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Y entonces, explotó Guernica


La obra del artista español Pablo Picasso nos habla de una época. Encargado durante la Guerra Civil Española, el cuadro “Guernica” recorrió el mundo y se convirtió en un ícono del siglo XX. En 1937, Picasso vivía en París. En su tierra natal, la República enfrentaba a una sublevación militar de derecha en un conflicto bélico que duraría tres años y que reuniría voluntarios de todo el mundo en ambos bandos.


La Segunda República española estaba siendo gobernada desde febrero de 1936 por una coalición progresista elegida democráticamente. Republicanos, socialistas y comunistas conformaban el Frente Popular e impulsaron medidas extraordinarias: la Reforma Agraria, la abolición de la monarquía, derechos laborales inauditos, el voto femenino, la separación de la Iglesia católica del Estado y la educación laica y gratuita en todo el territorio español.


Estas radicales reformas generaron una fuerte oposición por parte de distintos grupos conservadores, como los católicos, los monárquicos, los militares y la Falange, partido político de una ideología fascista a la española; la Falange propugnaba la creación de un Estado Sindical totalitario en el que la lucha de clases entre capitalistas y trabajadores sería superada al unirlos en los mismos organismos. Estos grupos se organizaron, conformaron el “bando nacional”, y bajo el liderazgo del general Francisco Franco se sublevaron contra la República ese mismo año. Así comenzó la Guerra Civil Española que durante tres años, hasta 1939, mantuvo a España y al mundo en tensión: se estaban enfrentando dos modelos políticos antagónicos. Para muchos, este fue el anticipo de la Segunda Guerra Mundial.


Picasso no podía ser indiferente ante esta situación. Era un artista muy comprometido políticamente que, de hecho, fue miembro del Partido Comunista Francés desde 1944 hasta su muerte. Él decía que “la pintura no existe sólo para decorar las paredes de las casas. Es un arma que sirve para atacar al enemigo y defenderse de él”. Por eso, no dudó en aceptar cuando el gobierno republicano le propuso realizar un mural para el pabellón español de la Exposición Universal de 1937 en París, capital de un país que junto a Inglaterra mantenía una política de “no intervención”. Picasso ya tenía un tema en mente, pero sucedió el bombardeo en Guernica. Y él ya no pudo pintar otra cosa.


Guernica fue un ataque a la población civil vasca, perpetrado por Alemania e Italia, aliados del bando franquista. El cuadro que pintó Picasso con su nombre fue el espejo de la destrucción de un pueblo y una denuncia de los terribles sufrimientos causados por las guerras: Picasso entendía al arte como un arma política.


Sabemos como continuó esta historia. El heterogéneo bando republicano no logró vencer, y el bando nacional se mantuvo en el poder hasta la muerte de Franco, en 1975. “Guernica” desafió al franquismo y viajó por todo el mundo, pero no pasó por España. A pesar de los deseos de Franco de llevar de todas maneras el aclamado cuadro a Madrid, Picasso se opuso: “solamente volverá con la República”. El 10 de septiembre de 1981, finalmente “Guernica” ocupó su lugar en Madrid. Como miles de republicanos, vivió casi medio siglo de exilio. Lamentablemente, Picasso no llegó a ver el retorno de la democracia y del cuadro: falleció en abril de 1973.

Carolina Herz

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