha.


Dentro de la revolución van a desenvolverse dos actores fundamentales a la hora de destruir el antiguo Estado boliviano, el movimiento obrero con los trabajadores mineros a la cabeza[2] y el Movimiento Nacionalista Revolucionario representante de esa incipiente burguesía. Estos representaban dos programas políticos diferentes. El primero, apoyado en las ideas de las Tesis de Pulacayo[3], inspiradas en las ideas del trotskismo acerca de la revolución permanente e independencia del movimiento obrero en miras de la concreción de un estado socialista. Por el otro lado, el MNR se apoyaba en la idea de un programa nacionalista revolucionario para poder construir un estado capitalista moderno y desarrollado. Finalmente el programa que se impone va a ser el del MNR. Zavaleta Mercado al analizar este proceso plantea que el movimiento obrero a pesar de haber logrado obtener los medios para ejercer la violencia revolucionaria, fue incapaz de plasmar en los hechos su programa revolucionario. Según el autor esto es así porque la falta de un partido revolucionario como vanguardia revolucionaria para convertir a la clase obrera para sí, manteniendo su independencia con respecto al partido burgués; permitió que en el movimiento obrero y campesino se consolidara la ideología pequeño burguesa encarnada en el programa nacionalista del MNR[4], “el socialismo es lo inverso(a la burguesía), debe surgir conscientemente; sin la teoría, que es la conciencia científica, y sin el partido, que es la conciencia organizada, el socialismo no puede existir” (Zavaleta Mercado, 1973: 424).


Teniendo en cuenta que el gobierno que se conforma va a estar respaldado “de manera critica” por el movimiento obrero, el MNR va a llevar adelante reformas democrático-burguesas, como la nacionalización de las minas de estaño, la reforma agraria de 1953, la creación del sufragio universal, entre otras. Estas deben ser pensadas como una forma que tiene el naciente gobierno de aplacar la radicalización de los movimientos sociales es decir, se las puede considerar como una estrategia contrarrevolucionaria, ya que a partir de medidas reformistas se logra dividir al movimiento revolucionario, la reforma agraria es un ejemplo evidente del carácter de estas medidas. Sin embargo, el apoyo de la C.O.B. al gobierno se va a cortar hacia 1956 cuando el partido comience a tomar medidas claramente antipopulares, manteniendo al movimiento campesino como base social y fuerza de choque frente a los reclamos obreros. Este es el primer esbozo de contrarrevolución que se va a observar como respuesta a la revolución del ’52.


A pesar de los intentos por controlar a las masas obreras, el MNR no va a lograrlo, por lo que en 1964 se va a llevar a cabo el Golpe de Estado encabezado por Barrientos. Es aquí que se inicia una nueva ofensiva contrarrevolucionaria contra los movimientos sociales no alineados al gobierno. Retomando el análisis de Garretón acerca de la Doctrina de Seguridad Nacional, se puede pensar que este golpe de estado tuvo un carácter preventivo para defender a la Nación boliviana. La unidad nacional como un ente natural que supera a todos los individuos y la cual debe ser protegida de cualquier conflicto que pueda tener lugar, “ve necesariamente en las formas democráticas un peligro, por cuanto ellas son vistas como mecanismos de expresión y adquisición de poder de grupos e intereses particulares” (Garretón, 1978: 1263). A pesar del golpe, el programa económico y político del MNR siguió en vigencia durante el gobierno de Barrientos.


El gobierno de Barrientos Ortuño se caracterizo por profundizar el proceso de desmantelamiento del movimiento obrero empezado por los gobiernos anteriores, cuando en 1965 ocupó militarmente los campamentos mineros, disolviendo a la FSTMB y a la COB con un saldo grande de asesinatos y encarcelamientos de dirigentes y trabajadores. Por otro lado, en 1966 estableció el Pacto Militar-Campesino con aquellos sectores que le eran adictos, apoyándose en estos como base social para poder llevar adelante medidas económicas de corte liberal.


Hay que destacar que a partir de este gobierno, los que lo sucedieron, estaban orientados ideológicamente por la doctrina de guerra contrarrevolucionaria y la Doctrina de Seguridad Nacional. La nación y el Estado como construcciones abstractas que, siguiendo el análisis de Garretón, se fundían en una sola entidad que debía ser protegida de los enemigos internos y externos representados en el comunismo y las ideas marxistas. Las fuerzas armadas en este contexto son “el baluarte de la nación y la garantía de su continuidad histórica” (Garreton, 1978: 1262). Estas doctrinas hay que pensarlas contextualizadas en la coyuntura histórica de la Guerra Fría en donde los bloques comunista y occidental luchaban por imponer su paradigma económico. La DNS era una defensa de los valores capitalistas, principalmente la idea de propiedad privada, enmarcadas en un corpus ideológico ahistorico, siendo la institución castrense la mas apta para garantizar estos valores y el desarrollo de las relaciones capitalistas.


A partir de 1967 con el intento de implantar el Impuesto único agropecuario, el gobierno de Barrientos va a perder su base social, el campesinado, y con esto su legitimidad frente al resto de la sociedad. Tras su muerte en medio de un extraño accidente, lo sucede Siles Salinas hasta que en 1969 es derrocado por el General Ovando Candia. Con la nueva estructura en el gobierno se produjo un giro en el rumbo económico y político plasmado en el documento denominado Mandato Revolucionario de las Fuerzas Armadas de la Nación en donde para “enfrentar exitosamente cualquier agresión foránea, había que luchar por el desarrollo del país, contra el atraso y la dependencia” (Hernández, 2007: 86). El gobierno con un gabinete variado[5] va a llevar adelante un paquete de medidas tendiendo a la nacionalización de empresas que antes eran explotadas por capitales extranjeros, al reconocimiento de partidos de izquierda y del movimiento obrero, legalizándolos nuevamente. Sin embargo, este curso no duro mucho ya que en octubre de 1970 estalló un golpe de estado perpetuado por el sector más a la derecha del ejército con el General Miranda a la cabeza. La rápida lectura de los acontecimientos hecha por el Comando Político[6], constituido durante el IV congreso de la COB y; por el ala del ejército con Juan José Torres a la cabeza, finalmente van a bloquear el acceso al gobierno de Miranda y poner a Torres frente al gobierno.


Desde un primer momento se va a observar en Torres un intento de incluir a miembros de la central obrera en el gobierno como forma de construir una base social para su legitimación, ya que las tensiones que se daban hacia el interior del ejercito, así como también la falta de apoyo por parte de ciertos sectores de la burguesía constituían una amenaza real, que tuvo su primer intento golpista en enero de 1971. A la hora de pensar en la negativa del movimiento obrero a aceptar esta propuesta se hace visible el hecho de que la experiencia de la revolución del ’52, formaba parte de la memoria histórica de los dirigentes de la COB acerca del fracaso que significo para el movimiento obrero la alianza con sectores de la burguesía. Retomando el análisis de Zavaleta Mercado los obreros a pesar de que brindaron su apoyo a Torres en los momentos más críticos, rápidamente tomaron distancia y comenzaron a pensar desde el Comando Político en la construcción de una estructura de poder propia alternativa a la del estado boliviano. Tampoco Torres pensaba al movimiento obrero como un aliado permanente sino solo ocasional hasta consolidar su posición dentro del ejército.


La independencia del movimiento obrero los llevó a constituir el 1 de mayo de 1971 un órgano propio de los trabajadores y del poder popular. Integrado por dirigentes obreros, por miembros de los partidos de izquierda y por ciertos sectores urbanos como los estudiantes universitarios, se planteó de manera unánime la creación de una universidad bajo control del proletariado, la cogestión de las minas con mayoría obrera y la lucha contra los intentos de golpe fascistas. Hacia el interior de esta se dio un debate acerca de si era pertinente o no incluir a un mayor numero de miembros del movimiento campesino considerando que el pacto militar campesino estaba todavía en vigencia, bloqueando de esa forma una alianza entre obreros y campesinos. Desde el POR y otros grupos de izquierda se justifico la no apertura de la AP a un mayor numero de campesinos.


Sin embargo, no todo el movimiento campesino adscribía al pacto militar-campesino. Retomando el análisis de Rivera Cusicanqui, hubo sectores del campesinado a los que las reformas iniciadas por el MNR no les trajo ningún beneficio. Por lo que a partir de finales de los sesenta van a comenzar a organizarse en torno a reivindicaciones de corte indigenista recuperando la idea de que la explotación, la discriminación y la prohibición de su constitución como sujetos políticos venia de la época de la colonia por su condición de indios. Este sector de raíces aymaras va a pasar a denominarse Katarismo por Tupak Katari y va a tomar una posición de subordinación activa, al tratar de llevar adelante estrategias en primer lugar culturales-politicas para luego lanzarse a estrategias de corte sindical a la par que va a apropiarse de ciertas ideas como las reivindicaciones clasistas.


Pensando en el concepto de Lenin, las condiciones en las que se encontraba Bolivia permiten pensar en una situación revolucionaria ya que se desenvolvía una crisis de corto plazo. En primer lugar, el gobierno de Torres se encontraba inmerso en una crisis ya que no tenía los apoyos suficientes para mantener su hegemonía. Por otro lado, los sectores dominados se encontraban en palabras de Hurtado en un “proceso de efervescencia pre-revolucionaria” posterior al intento de golpe a lo que se agrega la creciente movilización de las masas, que desde el gobierno se toleraba únicamente como forma de mantenerlos para respaldarse.


Sin embargo, esta situación no llego a detonar, el ejército fue más rápido que el movimiento obrero y logró unificarse tras la figura del General Banzer Suárez que en agosto del mismo año dirigió un segundo intento de golpe de estado finalmente exitoso. Asimismo, la AP no pudo llevar adelante ninguno de los puntos de su programa porque no tuvo tiempo para poder organizarse frente al golpe que se estaba gestando, así como tampoco tuvo tiempo de juntar los medios, las masas y las armas, para poder llevar adelante la toma de poder como se había pensado. Los miembros de la Asamblea le solicitaron, en el momento critico de la crisis, a Torres las armas para luchar contra el ejército pero este se negó, y cuando fueron a tomarlas por la fuerza vieron que no había casi armamento disponible en los almacenes del ejército como para equipar al grueso de las masas.


Finalmente el 21 de agosto de 1971 el golpe concluyó y se inauguró un nuevo ciclo contrarrevolucionario, denominado Banzerato, esta vez mucho más profundo y feroz que el anterior. La violencia estatal y paraestatal, de las que hablan Ansaldi y Slatman se aplico de manera intensa durante este proceso, la desarticulación de los movimientos sociales y de las organizaciones sindicales y políticas no solo se llevó adelante con la prohibición de sus actividades sino que se la llevo a otro plano al asesinar y perseguir a sus principales miembros. En el plano económico se constituyo un programa de apertura económica y privatizaciones de los sectores más rentables en beneficio de los capitales extranjeros. El programa económico llevado adelante fue concebido con la ayuda de un grupo de tecnócratas educados en universidades extranjeras siguiendo las ideas de la escuela de Chicago. Esto se puede relacionar con uno de los componentes del universo ideológico que conforma la DSN donde desde el pensamiento tecnocrático se piensa a la sociedad en términos de equilibrio y eficiencia donde el mercado es el regulador.

Como conclusión desde mi opinión personal, voy a retomar la idea de Zavaleta Mercado acerca de la dualidad de poder dentro de los procesos analizados. Para que exista el doble poder, deben existir dos estructuras estatales en paralelo donde una termine destruyendo a la otra. En el caso boliviano a pesar de que se intento construir una estructura de poder paralela a la dominante, en ninguno de los dos casos donde hubo una situación revolucionaria se pudo hacer. No es suficiente poseer un programa para plantear la existencia de un doble poder, deben existir las condiciones materiales para poder llevarlo a cabo. En el caso del ´52, el movimiento obrero y campesino no se había apropiado de las ideas marxistas para construirse como clase para si, cosa que en el ´71 si sucedió pero no tuvo lo que hubo en el ´52, el poder de las armas. La sola construcción de la AP popular no alcanza, como piensa Hernández y eso se juzgo en los hechos cuando en poco menos de una semana el Estado burgués a partir de su brazo armado pudo defenderse con el golpe que dio origen al banzerato. Tampoco fue una experiencia superficial de sectores de la izquierda. Simplemente fue un experiencia seria que por diversas cuestiones, tiempo, falta de organización, falta de medios para tomar el poder, demostró no estar del todo madura.

Erika Rodríguez


BIBLIOGRAFIA UTILIZADA:


-Eric Hobsbawn. “La Revolución”, en Roy Porter (ed.), La revolución en la historia, Barcelona, Crítica, 1990.

-Manuel A. Garretón. “De la seguridad nacional a la nueva institucionalidad. Notas sobre la trayectoria ideológica del nuevo Estado autoritario”, en Revista Mexicana de Sociología, Vol. 40, No. 4, (Oct. - Dec., 1978), pp. 1259-1282.

-Melisa Slatman. “Contrarrevolución en el Cono Sur de América Latina. El ciclo de dictaduras de seguridad nacional (1964-1990)”. En Gustavo Guevara (Comp.) Sobre las Revoluciones Latinoamericanas del siglo XX, Buenos Aires, NewenMapu, 2013, pp.235-254

-Javier Hurtado. El katarismo, La Paz, Hisbol, 1986, pp. 41-75.

-Lawrence Whitehead. "Sobre el radicalismo de los trabajadores mineros de Bolivia" en Revista Mexicana de Sociología, UNAM, Vol. 42, N 4, octubre - diciembre 1980, pp.1465-1496.

-René Zavaleta Mercado, “El poder dual en América Latina” (1973), en Obra completa, La Paz, Plural, 2011, Tomo 1, pp. 413 a 440.

-Juan Luis Hernández. “Nacionalismo militar y radicalización obrera. La época de Ovando, Torres y la Asamblea Popular (1969-1971)”, en Ni Calco Ni Copia, N° 2, Buenos Aires, 2007, pp. 85-99.

-Silvia Rivera Cusicanqui. “Luchas campesinas en Bolivia: el movimiento katarista (1970-1980)”, en Zavaleta Mercado, René, Bolivia, hoy, México, Siglo XXI, 1987, pp.129-168.

Washington Estellano. “Bolivia, del populismo a la economía de la coca”, Cuadernos del Sur Nº 12, Buenos Aires, 1991.

-Tesis de Pulacayo de la Federación Sindical Trabajadores Mineros de Bolivia

-James Dunkerley. Rebelión en las venas. La Paz, Plural, 2003, pp. 251-302.



Citas:


[1] Lenin en 1913 cuando habla de la situación revolucionaria menciona: “la sola opresión por grande que sea no siempre origina una situación revolucionaria en un país. En la mayoría de los casos para que estalle la revolución no basta con que los de abajo no quieran seguir viviendo como andas. Hace falta, además, que los de arriba no puedan seguir administrando y gobernando como antes.”


[2] Whithead cuando inicia su análisis del movimiento obrero revolucionario dice: “desde los primeros años de la década de los cuarenta, el elemento dominante en el movimiento obrero boliviano ha sido la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB).” (Whitehead, 1980: 1465)


[3] Las Tesis de Pulacayo fueron escritas en Noviembre de 1946, siendo los principales ideólogos y redactores miembros de la FSTMB y del Partido Obrero Revolucionario con Guillermo Lora a la cabeza.


[4] Whitehead cuando habla de las ideas que atraviesan al movimiento obrero boliviano dice: “ a pesar de que el sindicato de Siglo XX se estableció en 1940 bajo la influencia de un diputado perteneciente al PIR y que a partir de ese momento las ideas marxistas han sido utilizadas por la mayoría de los dirigentes sindicales, las bases del sindicato no fueron adoctrinadas intensamente y respondían con entusiasmo al llamado mas difuso del populista MNR” (Whitehead, 1980: 1477)


[5] Hernández dice respecto a esto: “Ovando designo un gabinete ecléctico, integrado entre otros por Mariano Baptista Gumucio (movimentista), Marcelo Quiroga Santa Cruz (socialista) y el coronel Juan Ayoroa (derechista).” (2007: 87)


[6] El Comando Político es considerado como la dirigencia política del movimiento popular.

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