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Tecnología y sociedad del conocimiento


¿Qué es la tecnología? ¿Podríamos definirla como el cúmulo de conocimientos y hallazgos que le permitieron al hombre obtener los medios necesarios para dominar progresivamente el medio ambiente? Al analizar la historia de la tecnología nos topamos con el inconveniente de que la misma no tiene un relieve historiográfico similar al que tienen otras actividades como la política o la religión. Por lo tanto, la mayor parte de las investigaciones en el campo de la tecnología, antes de nuestra etapa contemporánea, se encuentran ancladas en los pueblos que han despertado mayor interés en los historiadores occidentales. Por ejemplo, se sabe que los hombres que existían en el paleolítico no lograron un desarrollo que les permitiese controlar su entorno, ya que su tecnología era muy rudimentaria: vivían en cuevas, y no desarrollaron la agricultura, se dedicaban a la caza y a la recolección, dominaban el fuego de manera alternativa, y se supone que el acto de encender fuego surgió de la experiencia empírica, es decir, de ver el roce de las ramas secas con el viento. Por el contrario, el hombre del neolítico (piedra nueva) hizo un uso más sustancial de la tecnología, con la elaboración de sofisticadas piedras que convirtieron en hachas y el dominio parcial de la agricultura, que más tarde conllevaría al sedentarismo con la consiguiente radicación de poblaciones. Se asiste a un incremento notable de la población, que no se había notado con anterioridad, ya que el problema constante de la alimentación había sido temporalmente solucionado. El sedentarismo fue el puntapié inicial de la civilización. De allí en más, la tecnología comenzó a utilizarse como elemento de desarrollo y también de dominación. Los egipcios desarrollaron enormes canales para controlar las crecidas del Nilo e irrigar praderas de cultivo; los romanos construyeron miles de kilómetros de caminos por donde desplazar sus legiones; los árabes desarrollaron el sistema posicional en la matemática y le dieron una ayuda vital, el número cero, también perfeccionaron instrumentos para la agricultura, como los molinos de agua y realizaron importantes modificaciones en el plano militar: nuevas monturas y estribos que les permitieron contar con una caballería veloz y poderosa.


El dominio de algunas civilizaciones sobre otras fue en gran medida, posibilitado por ciertos baluartes tecnológicos que les permitieron ejercer el desarrollo y la dominación. Ya en plena contemporaneidad, hemos sido testigos de cómo la marina británica fue el instrumento de dominación de dicho imperio, así como el desarrollo industrial fue el vástago de los EEUU, la URSS y la propia Gran Bretaña.


Sin embargo, desde la década de los 60´ se ha desarrollado otro tipo de tecnología, una tecnología revolucionaria, que propaga las comunicaciones por una variedad de canales y con mayor velocidad. Se conoce este proceso como “La revolución tecnológica”.



¿Sociedad de la información o sociedad del conocimiento?


Podríamos afirmar ciertamente que la revolución tecnológica que se vive desde la década de los 60´ y el desarrollo permanente en las comunicaciones, conjuntamente con el avance de todo un dispositivo interactivo de comunicación denominado “massmedia”[1], posibilita una mayor velocidad en el traslado de la información. Esto además se encuentra íntimamente vinculado con lo que hoy llamamos “La sociedad de la información”, que para muchos representa la piedra angular de la “sociedad del conocimiento”.


El concepto de Sociedad de la información está relacionado con la idea de innovación tecnológica, mientras que el concepto de Sociedad del conocimiento incluye una dimensión de transformación social, cultural, económica, institucional y política, así como una perspectiva más pluralista y desarrolladora. Las sociedades más avanzadas tienen en común una creciente adopción tecnológica para la valoración y gestión de la información. A la sociedad de la información se la signa como la sucesora de la sociedad industrial. El término tiene sus antecedentes en los años 70, sin embargo esta expresión reaparece con fuerza en los años 90, en el contexto del desarrollo de Internet y las TIC (Tecnologías de la información y comunicación). Esto comienza a tener muchísima trascendencia a nivel mundial y, por supuesto las potencias mundiales tomaron nota de ello. En 1995 fue incluida en la agenda de las reuniones del G8[2]. En 1998 se efectuó por parte de la UNESCO la cumbre mundial CMSI (Cumbre mundial sobre la sociedad de la información), que se realizó en Ginebra (2003) y luego en Túnez (2005).


En palabras de la Comisión Europea de la comunicación, se mencionan tres puntos en los que la sociedad de la información va a actuar directamente a nivel social:


1- En lo económico, permite expandir el mercado, incrementar beneficios, realizar un salto en la productividad y, consecuentemente, aprovechar la convergencia tecnológica protagonizada por las industrias informacionales y comunicacionales.


2- En lo social, permite un acceso más directo a las fuentes de conocimiento, incrementa el bienestar alcanzado durante la fase del Estado de Bienestar, posibilita una democratización merced a las facilidades tecnológicas e implica un mejor aprovechamiento del tiempo productivo y mejora la calidad de vida.


3- En lo político, permite nuevas oportunidades de participación en una democracia de tipo asambleario, mediante la conformación paulatina de una nueva esfera pública con Internet como reedición contemporánea del Ágora ateniense.[3]


Antonio Lucas Marín, en su obra “La nueva sociedad de la información”, abre su análisis de las sociedades de la información (o sociedades informacionales) con la comparación entre “Industria” e “Industrial”[4], en donde postula que la dinámica en las sociedades modernas se basa en la creación y en el traslado de información. Por otra parte, el autor plantea que la revolución industrial es el soporte de estas sociedades emergentes en la contemporaneidad, porque es cuando surge la aparición de innovaciones tecnológicas significativas (como la iluminación eléctrica domiciliaria, introducida por Edison, o la del automóvil económico, de Ford), que generan una fase de expansión financiera a través de la actividad tecnológica. Sin embargo, este cambio en la sociedad se da porque el hombre conforme satisface las necesidades básicas, desarrolla necesidades y deseos más elevados; en este sentido, se crearon tecnologías para satisfacer insuficiencias de producción, generando así nuevas expectativas de información y, con ello, el desarrollo de las Sociedades informacionales. Confirmamos entonces la expresión que dice “la información es poder”, pero sólo para los que tienen la capacidad de transformarla en conocimiento.


Tan sólo la información bien interpretada, veraz y relacionada con otras, puede ser utilizada con eficacia y, para esto, es necesario una educación profesional y una capacitación técnica previa. Por lo tanto, estamos ante la evidencia de la relevancia del saber como factor económico o, mejor dicho, ante “el conocimiento” como condición para generar riqueza. Esto por supuesto, trasciende el ámbito económico y es aplicado directamente a la política, en donde el caudal de información sobre el comportamiento, cada vez más fluctuante de la sociedad, es llevado al instante por medio de lo que hoy, en palabras de Michel Foucault, podríamos calificar como los verdaderos comisarios políticos de la actualidad: las encuestadoras.


Estamos hablando, por lo tanto, de conocimiento. Pero ¿qué es el conocimiento? Si tomamos el saber vulgar, podemos interpretar por conocer el hecho de obtener una representación de un objeto y, por conocimiento, la asimilación que se hace de dicho proceso, el proceso de conocimiento, es decir, asimilar la información recibida, en interacción con los conocimientos que ya tenemos adquiridos. Ahora, la sociedad del conocimiento, fue planteada de manera utópica por intelectuales de fuste a nivel mundial, con la creencia de que estábamos frente a un tipo de sociedad que podía acercar respuestas a las problemáticas cada vez más complejas de la sociedad actual. Pronto nos dimos cuenta que esto no sucedió así, ya que el solo hecho de tener mayor cantidad de información disponible no significa que necesariamente, se encuentre al alcance de todos. La casi totalidad de usuarios de Internet a nivel mundial está localizado en Europa y América del Norte. África ocupa un lugar marginal y solamente el sudeste asiático, de la mano del gigante chino, tiene una marcada curva de crecimiento.


El advenimiento de la sociedad del conocimiento no desarticuló la problemática de la conflictividad social, sino que, al contrario, le dio nuevos matices. Claramente podemos decir que la sociedad del conocimiento no se encuentra al margen de los desequilibrios mundiales ni es tampoco un paliativo para los países subdesarrollados; al contrario parece ser un claro ejemplo de la materialización de las desigualdades a nivel mundial.


Conclusiones


“Lo que los hombres realmente quieren no es el conocimiento sino la certidumbre.” (Bertrand Russell[5]).


La llegada de la sociedad del conocimiento supuso poderosos avances en materia de información y de comunicación, pero de ninguna manera pudo soslayar la problemática de la sociedad de hoy en día, que sigue siendo el antagonismo de las clases que cohabitan en ella. Es muy probable que aquél obrero que Marx conoció a mediados del siglo XIX ya no exista o, para no ser tan determinantes, esté en decrecimiento en el mundo occidental. Pero en el sudeste asiático más de 30 millones de personas por año se vuelcan de la agricultura a la industria, en lo que hoy se denomina el nuevo “taller del mundo” China.


Tampoco la multilateralidad de la información puede prescindir del aspecto ideológico, ya que todo el caudal de información que circula por los nodos está cuidadosamente “filtrado” por el sistema. Se ha dado a enormes sectores de población un acceso más amplio a diversidad de información, pero este acceso sigue siendo minoritario a nivel mundial. Tampoco se ha subvertido la lógica reproductiva del sistema, sino que se ha acrecentado con nuevas herramientas, que funcionan como un cuasi panóptico: en vez de vigilar sin mirar, instruye discrecionalmente con información muy detallada, si corresponde hacerlo, o vaciada de contenido en algunos casos. Todo depende del tipo de consumo y a quién va dirigida.


“La Sociedad de la información”, parece ser una herramienta más del sistema capitalista, la Royal Navy, pero del siglo XXI.

Lisandro Rappetti.


Citas:


[1] Tiramonti, Guillermina: La escuela en la encrucijada del cambio de época. Ensayo. El término mass-media (medios de comunicación de masas), indica señala los instrumentos que permiten una difusión colectiva de contenidos del mismo tenor a los individuos y a los diversos grupos que componen la sociedad.


[2] Se denomina G8 a un grupo de países industrializados del mundo cuyo peso político, económico y militar es relevante a escala global; está conformado por Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Reino Unido y Rusia.


[3] Sociedad de la Información: Texto seleccionado y elaborado en base a la bibliografía aportada en la Diplomatura Educación y Nuevas Tecnologías, FLACSO.


[4] Se hace necesaria esta distinción debido a la categorización anterior que definía la sociedad de la información como evolución de la sociedad industrial.


[5] Bertrand Rusell: Filósofo, político y Matemático Británico.


Bibliografía:


● Castells Manuel: La revolución de la tecnología de la información. Economía, sociedad y cultura en el siglo XXI. Ensayo. 2002.

● Marín Lucas Antonio: La nueva sociedad de la información. Una perspectiva desde Silicom Valley (Estructuras y procesos. Ciencias Sociales). Ed. Trotta. 2013. España.

● Rivoir, Ana Laura: Sociedad de la Información y el conocimiento, hacia un paradigma complejo. Ensayo. 2010. Uruguay.

● T. K. Williams: Historia de la tecnología, desde 1750 hasta 1900. Ed. Siglo XXI. México. 1982.



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