top of page
06ec4b_fca26b446a664af5b9ed025c9aae2162~mv2.jpg

#MariáteguiDeMiércoles: Para leer a Mariátegui [Parte 2]

La cantidad de bibliografía escrita sobre José Carlos Mariátegui es inabarcable. Las críticas sobre su pensamiento o sus posturas, tanto como los elogios se repiten en un infinito de monografías. En este caso voy a tomar el articulo “El Marxismo Latinoamericano de Mariátegui” de Adolfo Sánchez Vázquez y “Mariátegui: la nación sin razón” de Oscar Terán. Estos trabajos ayudan a la comprensión del pensamiento del intelectual y lo ponen en contexto para comprender sus aspectos formativos.

Del primero me interesa rescatar las particularidades constitutivas de su formación teórica. Algunos puntos que me interesan destacar es que Mariátegui nace en Moquegua el 14 de junio de 1894 y como dice Sánchez Vázquez, “el medio familiar en que crece no puede ser más humilde; su madre separada de su padre, al que José Carlos no llego a conocer, lo sostiene durante su niñez con su trabajo de costurera”[1]. Moquegua es un pueblo de sierra intermedio entre Arequipa y Tacna que destaca por su población originaria. El medio geográfico y social en que se cría perfila algunos de los caracteres constitutivos de su formación. A diferencia de otros intelectuales limeños, José Carlos, posee una sensibilidad diferente.


Dice Sánchez Vázquez que “entre 1911 a 1919, entre los 16 y 25 años, en el que la actividad periodística en diversas publicaciones diarias de Lima constituye su actividad fundamental y profesional”[2]. Se destaca en este periodo las grandes movilizaciones contra el gobierno Civilista y las reformas universitarias de 1918. Es en este momento en que Mariátegui realiza su crítica periodística desde una mentalidad esteticista, decadentista, místico-religiosa y una actitud política anti-oligárquica[3].


Entre 1919 y 1923 es becado-exiliado en Europa. Recae en los años rojos de Italia y escala en su formación netamente socialista. Dice Sánchez Vázquez, “el marxismo italiano que, con intelectuales como Terracini y Gramsci, hace hincapié en el rechazo del determinismo y en la ‘preparación espiritual e intelectual del proletariado’ para la revolución”[4].


En el regreso a su país, José Carlos, inicia su actividad político-intelectual más interesante. Entre 1923 y 1930 (año de su muerte) comienza sus conferencias con trabajadores, como en la Universidad González Prada, y luego fundará la ya nombrada Amauta en 1926. Entre 1926 y 1928 va a participar activamente del movimiento Alianza Popular Revolucionaria Antiimperialista conducido por Haya de la Torre. Se separará para crear el Partido Socialista del Perú y que luego de su muerte en 1930 será renombrado como Partido Comunista del Perú.


A partir de su regreso se dedicará exclusivamente a la organización del proletariado y teorización sobre la realidad peruana. Nos dice Sánchez Vázquez que “Mariátegui exalta la voluntad, la fe en el ideal o mito de la revolución, lo que le lleva a buscar fuera del marxismo dominante ese acento en la voluntad, en la acción, que no encuentra en él”[5]. En este sentido las referencias a intelectuales idealistas como Sorel, Bergson y Unamuno para apoyar su lectura voluntarista del marxismo. De Gramsci retoma sus postulados sobre hegemonías que operan sobre la cultura de las clases populares, además de la constante reminiscencia al estudio de los sujetos dentro de los espacios nacionales en sus particularidades en contra de cualquier cientificismo. La acción de los sujetos revolucionarios debe operar siempre para empujar las anquilosadas estructuras de un comunismo internacional encerrado en el etapismo y el inmovilismo.


Por último, Sánchez Vázquez rescata de sus Siete Ensayos… la lectura nacional-popular y el hallazgo del indio como sujeto revolucionario y formador de la identidad nacional: “lo indígena deja de ser un problema puramente étnico para fundirse con el problema agrario”[6].


Partiendo de este ultimo postulado de Sánchez Vázquez, se rescata del artículo de Terán como este estudio de la especificidad se aleja del cientificismo y del subjetivismo. Se observa nuevamente como el sorelismo será constitutivo de la formación de José Carlos en cuanto a la forma antieconomicista que tomaran sus escritos y en particular sus Siete Ensayos. Nuevamente el vitalismo y espontaneismo se fusionan con la acción consciente de los sujetos. El originario como poseedor de subjetividad propia que debe ser comprendido por el hombre de la Costa. Pero fundamentalmente la idea de que el socialismo es acción no puede escapar del pensamiento mariateguino.


Pablo Javier Coronel

Citas y Bibliografía:


[1] Sánchez Vázquez, Adolfo: “El marxismo latinoamericano de Mariátegui” en Sánchez Vázquez, Adolfo: De Marx al marxismo en América Latina. México, Ítaca, 1999. Pág. 149


[2] Ídem, Pág. 150


[3] Véase Sánchez Vázquez, óp. cit. Pág. 150.


[4] Ídem, Pág. 151.


[5] Ídem, p. 156


[6] Ídem p.161

20 visualizaciones0 comentarios

Entradas relacionadas

Ver todo
Huellas
Artículos Recientes
Archivo
Seguinos
  • YouTube
  • Instagram
  • Spotify
  • Facebook
Buscar por Etiquetas
bottom of page