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Un viaje a la curtis medieval

Uno de los aspectos fundamentales del régimen feudal fue su aparato productivo. Durante este período el sistema de tenencias de tierra fue el eje central sobre el que gira toda la economía de la Europa del Medioevo. En el siguiente artículo desarrollamos las características y debates en torno al “gran dominio”.


La unidad productiva característica de la Alta Edad Media para Toubert en El régimen domanial y las estructuras productivas en la Alta Edad Media es el gran dominio o curtis. La curtis aparece como realidad móvil, sometida constantemente a procesos evolutivos de concentración o de fragmentación, y por lo tanto, variable en extensión y dispersión. Sin embargo, esta heterogeneidad no afecta su organización básica, lo que permite hacer un esquema descriptivo del gran dominio clásico.[1]

La estructura de la curtis clásica es bipartita, es decir, consiste en dos tipos de tierra complementarias entre sí: la terra dominicata (“reserva” señorial) y la terra mansionaria (mansos campesinos). La primera es la tierra sometida a explotación directa del señor y suele estar compuesta por diferentes tipos de terrenos: tierras de labor, parcelas de viña, prados de siega y espacios silvopastorales. Además, en las “reservas” señoriales se encuentran edificaciones centrales y una “corte” que funciona como “lugar de residencia ordinaria del regidor o de alojamiento ocasional del amo o de sus missi”, y en donde se concentran los excedentes de la producción domanial. La “corte” también agrupa las cabañas de los esclavos domésticos, los talleres de tejidos y telas y las parcelas más intensivas de huertos y árboles frutales.[2]


En contraposición, aparece en las fuentes la terra mansionaria, que constituye el conjunto de parcelas explotadas por las familias nucleares campesinas y que suele dejar un modesto excedente para el intercambio. [3] Los mansos son concedidos a los campesinos por el señor y, a cambio, los campesinos se encuentran obligados a servicios y prestaciones de trabajo en la reserva señorial. A esta obligación Toubert la llama corvea y lo que ella genera es la integración dialéctica del manso y la reserva, en cuanto el campesino que dispone del manso para su propia subsistencia proporciona la fuerza de trabajo de la tierra dominical.


A la par del gran dominio, Toubert reconoce la existencia de los alodios campesinos. Sin embargo, para el autor, estas pequeñas propiedades de campesinos libres no son fundamentales para la economía sino para la historia social.[4] El motor de la economía de los siglos VIII-X es el gran dominio, y la corvea es su pieza clave. La curtis no solo está integrada internamente por la corvea, sino que se integra en una economía global.[5]


La propuesta de Bonnassie en cuanto a la caracterización de las unidades productivas altomedievales difiere de la de Toubert en cuatro ejes fundamentales. En primer lugar, para Bonnassie, el gran dominio no constituye lo central en la economía altomedieval, sino que la característica definitiva en este período es la primacía de la auténtica propiedad campesina: el alodio. Para él, su presencia resiste el “establecimiento de un auténtico régimen señorial”.[6]


En segundo lugar, para Bonnassie en su trabajo Del Ródano a Galicia: génesis y modalidades del régimen feudal, el gran dominio se divide en “reservas” y tierras arrendadas a campesinos libres, que pagan al señor una renta en especie. Por ende, no hay complementariedad dentro del gran dominio. Lo que está negando Bonnassie con esta descripción es, por un lado, el sistema “dominial” de Toubert y por el otro, la existencia de un campesinado servil – pero no esclavo – que presta servicios de trabajo al señor a cambio de tierras para su reproducción.


De esto último se desprende una tercera diferencia. Mientras que Toubert describe el sistema de la corvea como la característica esencial del sistema de producción curtense, Bonnassie no reconoce su existencia y sostiene que la explotación de las “reservas” descansaba en una mano de obra esclava. Esto no significa que Toubert niegue la disponibilidad de una mano de obra servil para trabajar las tierras señoriales compuesta de esclavos domésticos, pero para él esta fuerza de trabajo funcionaba como reserva complementaria a la abundancia de mano de obra generada por la corvea.[7]


La distinción entre campesinado servil y esclavos parte de una diferencia fundamental – que considero el cuarto y último punto de discordia – en las concepciones de la Alta Edad Media de ambos autores. Para Toubert, durante este período aparecen ya características claves del feudalismo y la formación del campesinado medieval. En cambio, la tesis que sostiene Bonnassie es que no hay feudalismo hasta el siglo XI, tras la crisis del año 1000, por dos motivos: la pervivencia del sistema esclavista y la de un activo campesinado alodial e independiente.[8]




Lucia Gracey

Citas:

[1] Toubert, 1990, pp. 33-36.


[2] Ídem, pp. 36-38.


[3] Ibídem, p. 39.


[4] Ibídem, p. 24.


[5] Ibídem, p. 48.


[6] Bonnassie, 1984, pp. 33-34.


[7] Toubert, 1990, p. 40.


[8] Bonnassie, 1984, p. 35.


Bibliografía:

-BONNASSIE, P., “Del Ródano a Galicia: génesis y modalidades del régimen feudal”, en AA.VV., Estructuras feudales y feudalismo en el mundo mediterráneo, Crítica, Barcelona, 1984.


-TOUBERT, P., “El régimen domanial y las estructuras productivas en la Alta Edad Media”, en Castillos, señores y campesinos en la Italia Medieval, Crítica, Barcelona, 1990.


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