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¿Moderación o Revolución?


Se cumplen 209 años de la histórica Revolución de Mayo de 1810 y las divisiones internas de la Primera Junta creada ese mismo día se ponen en perspectiva hasta el día de hoy. Y es que la disyuntiva entre moderados y revolucionarios se hace carne en las convulsionadas realidades de aquellos años pero también de hoy en día. La cautela de Saavedra, los impulsos de Moreno. Dos sentimientos encontrados que encontraban carne en una masa social dispuesta al cambio pero contenida por sus dirigentes.


Cornelio Saavedra era jefe del regimiento de Patricios, institución que había ganado su prestigio en la defensa de la entonces colonia española contra los ingleses en las sucesivas invasiones en Montevideo y Buenos Aires. Por otro lado, Mariano Moreno era un abogado ilustrado por las corrientes europeas nacidas al calor de la Revolución Francesa y el republicanismo, expresiones más avanzadas de la época de la burguesía comercial. Las historias personales encontraban una gran masa de trabajadores urbanos que esperaban con ansias la ruptura de las cadenas que el régimen feudal, en Europa, y colonial, en América, suponían. Así, la población afrodescendiente e indígena expresaban en las calles y plazas de Buenos Aires su voluntad emancipadora poniendo sus cuerpos para todo aquello que supusiera un cambio social de grandes magnitudes.


La declaración final de la Primera Junta deja insatisfechos a muchos y es una muestra de moderación propia de los sectores que logran imponerse en las disputas políticas de la Semana de Mayo. En esos días, entre idas y vueltas se decidió por una junta que tuviera como cabeza a Cornelio Saavedra, único integrante con un poder militar organizado como respaldo y juramentado en nombre del rey Fernando VII. La declaratoria de conformación de la Junta dice:


“Seguidamente, hincado de rodillas, y poniendo la mano derecha sobre los Santos Evangelios, prestó juramento de desempeñar legalmente el cargo, conservar íntegra esta parte de América á nuestro augusto Soberano, el Sr. D. Fernando VII y sus legítimos sucesores, y guardar puntualmente las leyes del reino”


En lo que se llama comúnmente “Mascara de Fernando VII”, es decir el hacer creer que se jura en nombre del Rey para no sufrir lesiones, se esconde la moderación de un sector conformado por el patriciado de la ciudad que logra tomar el poder con el beneplácito del Virrey Cisneros. Queda así de lado la posición más radical expresada por Moreno, Castelli y Monteagudo que proponían la inmediata emancipación de las colonias y el inicio de la guerra de independencia.


En lo concreto, la tibieza de la cúpula españolista terminó por posponer las acciones independentistas sin sentido alguno viéndose obligados a comenzar la guerra por la independencia al no poder contener a la base movilizada de la ciudad de Buenos Aires. El rol de los trabajadores, indios y esclavos fue clave en impulsar la “Revolución” hacia adelante. El aplazamiento de la declaración de independencia hasta 1813, y luego hasta 1816 decantó en la parálisis y los sucesivos fracasos contra los realistas, producto de la falta de soberanía y decisión propia.


Revolución y moderación son opuestos que se encuentran frecuentemente en la historia. Ningún cambio social se llevó adelante producto de una negociación o pacto con la parte. Muy por el contrario, las alianzas de clases terminaron en la muerte siempre del impulso revolucionario. Las lecciones de Mayo nos deben poner en reflexión para los tiempos actuales, si bien las situaciones pueden parecer muy diferentes en lo superficial, terminan siendo similares en lo esencial.

Pablo Javier Coronel

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