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Carlos V, el gran monarca de la cristiandad

Al igual que los médicos que se especializan en una milimétrica parte del cuerpo humano, los historiadores nos especializamos o debería decir nos enamoramos de una época particular de la historia. Como estudiantes, hemos leído la historia antigua, la medieval, la moderna, la contemporánea, la de la iglesia, la de occidente, la de oriente, entre otras, pero siempre hay una época, un evento, una característica que nos llama más la atención. ¿La razón? No creo que haya una, supongo que a cada persona en su rubro le sucede lo mismo. Nos pasa también a los historiadores que nos fascinamos con algunos personajes, notos o ignotos, y les seguimos el rastro a través de los años, de las fuentes, de los libros, etc. Esto me sucede particularmente con Enrique VIII y también con Carlos V. Sobre Enrique VIII he escrito mucho, sobre él se bastante, aunque todavía me queda mucho por descubrir. Sin embargo, debo confesar que antes de escribir este post sobre Carlos V tuve que ponerme a estudiar, porque si bien es un personaje que me ha llamado siempre la atención me di cuenta de que al momento de llevarlo al papel les debía una investigación un poco más profunda. Sin embargo, no los voy a agobiar con fechas, datos, guerras ni sucesos. Esta vez me gustaría compartir con ustedes la razón que me lleva a admirar a un personaje de la historia y tal vez contagiarles un poco mi fascinación.

Antes que nada debo advertirles que Carlos V no fue un santo, fue una persona como todos nosotros, con sus virtudes y sus miserias. Fue el rey de las grandes y penosas conquistas en América, también reprimió levantamientos rebeldes y llevó a cabo guerras, entre otras cosas. Por eso cuando les confieso mi fascinación esta no está basada en la calidad de hombre que fue sino en lo que significa para mí la vida de este hombre por todo lo que esta vida abarcó.


Reyes ha habido a millares, pero Carlos V, no fue solo V, fue también I. Para ser más clara, Carlos era Carlos I y Carlos V a la vez. He aquí la primera fascinación con este personaje. Pensemos en cualquier presidente, rey o primer ministro de nuestro tiempo y en lo difícil que se les hace gobernar en un solo país; las idas y vueltas, las luchas, los logros, los problemas económicos, etc. que enfrentan día a día. A mí por lo menos me abruman. Imaginemos ese esfuerzo multiplicado por diez y hace quinientos años. Si tuviera que escribir todos los títulos que poseyó Carlos ocuparía casi seis renglones (ya lo probé) pero para que se den una idea, fue señor, duque, archiduque, conde, príncipe, rey y emperador; no sucesivamente, sino que contemporáneamente. Déjenme explicarles. Carlos V nació hijo y nieto de reyes. No pasemos por alto el hecho de que fue nieto de reyes cosa que parece algo obvio, porque una vez hijo de reyes, lo más probable es que fuera nieto de reyes, sin embargo este no es un dato menor y ya veremos por qué.



Carlos era hijo de Juana, tristemente llamada La Loca, que era la reina de España, específicamente de Castilla, pero como prometí no agobiarlos, dejaré los detalles para futuros escritos. Por tanto, si se me permite diré que Juana era reina de España.

El padre de Carlos era Felipe (no se si bien llamado El Hermoso), el hijo de Maximiliano I, el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.

Carlos por tanto era por parte materna hijo de la reina de España y por parte paterna, nieto del emperador.


Primero heredó España y por eso fue llamado Carlos I, pues era el primero con ese nombre. Poco tiempo después fue electo Emperador, pues su calidad de nieto le permitía entrar en la terna para ser elegido como tal, y fue llamado Carlos V, pues como imaginan era el quinto con ese nombre.


La herencia de Carlos no termina ahí, a sus veinte años de edad ya era Soberano de los Países Bajos, rey de España, rey de Nápoles, rey de Sicilia, Archiduque soberano de Austria, rey de los Romanos y Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico (al final sucumbí ante la tentación de enumerar varios de sus títulos). Si pensamos en lo que hacemos nosotros a los veinte años hoy en día, esto sin dudas debe ser algo para admirar. He aquí el imperio de Carlos V, a lo que debemos sumarle los territorios americanos recientemente descubiertos, estamos en 1520:


Para contar su vida haría falta escribir un libraco e intentar resumirla en unas carillas parece una tarea imposible por tanto lo que haré a continuación es describirles en unas pocas líneas casi ridículas de qué se trató la vida de este gran monarca.


Apenas heredada la corona española tuvo que enfrentar dos levantamientos rebeldes en la península, las llamadas Comunidades y Germanías, que fueron apaciguadas no sin esfuerzos.

Carlos completó de una vez por todas la unificación de España bajo una sola corona con la definitiva conquista de Navarra en 1521, sólo cuatro años después de haber heredado. Durante su reinado, Cortes conquistó a los aztecas, Pizarro terminó con el Imperio Inca y se creó el Virreinato del Perú en América.

Se enfrentó una y otra vez contra los musulmanes que asolaban las fronteras de su imperio en Argel, en Viena y en Túnez. El famoso corsario Barbarroja y Solimán fueron sus enemigos. Sostuvo cuatro guerras con Francia contra su némesis el rey Francisco I por los territorios italianos.

Mantuvo relaciones diplomáticas con Enrique VIII de Inglaterra que estaba casado con su tía, Catalina de Aragón.

Lidió durante toda su vida con la potente Reforma Protestante que dividió Europa en dos religiones sin que él pudiera hacer mucho para impedirlo.

Estuvo 9 veces en Alemania, 6 en España, 7 en Italia, 10 en los Países Bajos, 4 en Francia, 2 en Inglaterra y 2 en África del Norte. Me permito recordarles que no había aviones, ni trenes, ni buses, ni nada. Cada viaje implicaba días y hasta meses.

En medio de ese sinfín de idas y venidas a lo largo y a lo ancho de su reino, Carlos se casó con su prima Isabel de Portugal a quien amó profundamente y de ese matrimonio nació su heredero, el futuro Felipe II.


Todo esto sucedió entre 1515 y 1558 mientras Carlos V era el más importante monarca de la cristiandad. Aquí inicia sin embargo mi subjetividad. Podemos concordar o repudiar las acciones de este rey, como por ejemplo las conquistas en América, sin embargo se me hace difícil no encontrar interesante el hecho de que una persona a sus 20 años de edad pudiera tener el control sobre tan vasto territorio y que bien o mal intentara ocuparse de aquél en toda su extensión. Si bien muchos de sus viajes tuvieron objetivos bélicos, como apaciguar rebeliones, acallar protestantes, aleccionar a Francisco y detener al moro, Carlos se ocupó de todo ello con real convicción. Sí quiso con todo su ser impedir el avance de los musulmanes, sí intentó luchar por un imperio cristiano en contra de las ideas protestantes, sí puso todo su empeño en desalojar a Francia de los territorios italianos. Carlos realmente soñaba con un imperio europeo unificado y cristiano bajo el poder de los Habsburgo. Me cuesta no admirar, no digo elogiar cada una de sus acciones, sino simplemente admirar la energía y la convicción de este hombre.


Sin embargo por más que luchó convencido, no todo le salió bien. Sus dos mayores anhelos, vencer al moro y a los protestantes, fueron sus dos grandes fracasos. Logró sacar a los moros de Túnez pero no de Argel, y la Reforma Protestante se impuso y finalmente se vio obligado a firmar la Paz de Augsburgo por la cual cada príncipe podía elegir la religión que prefería, por tanto el imperio de la cristiandad quedó interrumpido por los principados protestantes a lo largo de Europa.


Para 1555, fecha de la firma de la Paz de Augsburgo, sus contemporáneos Enrique VIII y Francisco I habían fallecido, su amada mujer ya no estaba entre los vivos y había visto desvanecerse sus objetivos más íntimos. Cansado y muy avejentado a sus 55 años Carlos decidió, en un acto sin precedentes (otra de las cosas que me provoca admiración), abdicar y no sólo eso, sino que ¡dividir sus territorios! Se había dado cuenta de que el imperio era demasiado grande para que una sola espalda pudiera soportarlo. Le entregó a su hermano Fernando la corona imperial del Sacro Imperio Romano Germánico y a su hijo Felipe, el futuro Felipe II, la corona de España y las Indias (América).


Carlos se retiró a un palacete que se había hecho construir junto a un monasterio, en Yuste, España. Allí paso el último año y medio de su vida, viejo, cansado y cada vez más enfermo. Allí los monjes se convirtieron en sus únicos compañeros. El gran monarca de la cristiandad murió de paludismo a sus 58 años dejando para la historia uno de los reinados más ricos e interesantes para ser estudiados.


Sepan disculpar mi subjetivismo pero me siento con ganas de compartir con ustedes una de mis pasiones, las vidas de los reyes de la modernidad.


Lic. Diana Fubini

Bibliografía Utilizada:

– Pérez, Joseph, Carlos V, Madrid, Ediciones Planeta, 2010

– Brandi, Karl, Carlos V. Vida y fortuna de una personalidad y de un imperio mundial, Buenos Aires, Editorial Juventud Argentina, [s.f.]

– Verdejo, C., Figuras. Edison. Leonardo da Vinci. María Antonieta. Carlos V. Marco Polo, Barcelona, Editorial Sopena, 1973



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