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India y Pakistán. Una rivalidad de larga data en Asia del Sur

Sobre los conflictos que transcurren en Asia y África se sabe poco pues resultan con frecuencia insuficientemente abordados en los medios masivos de comunicación, careciendo la mayoría de los casos de un análisis riguroso.

Es el caso del asunto que ocupa estos párrafos, una rivalidad que nació en agosto de 1947, momento de independencia de los dos dominios, ex colonias británicas, India y Pakistán. La causa de formación de ambos países fue el proyecto de crear territorios que obedecieran al criterio de identidad según la mayoría religiosa, en detrimento de una unidad federal, como sostenía esto último el Congreso Nacional Indio (CNI), a través de sus principales referentes, el Mahatma Gandhi y Jawaharlal Nehru. En vez de una otrora India británica unificada, se asistió a la partición entre el territorio indio, de mayoría hindú, y un Pakistán musulmán separado por cientos de kilómetros en sus alas oeste y este, siguiendo el famoso Plan Mountbatten. Esta fue la intención primigenia de la Liga Musulmana, que en 1940 adoptó la Resolución de Lahore, en base a la teoría de las dos naciones pensada por el fundador de dicha agrupación, M. Ali Jinnah. Por otra parte, los proyectos de federación en el subcontinente fueron abandonados en 1946, para gran pesar del CNI.


La partición terminó en tragedia: entre 15 millones de desplazados intentando llegar a Pakistán o a India, alrededor de un millón de muertes y el asesinato de Gandhi en enero de 1948. Todo ello evidenció el fracaso de la política regional de descolonización británica.


El conflicto entre ambos países escaló a mediados de febrero pasado, con un importante atentado en el que murieron 46 soldados indios en el disputado Estado de Jammu y Cachemira, esto último en buena parte origen del conflicto indo-pakistaní. A su vez, el ataque anterior propició la intervención del ejército indio y de la aviación, con el derribo de dos cazas indios y la captura en territorio pakistaní de Cachemira de un piloto que, luego de su liberación, se transformó en una suerte de héroe nacional en India.


Dentro de la limitada repercusión mediática, tal vez lo que hace más llamativo el problema es que ambos países, desde hace unos 40 años, poseen armamento nuclear, considerando las consecuencias del estallido de una guerra de esas características en el muy poblado subcontinente indio. Pakistán tiene casi 200 millones de habitantes, mientras India es el segundo país más poblado del mundo, con más de 1.300 millones.


Causas y características del conflicto

La disputa por la posesión de Jammu y Cachemira ha desatado tres guerras entre India y Pakistán, entre 1947 y 1948, una segunda en 1965 y la última en 1999. A estas deben agregarse otros episodios que van desde escaramuzas fronterizas menores hasta despliegues militares. Asimismo, en 1971 tuvo lugar otra guerra indo-pakistaní por el ansia secesionista del Pakistán oriental, que, con apoyo de Nueva Delhi, finalmente cambió su nombre a Bangladesh e impuso una dura derrota al ejército pakistaní, en menos de un año. El conflicto indo-pakistaní se trata de una clásica y por excelencia rivalidad interestatal, con una dinámica dialéctica y truncamente asimétrica, pues desde el lado pakistaní en general se tuvo la conciencia de la superioridad en todo sentido india y la sensación de ser una amenaza permanente el régimen de Nueva Delhi. También, desde la perspectiva pakistaní, Cachemira es un territorio que le debiera pertenecer ya que su mayoría es musulmana.


Desde la visión india, el reclamo sobre Cachemira se sostiene desde una “obsesión unitaria”, el miedo a los secesionismos y sus nefastas consecuencias (los casos de Katanga y Biafra, por ejemplo, en África), además del esfuerzo por lograr preservar la unidad en un país del tamaño de la República de la India, donde la estabilidad no es meta fácil. A su vez, este país asiático pretende ser un modelo de convivencia entre su población hindú y la minoría musulmana y es, al momento, la democracia más grande del mundo, siendo un Estado tolerante, secular y multiétnico. A diferencia de su vecino y enemigo, no ha tenido golpes de Estado. Su fortaleza frente a Pakistán es una buena carta de presentación frente a una amenaza y súper potencia asiática, China, con la que tuvo problemas y una guerra en 1962. Con respecto al territorio en disputa con la nación musulmana vecina, India puede alegar la complementariedad económica con Cachemira (en particular su floreciente actividad turística) y también la seguridad, frente a la amenaza china y el contexto hostil de Afganistán (desde hace 30 años), y que repercute fuertemente en la vecina Pakistán donde el fundamentalismo islámico está a la orden del día.

Cachemira tiene una importancia estratégica única y eso hace al territorio al día de hoy el más militarizado del planeta, pues, según versiones locales, hay unas 500.000 tropas indias estacionadas allí, dato que el gobierno indio niega. Desde una perspectiva geográfica, comparte fronteras con dos gigantes asiáticos: China e India, además de Pakistán y Afganistán. En segundo término, es una zona que recibe afluentes del río Indo, muy apta para actividades agrícolas, y, al efecto, en la escalada reciente India amenazó con bloquear esa cuenca. Además, el turismo justifica la primera fuente de ingresos de un valle paradisíaco, además de la venta de productos típicos que motiva y acrecienta la industria turística.


Desarrollo de los enfrentamientos

El primer choque entre India y Pakistán tuvo lugar poco después de la independencia de ambas naciones. Tras la partición, a los 565 estados principescos de la India Británica (dos quintos del subcontinente y 99 millones de personas), mantenidos con una autonomía relativa durante el Raj y sin contacto entre sí, se les ofreció elegir su accesión a la India o a Pakistán. Solo tres se abstuvieron de decidir, uno de estos fue Jammu y Cachemira, donde gobernaba el Maharajá Hari Singh, soberano hindú entre una mayoría musulmana, quien optó por una vía independiente pero que apenas pudo sostener por espacio de 73 días, pues devino una invasión fronteriza de fuerzas tribales con apoyo pakistaní, que el gobierno de ese país negó y dijo ser producto del descontento de la población local con la política de Singh. Tanto Pakistán como la anterior tenían esperanzas en lograr una accesión del Estado a sus dominios y las negociaciones se aceleraron durante toda esa época, sin resultados positivos para ninguna.


El 24 de octubre de 1947 el príncipe solicitó el auxilio indio que no tardó en llegar, frente a la agresión de 5.000 hombres. Los invasores se jactaron de haber provocado 1.000 bajas indias en apenas dos meses y la escalada del conflicto motivó la intervención de Naciones Unidas y una misión al efecto (UNCIP por su sigla en inglés), encargada de apaciguar las aguas y proponer una solución, el camino de la auto-determinación cachemir y el llamado urgente a un plebiscito, eternamente pospuesto. En contraste, más exitosa fue la demarcación de una línea de control que dividió el territorio entre los dos beligerantes. Así nació del lado pakistaní el Azad Kashmir (Cachemira libre, en urdu, principal lengua hablada en Pakistán), o la Cachemira ocupada como se dijo desde el lado Indio. En este último surgió la Cachemira ocupada por Nueva Delhi gracias al instrumento de accesión que firmara Singh al solicitar el apoyo indio en octubre de 1947, confiriendo un status especial a Jammu y Cachemira y con ciertas atribuciones del gobierno indio (todo ello garantizado en la Constitución india de 1950). Dicho instrumento fue rechazado por Pakistán e implicó el comienzo de muchos malos entendidos entre la población local, el gobierno zonal y el de Nueva Delhi.


El período transcurrido entre las dos primeras guerras fue testigo del convencimiento entre los actores de la incapacidad de Naciones Unidas de resolver la cuestión cachemir, pese a que las negociaciones bilaterales con mediación internacional siguieron, aunque sin buen puerto. Además, India se inmiscuía más en los asuntos internos de Cachemira erosionando el status especial, aumentando el malestar local y generando mayor desconfianza en Islamabad.


Con violaciones frecuentes a la línea de control, la segunda guerra sobrevino aprovechando la debilidad india tras la derrota meses antes con China por la disputa por un territorio de Cachemira que Beijing se apropió. Partiendo del presupuesto pakistaní de descontento en la región administrada por India, Pakistán infiltró progresivamente combatientes para alentar el estallido de una revuelta popular contra la administración local sustentada por el gobierno indio, pero sin resultados. Esta incursión recibió el nombre de Operación Gibraltar y en cierta medida tuvo paralelos con la operatoria de 1947, aunque esta vez los invasores estuvieron mucho mejor preparados y equipados por parte de Pakistán. Sin embargo, la contienda finalizó con un empate. El despliegue pakistaní cometió varios errores y su ejército pensó que era más potente que el indio, y nunca fue así. La ONU intercedió en la firma del alto el fuego, en septiembre de 1965, tras unos meses de guerra.


Los mayores proveedores de armamento a Pakistán fueron los Estados Unidos y la ex metrópoli, más el acercamiento chino a Islamabad, acelerado desde 1965 y que profundizó la participación estadounidense y británica en respuesta. En reacción, la Unión Soviética apoyó a la India aunque Moscú se mantuvo neutral durante esta segunda guerra. El conflicto indo-pakistaní no estuvo inscripto en el marco de la Guerra Fría, pues las superpotencias no estuvieron demasiado comprometidas con los dos países beligerantes.


La tercera guerra indo-pakistaní no se disputó en territorio cachemir sino en el Pakistán oriental. En sus ciclos de convivencia autoritarismo - democracia, Pakistán celebró las tan ansiadas elecciones en 1971, ganadas por la Liga Awami en el este. Dicho triunfo fue desafiado por el gobierno central y el líder de la liga comenzó a pedir la liberación del oriente pakistaní. La represión causó conmoción en India quien ofreció apoyo a los rebeldes. El gobierno de Nueva Delhi se mostró orgulloso por la secesión del país (que acuñó un nuevo nombre Bangladesh, por su mayoría bengalí) y la captura de 94.000 presos de guerra pakistaníes. Pero esta guerra tuvo consecuencias en Jammu y Cachemira: un territorio fue devuelto allí a India y la línea del cese el fuego, acordada al término de la primera guerra, cambió su nombre a “Línea de control” y su reconocimiento como frontera internacional. Esto último fue lo acordado en Simla en 1972, aunque en las deliberaciones nunca se consultó a la población cachemir. Un acuerdo de 1975, suscripto por la Primera Ministra india Indira Gandhi y el cuadro político más importante que tuvo el Estado cachemir, Sheik Abdullah, el “león de Cachemira”, consideró a Jammu y Cachemira como un Estado más de la Unión India, cerrando la posibilidad de un plebiscito a lo que Pakistán, desde mediados de los 70, comenzó a bregar por la autonomía cachemir.


A mediados de los años 80, tropas regulares indias y pakistaníes chocaron en el glaciar Siachen, ubicado a 6.000 metros de altura donde la línea de control nunca se precisó bien, con unos combates que se prolongaron en forma intermitente hasta 1987. Pero una guerra más alarmante sobrevino en 1999, en el punto estratégico de Kargil, cuando Pakistán avanzó tropas del otro lado de la línea de control desatando, por primera vez en la historia, el enfrentamiento directo entre dos potencias nucleares. El conflicto se dio en unos pocos meses y causó mala imagen para los dos países envueltos, pues la amenaza nuclear nunca tuvo un pico tan alto como en ese momento. Según cifras no oficiales, hubo más de 2.000 muertes.


Quid de la cuestión. Autodeterminación local y plebiscito

Con ejemplos vivos como la guerra de liberación en Argelia y el conflicto en Vietnam, se fue reforzando el deseo de autodeterminación cachemir y la opción por un plebiscito, a la par que lo pregonaba Abdullah. Las protestas fueron in crescendo en la década de 1970 y la represión respondió, generando procesos de radicalización gracias, además, a los ejemplos de la revolución iraní de 1979 y la década de resistencia en Afganistán a la ocupación soviética. Si bien la década de 1980 empezó bastante pacífica, los historiadores precisan 1989 como el inicio de la insurgencia, causa de un estado de agitación permanente que no cesa al día de hoy.


La población vive en una suerte de estado de sitio, a merced de la violencia de los militantes así como la de las fuerzas de seguridad, en búsqueda de potenciales sospechosos de pertenencia a los grupos radicales. Los objetivos de estos últimos varían, mientras algunos exigen la independencia de Jammu y Cachemira, otros anhelan la incorporación a Pakistán. Como sea, en estas últimas décadas el factor común es un marcado ascenso del sentimiento anti-indio pues el accionar represivo estatal genera cada vez mayor rechazo en la principal víctima del conflicto: la población civil, y aumento de radicalización en las bases, además de más presión internacional.


India acusa a Pakistán de ser el instigador de la insurgencia. El último exige a Nueva Delhi que revise su relación con la población. Como sea, la conclusión es que Cachemira vive militarizada. Un cálculo prudente de 1991 indicó la presencia de 45.000 insurgentes frente a 150.000 tropas indias y las cifras incluso aumentan con el paso del tiempo. El año pasado hubo más de 200 muertes, en 1994 1.500 civiles cayeron bajo el fuego cruzado. Tortura y violaciones son frecuentes, además que la India ha reforzado la legislación represiva. Los grupos armados responden con secuestros de civiles (430 en 1995), no turistas, aunque el turismo descendió considerablemente desde los primeros años del inicio de la insurgencia, aunque sigue siendo una importante fuente de ingresos local. Todos los excesos indios son denunciados por Pakistán ante la comunidad internacional.


Entonces, a tenor de lo expuesto y del grado de tensión existente en Cachemira, no se debe perder de vista el reclamo de su población, que en cierto modo deja en un segundo lado la disputa histórica entre Pakistán e India.

Omer Freixa

Bibliografía consultada:

* Schofield, Victoria (1996). Kashmir in the crossfire, Ib Tauris, London, UK.

* Travesedo de Castilla, Concepción (2001). La hostilidad indo-pakistaní como legado de la Guerra Fría. El conflicto de Cachemira, Google Books, Málaga, España.

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