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Días y Noches de Amor y de Guerra (Eduardo Galeano) | Reseñas de Libros | Huellas de la Historia

El libro "Días y noches de amor y de guerra" de Eduardo Galeano se lee en tres planos: el persona, el de la memoria y el de la historia. En esta reseña te cuento por qué.


días y noches de amor y de guerra galeano

Este libro sucede como dentro de un quirófano. Con un paciente que está a punto de irse y un cirujano que le aplica una serie de electroshocks para que vuelva a respirar. El paciente es la memoria. El cirujano, la historia.


El libro transcurre como una serie de papelitos pegados sobre un cuaderno con relatos que narran las tormentas de las personas en exilio. Galeano se propone como protagonista, como primera persona del singular, pero logra que sea del plural. Seguramente que con esa humildad que lo caracterizaba, al hablar de este libro se refiriera como un simple recuento de memorias y anécdotas sin más sentido que la expiación de los pecados. Eso que hacemos los escritores para alivianar el peso de la cabeza y, por qué no, de los hombros.


“Una conversación con mi propia memoria”, así lo definió. Sin embargo, la memoria se ha vuelto impropia porque termino colectivizándose en una generación quebrada por el exilio. Uno externo, el de abandonar la patria. Otro interno, el de abandonar el ser.


Este libro lo compré. Realmente no me acuerdo cuando ni dónde. Presiento que fue en Uruguay durante unas dos semanas de enero donde viaje rápido, fui feliz y donde la ansiedad volvió a visitarme. Pero cuando lo empecé a leer lo entendí. Ese libro no me estaba hablando a mí. Todavía no.


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Feria de Tristán Narvaja (Montevideo)

Así que desde aquel 2020 hasta hoy, seis años después descansó en mi biblioteca de Banfield. Al cuidado tierno de mi familia. Dentro del hogar. Mientras yo transitaba mi propio exilio en España. Un exilio voluntario, elegido y necesario. Hasta un poco burgués podría decirse.


Ese libro necesitaba estacionarse. Añejarse. Quizás yo era el que necesitaba eso. La cuestión es que en mi último viaje a Buenos Aires me lo traje, sabiendo que me iba a ser necesario para transitar mi estancia en el extranjero. “El exilio me ha enseñado nuevas humildades y paciencias” dice Galeano sobre el final. Lo mío fue más bien una migración pero se siente parecido. Uno va adquiriendo el sentido del despojo. Va calmando sus expectativas. Va dejándose de sentirse tan importante en un mundo que es realmente enorme. Necesitaba irme para aprender esa lección.


“Nadie se hace héroe por irse ni es un patriota por quedarse”

La frase tiene un peso específico. Le habla a un momento concreto de la historia. El del abrazo inexorable con la memoria después de la dictadura. Cuando uno está afuera siente la mirada inquisidora de los que no se fueron. Siente que lo van a mirar como uno no es: agrandado, soberbio, feliz. Que por estar en otra realidad, virtualmente desprendido de los problemas de los que se quedaron, uno se compromete menos. Sin embargo, hay que empezar a cerrar esa grieta. Irse no es la salvación, quedarse no es un gesto de orgullo y honor. Ambos beben del mismo cáliz del dolor nacional.


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Montevideo alguna vez

Irse, quedarse o volver. Son decisiones personales. Pero lo personal es político. Tomar cualquiera de esas decisiones es una acción por si misma pero que involucra una forma de comprender el mundo de muchas formas diferentes. Irse siendo de izquierdas asqueado de la corrupción de la burguesía de un país condenado al subdesarrollo o quedarse para votar a la derecha más rancia de la historia sintiéndose moralmente superior. Nada es tan lineal ni tan sencillo.

“No me quejo. Con tantas personas perdidas, llorar por las cosas sería como faltarle el respeto al dolor”

Esta frase de extrae de un fragmento de un pequeño relato del principio del libro. Pero me impactó con una potencia que determinó mi lectura de las páginas siguientes. Es como si todo lo que viene después terminara refiriéndose a esas oraciones.


El acento puesto por Galeano en lo que realmente importa. Las personas que tenemos al lado. Las que nos miran a los ojos y a las que podemos sentir cerca. Ahí está un poco la moraleja que, repito, te golpea desde la primera hoja.

Desde su óptica nos termina narrando a todos una parte de la historia de nuestros pueblos. La del exilio y las migraciones cruzadas. La de la supervivencia, la melancolía y la acción activa para cambiar el presente o el futuro.


Pablo Javier Coronel

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