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Mecanismos Político-Ideológicos durante el Periodo Paleo-Babilonico


El periodo Paleobabilónico comprende los años 2000 – 1560 A.C. y surge a partir del colapso de la dinastía de Ur III, luego del período de transición Isin – Larsa y va a alcanzar la unificación de Mesopotamia bajo el Reinado de Hamurabi (1792 – 1750 a.c.). Este periodo expresara las nuevas relaciones sociales, las innovaciones en la estructura económica y los cambios en la organización y la ideología estatal.


En un primer comienzo en vías del reacomodamiento en manos de Hamurabi, las confederaciones de tribus se apoderan del aparato estatal, marcando una inestabilidad y reconociendo dos espacios de poder, el de los khaneos, pueblos pastoriles y el de la sociedad urbana Akad. Hecho que condiciona la legitimidad de los reyes al emparentamiento con sus tribus originales. Es decir a partir de aquí se combinara el carácter ritual de la Realeza tradicional con las formas de dominio características de las jefaturas tribales. El elemento gentilicio de patronazgo juega un rol principal.

Para el 1894 -1881 A.C, surge un nuevo estado regional con Sumu-Abum, quien comienza la expansión de sus dominios desafiando la hegemonía de Isin y Larsa, afirmándose en Babilonia y el cual a partir de este Hamurabi, su sucesor, lograra la unificación de la Mesopotamia.


Con respecto al interrogante sobre qué mecanismos político – ideológicos utilizara el reino PaleoBabilónico, corresponde establecer las distintas formas de representación que desplegara la realeza para reforzar su legitimidad. Estas representaciones estarán basadas en el uso ideológico de la iconografía, la escritura y el ceremonial con el doble objetivo de disciplinar o adoctrinar a “posibles competidores” y a su vez realizar una acción propagandística sobre el conjunto poblacional. En este contexto se considera al código de Hamurabi como “Columna Vertebral del estado que tiende a reforzar el carácter necesario y beneficioso y a promocionar la figura de Hamurabi como rey de Justicia”.[1]


El código sirve como señalamos anteriormente como propaganda de la realeza, que exhibe aspectos beneficiosos de su gestión, estos se marcan con la idea de promocionar al rey Hammurabi como administrador de justicia y hombre de gran sabiduría.


“En presencia de mi estatua de re de la justicia la elegí para administrar la ley de este país, para prescribir las ordenanzas del país para dar justicia a los oprimidos”.[2]


Este derecho a dar justicia a los oprimidos y administrar la ley se justifica en el inicio del prólogo, donde hace referencia a la jerarquía que alcanza el Dios Marduk,, en el panteón mesopotámico, la consecuente supremacía de Babilonia por sobre la región y el ascenso de Hammurabi como rey electo por los dioses, legitimando su posición en la región.


“Enlil estableció para Marduk las funciones de Enlil sobre toda la humanidad llamo a babilonia por su nombre ilustre, la hizo suprema en el mundo, estableció para el (Hammurabi) en su centro una realeza duradera, cuyos fundamentos son tan firmes como el cielo y la tierra”.[3]


La legitimidad que hace mención este fragmento del código, refleja el carácter carismático y tradicional que este rey ejerce sobre la comunidad, aquí se ve de manera explícita la conjunción de lo tradicional, el patronazgo, con la deidades. Sin embargo cabe destacar que en toda la extensión del código no se hace referencia a la divinización de Hammurabi lo cual contribuye a la hipótesis que el poder del soberano recaía en el caudillaje y su carisma para poder de todos modos dirigir acciones de gobierno pacificas y bélicas.


No obstante es importante sumar al análisis en torno a los mecanismos de integración del territorio, la relevancia que existía en vincularse con el pasado y la tradición, por una cuestión de legitimación que era primordial reforzar y principalmente porque esa tradición se basa en el especial vinculo entre el monarca y los dioses y el mantenimiento y reconstrucción de sus templos que eran considerados lugares sagrados.


Para concluir todo este conjunto de leyes que representan el código de Hammurabi, además de servir como manual para las buenas costumbres, tiene explicita e implícitamente patrones que promueven y legitiman al soberano, mostrando su poder carismático y tradicional y siguiendo una linealidad patronal hacia su pueblo.



Rodrigo Martín Lages

Citas y Bibliografía:


[1] De Bernardi, Cristina. “Representaciones fundantes de la legitimidad y la legalidad del poder en el código de Hamurabi”, en De Bernardi, Cristina, Diaz Molano, (comps.) Luis, Estado, sociedad y legalidad en la época hammurabiana, Rosario, Prohistoria, 1999, Pág. 30


[2] Código de Hammurabi


[3] Código de Hammurabi.

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