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Treinta años de discordia Argentina: 1852-1880


Para 1852 y tras la caída de Juan Manuel de Rosas, tanto para Alberdi como para Sarmiento, Argentina finalmente podría vivir en paz sin necesidad de contar con un régimen político que conserve, la concentración de poder alcanzada hasta el momento, Se comienza a crear, un imaginario en el que Rosas había dejado un legado de unificación y en cuya línea deben darse las bases para los que en el futuro harían de la Argentina un país distinto y mejor, en otras palabras solo faltaba un matiz Constitucional para edificar la Nación.


Ahora bien, la realidad, se convierte en un asunto totalmente distinto. Teniendo como base que si bien en el marco internacional se continúa con la línea Rosista, en el plano interno la hegemonía sobre Buenos Aires se derrumba junto a él. En palabras del recientemente fallecido Historiador, Halperin Donghi: “La caída de Rosas había significado un punto de inflexión en la trayectoria del federalismo”.


Oszlak, por su parte, retrotrae el análisis, hasta la caída de la dominación española. No se había hecho capaz el desarrollo de una clase dirigente que suplantara el control político y territorial ejercido por la corona y esto devino en que al momento de la organización nacional, luego de la batalla de Caseros, no hubiera un camino heterogéneo a seguir sino mas bien que cada provincia tenga diferentes concepciones en función de su respectiva articulación dentro del esquema económico. Chiaramonte amplia y aclara: “El rasgo más decisivo de la estructura social rio platense, fue la inexistencia de una clase social dirigente de amplitud nacional capaz de ser el sujeto histórico en este proceso”


Esta puja de intereses propios de cada provincia, ya sin el control de la mano de Rosas, sobrevino en la guerra civil, (algunos años después de la batalla de Caseros), manifestándose política y militarmente ambos proyectos con un mismo fin: La Unidad Nacional. Pero con intereses económicos opuestos.


En dichos enfrentamientos, Buenos Aires va a mantener dos conflictos armados con la confederación en manos de Urquiza (tras haber sancionado la constitución en el 53´) en las cuales en el 59´ admite integrarse a la Confederación, obteniendo de este el reconocimiento del papel de director, así como en palabras de Oszlak: “La creación de nuevas condiciones para la articulación de los intereses de los sectores dominantes del interior al circuito economico que tenia por eje el puerto de Buenos Aires”.


La recién creada Confederación nacional con la suma de Buenos Aires, brindaba, la gradual apertura externa de la economía originando nuevas relaciones, nuevos intereses en torno al mercado mundial y al modelo de economía exportadora, que luego de la caída de Rosas comenzó a acelerar su ritmo.


Si bien Buenos Aires se encontraba dentro de la Confederación, y la aduana paso a corresponder al gobierno nacional, esta siguió ejerciendo la administración directa, correspondiéndole a la tesorería nacional solo el excedente de la recaudación aduanera, hecho que evidencia que aun seguían dos modelos independientes en la nación.


La confederación va a conocer su derrota en la batalla Pavón, asumiendo Mitre como gobernador de Buenos Aires, tras para Oszlak “Un dudoso triunfo militar”.


Mitre despliega un plan que comprendía en ocupar militarmente a Santa fe así como el fortalecimiento de los partidos liberales en el interior, mediante el apoyo de los gobiernos provinciales con intereses en común con Buenos Aires y la pacificación del litoral mediante un acuerdo con Urquiza.


Durante, el gobierno de Mitre, desde el puesto de ministro, Sarmiento va a impulsar propuestas en marco del proyecto de transformación social, como la reforma agraria (1860) en la cual propone para el área destinada a ser servida por la continuación del ferrocarril Oeste, el permiso a los terratenientes a conservar solo la mitad de la tierra que poseen, logrando así la eliminación del predominio ganadero en pos de una economía agrícola, visto como elemento básico del ascenso hacia una etapa superior, la modernidad. En esa noción es que se va a apoyar la colonización agrícola de la campaña como solución al atraso y los problemas socio-políticos de la Nación.


Al disolverse la confederación argentina, se retorno de hecho, al arreglo institucional vigente antes de su creación, con excepción de las relaciones exteriores (en manos de Mitre), la resolución de los asuntos públicos, siguió en manos de las provincias, además de no poder haber logrado hasta el momento la materialización de la formal declaración de intenciones de una Constitución Nacional que ya hacia una década que era vigente.


Al alcanzar el poder como gobernador de buenos aires, Mitre advierte los límites de su victoria, los avances del partido de la Libertad, no podrían alcanzar a las provincias mesopotámicas así como en algunas provincias interiores la base local para establecer el predominios liberal están exiguas. Viendo este marco desfavorable decide la remoción de los gobiernos provinciales de signo federal en el interior apelando a los destacamentos militares de Buenos aires, y en el norte a los ejércitos de Santiago del Estero y los hermanos Taboada.


Mitre, sacudida ya su base provincial, busca consolidarla mediante la supresión de la autonomía de Buenos Aires, disponiendo mediante una ley Nacional colocarla bajo la administración Federal hecho que rehúsa la legislatura, logrando crear una facción liberal anti-mitrista: la Autonomista. La división del liberalismo porteño va a gravitar en la ampliación de la crisis política que Mitre había buscado paliar mediante su acercamiento a Urquiza.


La caída del Mitrismo para Halperin, se da a partir de “una erosión de su base política porteña” como consecuencia de una traición para con su mismo partido, al adoptar un rol de espectador ante el avance del caudillo Urquiza frente el alzamiento federal de 1866 a 1867 quien, desde Mendoza a Salta, convulsiona todo el interior andino, favoreciendo en el Uruguay la causa “de ese otro traidor a sus principios” el general Flores.


Mitre culmina su estocada final, en el desencadenamiento de la primer guerra “moderna” la guerra contra el Paraguay. Pactando con el Imperio del Brasil, a la vez que generando una alianza contraria al republicanismo de su partido.

En este marco, es como surge en 1868 Sarmiento como presidente acercándose a la figura de Urquiza a fin de lograr una nueva alineación federal que pueda aspirar a ganar gravitación decisiva.


Pocos meses después de recibir la visita de Sarmiento, Urquiza es asesinado por los participantes en la revolución provincial que ponen en el poder a López Jordán.


El proceso de Formación del estado implico, para Oszlak la sustitución del marco institucional provincial como principal eje en las relaciones sociales, en otras palabras pasó a una burocratización, educación y reformas políticas en pos de la modernidad. Dejando para 1879, con el triunfo de roca sobre el ultimo territorio Indio, el triunfo a su vez del Estado Central, en palabras de Halperin: “El ultimo resto de su pasada Hegemonía”.


En otras palabras, la modernidad con su orden y progreso se abría camino, mientras el liberalismo asentaba sus bases para lo que hoy podemos denominar Estado Nación.

Rodrigo Martín Lages

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