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La Revolución Iraní


En 1979 el régimen del Sha Pahlevi en Irán fue derrocado por una revolución. Producto de las medidas tomadas, con la mirada puesta en occidente, la modernización y secularización del estado; la oposición se tornó incontrolable, desembocando esto en una Revolución que dio paso a la instauración de una Republica Islámica. En este proceso ocupo un lugar importante el clero chii, que como actor autónomo del Estado presentaba un modelo de sociedad como salida a la crisis basado en los valores religiosos. De este proceso, la figura que terminó hegemonizando a la revolución fue Jomeini un ayatolá, elegido como Guía por las masas. Sin embargo, con el correr del tiempo, como lo explica Khosrokhavar, el nuevo régimen fue mutando y saliéndose del camino que había propuesto como programa para la nueva etapa de Irán. El discurso democrático y de bonanza económica, había sido desplazado por la concentración del poder en Jomeini y la “elite antidemocrática” (Khosrokhavar; 1995:83); la marginación política de la población incapaz de posicionarse como relevo del nuevo poder, el aumento de la represión y la profundización de la crisis económica.


Después de veinte años de la revolución y en medio de la crisis de la Republica islámica, resurgieron debates acerca de la relación que debía existir entre la religión y la política. Retomando la cita de Ayubi, a diferencia de los estados en occidente donde la religión tiene una estructura formada en paralelo al Estado, en Medio Oriente, la religión atraviesa a la sociedad y al Estado sin tener una estructura específica. La relación entre religión y política se mantenía desde los inicios del Islam, en donde siguiendo el relato escatológico sobre el Imam Oculto, la ausencia de este, deslegitimaba el poder político de las comunidades, por lo que había simular obediencia a los jefes políticos de la comunidad, estableciendo una Hierocracia como forma de gobierno, siendo esta dirigida por los sabios religiosos. Es por este motivo que la relación secularización-religión, es conflictiva. La critica a diferencia de los intelectuales occidentales, va a surgir desde el interior de la religión como una exegesis religiosa, en donde no se va a buscar subordinar a la religión al ámbito político, sino que se va a intentar encontrar una solución para poder protegerla. Esta según los intelectuales post islamistas formada por valores eternos, es propensa a sufrir el desprestigio y los defectos que la política con sus valores temporales le puede imponer. Se pone en discusión la idea acerca de si el Islam debe encontrarse contraído o debe ser extendido en la sociedad.


En los debates entran en disputa dos conceptos centrales: el de velayat-e fiqh y el de “sociedad civil religiosa”. El primero defendido por los conservadores, miembros del régimen y algunos representantes religiosos, participes de la revolución, encerraba la idea de que la política y la religión son dos esferas indisolubles, entendiendo que cualquier tipo de poder que provenga de la segunda es ilegitimo. El papel del Guía como líder de la comunidad se encuentra por encima del resto de las instituciones siendo él, el que tiene la última decisión al respecto de los problemas y asuntos de la sociedad. Como “Doctor de la Ley, defiende un sistema de derecho, el fiqh, que no puede ser objeto de debate democrático” (Khosrokhavar; 1995: 72-73. El segundo concepto, “Sociedad civil religiosa”, hace visible la idea que tienen los post islamistas, los cuales defienden la separación de las esferas de la política y la religión. La sociedad aunque no este dominada por la esfera religiosa, debe ser organizada en torno a los valores religiosos del Islam.

La defensa de estos dos conceptos esconde los modelos de participación defendidos por cada uno. Mientras que en el modelo defendido por los conservadores, el poder político queda restringido a una minoría religiosa por ser conocedores de todo el corpus teórico del Islam, la incompatibilidad de este y la democracia es una característica central. El segundo en cambio, plantea un modelo de “secularización consciente”, donde la soberanía descansa en el pueblo y por lo tanto, la democracia no es incompatible con el Islam. Es una manera de defender la concentración o la desconcentración del poder.

Erika Rodríguez

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