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Género e Historia: la lucha femenina y la Historia actual.


El concepto de género surge gracias al feminismo teórico de los años 60 y 70, en la denominada “segunda ola” expansiva. Este se establece como tal en contraposición al concepto de sexo, el cual pasa a ser el vocablo que da cuenta de las características anatofísicas y fisiológicas correspondientes a varones y mujeres; mientras que género, es empleado para dar cuenta del significado decisivo de los condicionamientos sociales y culturales que crean los caracteres femeninos y masculinos.


Al establecer tales conceptos como creaciones sociales y culturales, se permite la visibilidad de esta construcción histórica, la cual como toda historia, va a estar condicionada y determinada por quien la moldea. Cada cultura indica sus funciones, sus actividades así como las expectativas de comportamientos socialmente aceptados.


Cabe destacar, a su vez, la diversidad de géneros ya que cada vez que las negociaciones de sexualidad son diversas, dan lugar a múltiples adopciones de identidad, entendiendo dicha identidad también, como proceso de construcción personal.


“La identidad esta en perpetua negociación, y lo seres humanos sólo pueden resultar sujetos nómades”.[1] Dora Barrancos


En cuanto al recorrido histórico de las luchas femeninas, podemos establecer distintos avances dividiéndolos en tres etapas.


Una primera ola, al comienzo de la mano del liberalismo y la declaración de los derechos del hombre, donde surgen varios pensadores, generando cierta literatura a favor de la mujer, como puede ser el caso de la declaración de los derechos de la mujer y la ciudadanía, tras la revolución francesa. Una segunda etapa desarrollada en Latinoamérica, Estados Unidos e Inglaterra, concentrada en la obtención de igualdad frente al varón en términos de derecho de propiedad e igual capacidad de obrar, así como la demanda de igualdad de derechos dentro del matrimonio, esta etapa obtendrá su mayor avance en el sufragio.

La segunda ola se ubica cronológicamente en las décadas del 60 y 70 sosteniendo un programa de lucha abocado a combatir: la desigualdad y la sexualidad. Logrando un marco teórico que culminara con la distinción sexo – genero.


En la tercer ola, a partir de los años 90, podemos distinguir una proclamación y lucha orientado a la diversidad y la construcción de identidad, apoyándose en el marco teórico heredado de la segunda.


Desde la historiografía de las mujeres, cabe destacar el espacio que fueron ganando, abriéndose paso de forma decidida a partir de la década del 70, donde se revalorizaron conceptos y las propias sociedades así como las diferentes épocas fueron revisitadas con otra lente permitiendo una interpretación diferente de los acontecimientos.


Esta revolución historiográfica de las mujeres, reconfiguró la disciplina, las concepciones que atribuían un papel decisivo a los conflictos de clase, debieron rever las ideaciones patriarcales que habían obrado como una fuerza inexpugnable. El orden de estos prejuicios no fueron obra del sentido común falto de crítica, sino que fueron y lamentablemente aun hoy día son, una construcción científica e histórica.


Siguiendo al Historiador Londinense, Edward H. Carr podemos afirmar el carácter social que brinda a la historia, esa dialéctica colectivo – individuo, que nos permite analizar a la sociedad a partir de la historia que escribe o deja de escribir. No solo es esa historia que escribe o deja de escribir sino también quienes construyen esa historia o a quienes se les prohíbe realizarla, quienes son los silenciados o silenciadas.


¿No nos parece raro hablar de “Madre Patria”? Desde la construcción de estado nación, e incluso mucho antes, de manera sistemática nos han inculcado el panteón de próceres, Belgrano, San Martín, Sarmiento… ¿Dónde quedaron las mujeres, las Madres de la patria que lucharon junto a ellos?


La noción de patriarcado, la cual describe una situación de distribución desigual del poder entre hombres y mujeres, es una concepción y construcción social, donde los hombres tienen suma preeminencia en uno, o varios aspectos, desde lo económico hasta lo social. Entendiendo el patriarcado bajo este marco es que podemos diferenciar rápidamente el carácter coercitivo de este concepto que impone límites no solo a la conducta femenina sino que la limita la delinea a su forma.

Vivimos y continuamos inmersos en una sociedad patriarcal. Desde el periodo colonial, desde la independencia, como nos señala Diego rojas en La Madre de la Patria, y hoy día, si bien los paradigmas han cambiado, la esencia del patriarcado sus límites y restricciones nos coaccionan como sociedad.


Rodrigo Martín Lages


Citas:

[1] BARRANCOS, Op. Cit. p 18

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