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¿Por qué el Che fue a Bolivia?

Tras aquella sublevación masiva comentada en el artículo anterior, la cual depuso al presidente Daza, no hubo ningún estallido popular de importancia en la historia boliviana, no obstante, tras la Guerra del Pacífico existió otro evento de mayor envergadura, aunque hubo que esperar décadas por éste y, en ese sentido, la bibliografía indica que al año 1952 fue un momento decisivo de la historia nacional y el más importante del siglo XX por lejos para el país andino. El 9 de abril de dicho año comenzó la Revolución Boliviana, el único evento en el que una insurrección popular logró desmantelar un ejército. Esta Revolución disolvió el último y conformó otro con mineros y campesinos. Su impacto sobre América Latina fue único, el primer hecho de esta naturaleza, igualado sólo por la Revolución Cubana, ocurrida sólo unos pocos años más tarde.


La Revolución en Bolivia no se inscribió dentro de la generalidad de la constelación ideológica de la época. Es decir, si bien no fue marxista-leninista, sin embargo, adoptó medidas que pudieran parecer familiares a cualquiera de las revoluciones coetáneas, en especial, la nacionalización de los medios de producción y una reforma agraria más radical, incluso, que la de la propia Cuba revolucionaria. Por lo tanto, es correcto afirmar que estuvo plagada de paradojas, por ejemplo, mientras el gobierno “revolucionario” nacionalizaba los medios de producción, por otra parte, recibía el apoyo imperialista norteamericano.


Una paradoja más reside en el hecho de que mientras las cúpulas revolucionarias de la época bebían (ideológicamente hablando) de las fuentes del marxismo y eran pro soviéticas, en Bolivia el MNR, fundado once años antes de 1952, era simpatizante de las ideas del nacionalsocialismo y sus partidarios admiradores de Hitler, sobre todo durante su gesta épica en Europa. En adición, es curioso pensar en un grupo fascista liderando una revolución en una nación compuesta mayoritariamente por población indígena, si se considera la doctrina racista que avala dicha ideología. Toda esta caracterización fue discutida con posterioridad, pero este tema es parte de un asunto que será comentado luego.


Así las cosas, desde 1952 hasta 1964 el MNR se mantuvo en el poder, desplazando en el ínterin a la Central Obrera Boliviana (COB), exponente de las más diversas tendencias revolucionarias y de la democracia sindical campesina. De esta forma se acabó con el “poder dual”, encaminando el proceso por la senda contrarrevolucionaria. Por otra parte, los EEUU, con su apoyo al régimen, hicieron posible que el país no se acercara a la Unión Soviética, en el contexto de la Guerra Fría, por lo tanto no hubo tensiones en ese sentido y de tal modo la Revolución y su desarrollo quedaron poco investigados porque la historiografía del período hace hincapié en los conflictos propios de la Guerra Fría. Entonces, Bolivia no es un eje importante en la asonada de los conflictos propios de la misma.

Finalizado ese lapso de trece años, con la excusa de la agitación popular, sobrevino el peor momento de la historia boliviana, una Junta Militar depuso al débil y cuestionado MNR., iniciándose con ello la dictadura militar tras un “golpe preventivo”. Ésta fue responsable, entre otros menesteres, del asesinato de Ernesto “Che” Guevara.


Finalmente, tras algunos cambios en los pocos años previos, la dictadura se recrudeció cuando en 1971 el ascenso del entonces Coronel Bánzer proyectaba la sombra de la destrucción del movimiento obrero. De todo esto se infiere que lo que comenzó con una supuesta “revolución proletaria” terminó siendo el gobierno de un grupo que cada vez devino más “derechista” y cuya experiencia fallida culminó simplemente con el autoritarismo militar, si se considera que el MNR fue perdiendo gradualmente apoyos (sólo el campesinado siguió siendo fiel al partido).


De todas formas, y a modo de síntesis, debe decirse que hubo transformaciones radicales como producto de la Revolución. Según comenta Isaac Bigio, en primer lugar, la vieja oligarquía altiplánica fue depuesta, en segundo término, los sindicatos tomaron un ascendente que hasta ese momento no habían gozado, armándose, tomando tierras y transformándose en un poder paralelo, se nacionalizaron riquezas diversas y, por último, se le concedió la ciudadanía a la mayoría de la población, iletrada desde ya.


En suma, la izquierda caracteriza al año´52 como aquel en el que se produjo una “revolución proletaria” en Bolivia, de modo que se interpreta que los obreros no supieron conservarla para sí y cedieron el mando al partido en cuestión, iniciándose con ello la contrarrevolución. Entonces, se hace una lectura del MNR tal que se lo reconoce como a una agrupación pequeño-burguesa iniciadora de la insurrección, pero que la terminó desviando en su provecho. Para resumir, dice al respecto Liborio Justo lo siguiente: “El proletariado victorioso entregó el poder a la dirección pequeño burguesa emenerrista, es decir, a una dirección política que no era la suya.”.

Este autor califica a la Revolución Boliviana como “la única revolución obrera del continente”. De todas formas, los intelectuales bolivianos están de acuerdo en el sentido en que el MNR imprimió su sello a la Revolución y más allá de considerar si se puede hablar de la misma como “derrotada”, “traicionada”, etc., se debe evaluar cuáles han sido las consecuencias de ésta para el pueblo boliviano. Entonces se dice que todas las medidas de gobierno fueron producto de la presión revolucionaria, pero la forma en que el partido al poder las fue adoptando las privó de su carácter revolucionario. Por último, el agravante más temido no tardó en llegar, las dictaduras militares, que en opinión de un periodista boliviano, Said Villavicencio, no hicieron más que vestir “…de sangre y vergüenza la historia nacional, se encargaron de agravar el cuadro de pobreza de la mayoría de sus habitantes, y de enlutar el porvenir de las generaciones posteriores…”.


La óptica de Alberto Pla sobre el proceso descansa sobre una premisa similar a la del trabajo de Liborio Justo. El primero sostiene que el gobierno movimientista (nacionalista y burgués), apoyado por EE.UU., de una política moderada y conciliadora al principio, se transformó en abiertamente contrarrevolucionario, hasta el punto de que sus propias filas se generaría la contrarrevolución declarada, en 1964. Entonces, resta decir que para Pla la principal contradicción de la época reside en “…la revolución burguesa que pretende el MNR y la revolución social que está en la base de las reivindicaciones obreras…”. Así las cosas, al contener tendencias de todo el espectro político, el MNR primero golpeó a la derecha y más tarde sofocó al movimiento obrero.


Ahora bien, grosso modo, todo lo anterior responde a la historiografía de izquierda y su lectura sobre la Revolución en cuestión, por lo tanto el hecho de adoptar solamente dicho enfoque como interpretación de la gesta constituye un error metodológico, si se piensa en la diversidad de corrientes históricas y autores. En este sentido, el análisis de la Revolución hecho por un autor no adoctrinado en la izquierda política, muestra una situación diferente y una reconstrucción distinta del caso histórico. Entonces, a continuación, se comentará el análisis histórico que hace la obra de Roberto Jordán Pando, De Bolívar a la Revolución Boliviana, trabajo cuyas conclusiones difieren radicalmente respecto de la idea central expuesta por la izquierda sobre la naturaleza del proceso estudiado.


Ante todo, para despejar dudas sobre su significado, el autor citado entiende como idea fundacional que la Revolución fue en primer lugar “nacional”, para desligarse de una matriz socialista, comunista, o bien de derecha. Es decir, constituyó una “revolución nacional”, dirigida por un bloque político, armado en torno a una alianza pluriclasista, y no un grupo fascista, como lo ha querido ver la historiografía de izquierda. Al contrario, ya desde sus comienzos funcionó como un grupo de intelectuales nacionalistas cuyas orientaciones populistas lo llevaron a enfrentarse con la oligarquía minera. Si bien es cierto que en Bolivia para la época operaban ciertos grupos simpatizantes de Alemania, no obstante, ello no implica que el MNR fuera un partido similar a la Falange Socialista Boliviana, como se ha pensado. Un ejemplo similar de esta concepción errónea se puede dar en el caso del peronismo argentino, denominado ingenuamente “fascismo de izquierda”.


La tesis fuerte del libro de Jordán Pando reside en que la Revolución implicó la conquista de los derechos sociales y políticos de los hasta entonces marginados, tanto en la Colonia como en la República. Al momento de la independencia, “las capas dominantes republicanas, simplemente sustituyeron la estructura del poder colonial con preterición de los indígenas. El proceso de cambio se agotó en los objetivos nacionales.”. Es más, el gobierno postcolonial recrudeció el sistema que sustentaba las relaciones de producción perjudiciales para la mayoría de la población, así que se extendió el feudalismo en el agro y el semiagro, formándose la sociedad feudal-minera cuya elite sería la que más tarde constituiría la “Rosca”.


Ese poder, aliado con el de los latifundistas, constituyó la oligarquía que a partir del 9 de abril de 1952 la Revolución puso en grandes aprietos, aunque con anterioridad a la citada fecha constituyó el gobierno más poderoso que Bolivia jamás haya visto. Por ende, agotado éste, se derrotó lo antinacional y así se le ponía coto al superestado minero. De esta forma el MNR postuló aquello que no pudo la Independencia en favor de los grupos oprimidos y marginados, constituyéndose en el portavoz de las demandas de éstos, el principal partido de masas de la historia boliviana y el vocero de los oprimidos de la nacionalidad. Lo notable fue que sólo el nacionalismo revolucionario haya sido la única ideología adoptada por el frente de clases a lo largo de estas transformaciones.


Más allá de la valoración que ha hecho la izquierda, y demás corrientes historiográficas sobre el proceso, se puede hacer un balance, el cual por cierto luego de un análisis exhaustivo, arroja resultados negativos. Al respecto, Said confirma, en esta dirección, lo que se sostuvo al comienzo de este ensayo, a saber, desde 1952 hasta la fecha Bolivia ha vivido un período calamitoso. En el contexto del aniversario número cincuenta de la Revolución, agregaba el mencionado con un tono plenamente pesimista que si bien para América Latina los´80 fueron la “década perdida”, a tenor de lo expuesto con anterioridad, para Bolivia esta última mitad de siglo debería denominarse claramente “el medio siglo perdido”.


A pesar del pesimismo imperante, tal vez se pueda formular que Jordán Pando mantiene una visión algo más optimista del proceso y rescata aspectos positivos de la Revolución. El planteo anterior se basa en algunas acotaciones que el autor realiza con respecto a las conquistas sociales del período revolucionario, de las cuales varias fueron irreversibles (por ejemplo, la reforma agraria y la cuestión del sufragio). Además, formula el citado que si muchos pensaron que 1946 era el fin del MNR, esto no fue así, y entonces, la historia demuestra que no se acabó y la Revolución Nacional, menos. Por último, señala que la Revolución contribuyó en la diversificación productiva (y de dependencia, mejor depender de varios), aumentó el PIB en el período 1952-1964 y facilitó la mejoría de indicadores sociales, como la esperanza de vida, el índice de mortalidad, etc. Concluye sosteniendo que, si bien hoy en día el campesinado boliviano es pobre, gracias a la Revolución al menos cuenta con libertad política.


En definitiva, siguiendo a Pando, el MNR fue exitoso, cumplió lo que prometió casi en su totalidad, sobre todo ayudó a completar la Independencia (en un rico aporte para toda América Latina) aunque quede bastante por hacer. Al respecto, si se considera que en 1952 Bolivia dejó de ser un país oligárquico-feudal, convirtiéndose en una nación capitalista atrasada y aún dependiente, entonces se está en condiciones de afirmar que se siente la necesidad de hacerla avanzar hacia estados superiores, revirtiendo dichas condiciones.


El enfoque expuesto en los últimos párrafos difiere de la visión construida por la izquierda, principalmente al momento de delimitar el binomio revolución contrarrevolución.


Resulta claro que para Jordán Pando la caída del MNR implicó el inicio de la contrarrevolución, en 1964, con la llegada del golpe de estado, en una suerte de perspectiva rupturista. En contraste, dentro de un planteo de tipo más bien gradualista, Liborio Justo (y otros) aseveran que la Revolución comenzó en 1952 y sólo al calor de su desarrollo devino en contrarrevolución, al amparo del creciente protagonismo del MNR.


La lectura de izquierda pareciera no considerar plenamente la gravitación que las disidencias al interior del movimiento tuvieron en la caída del mismo, principal factor explicativo para Jordán, y entonces la primera se limita a definir al grupo simplemente como un “partido pequeño-burgués”, cuando realmente se trató de un aglutinamiento de clases, cosa harto más compleja. En suma, volviendo a lo comentado al principio, la tensión entre ambas escuelas reside en su explicación sobre la naturaleza del proceso y, a propósito, un artículo tomado en este trabajo lo resume todo en forma interrogativa: ¿Revolución Nacional o Revolución Proletaria?, he ahí el gran eje del debate (si es que no hay otros, más allá de la caracterización del MNR, cuestión comentada antes).


Durante su experiencia de viajes a lo largo de Sudamérica, Bolivia fue un caso que captó notoriamente la atención de Guevara y, tan sorprendido quedó ante la aparición de la primera revuelta popular, que eso pudo haber sido motivo para que años después intentará la liberación de dicho país. Por lo visto, haber sido testigo de aquello fue su primer puntal en la conformación de una conciencia revolucionaria, según expone Gaggero.


De regreso a Bolivia, corría agosto de 1966 y Guevara tenía expectativas sobre su éxito si explotaba las debilidades del régimen boliviano, sobre todo el descontento popular ante la dictadura militar. Creía que hordas de mineros y campesinos adherirían a su empresa gracias a los rotundos éxitos militares de la guerrilla en expansión. Finalmente, como es sabido, la historia demostró que el “Che” estaba errado y, en consecuencia, la mañana del 8 de octubre de 1967 fue testigo de su captura, anterior a su ejecución.



Ahora bien, este es el punto central, la explicación sobre su fracaso en la lucha guerrillera encuentra su razón de ser en la situación político social de Bolivia en esa época, producto y consecuencia de una Revolución bastante cercana en el tiempo. El “Che” no se equivocó de mensaje, pero si falló en el momento y lugar, eligió un área despoblada con una población campesina que había gozado de una reforma agraria reciente y, por lo tanto, no podía ser seducida por la alternativa de la guerra de guerrillas, además de que la izquierda boliviana, débil y golpeada por una sucesión de golpes militares, lo había traicionado, o más bien no la seducían los métodos de acción propuestos por los guerrilleros. Además, el Comandante falló en la previsión de encontrar lo que supone él debía hallar. Por último, si bien su teoría foquista no le sirvió de mucho en un sitio en donde se hallaba en soledad junto a los suyos y debía depender de grupos no confiables, no obstante, “su mensaje va mucho más allá de la concepción del foco.”.


Reforzando lo antedicho en el párrafo anterior, el “Che” sabía que Bolivia tenía una tradición revolucionaria, una clase trabajadora a la vanguardia de las luchas y el descontento general por la dictadura, todo esto en parte lo aprendió de su estadía en 1952. Pero en 1966 sus objetivos eran diferentes, conciencia revolucionaria mediante, su propuesta consideraba la idea de lanzar “varios Vietnam” en un momento en que Estados Unidos iba de mal en peor en el sudeste asiático, y con la expectativa de que éste no podría intervenir en varios focos abiertos simultáneamente.


Entonces, si bien su diagnóstico sobre la situación nacional era correcto y el momento internacional era el adecuado, Guevara falló en elegir la ubicación y el período, optó por un territorio subpoblado y desvinculado de las clases revolucionarias, en una época de dictadura militar implacable, con un breve paréntesis constitucionalista pero reglado por las FF.AA. Haciéndose eco de estas consideraciones, los críticos han acentuado en el análisis la idea de que esta empresa fue un error y un fracaso, al igual que la del Congo. Se ha comentado la relación entre la izquierda boliviana y el movimiento foquista.


Ahora bien, conviene precisar cuáles han sido las causas del divorcio entre ambos. La principal explica que dicha izquierda no ayudó al Comandante porque los designios de Moscú no eran en nada compatibles con las aspiraciones de la lucha guerrillera, y así el Partido Boliviano Comunista, satélite de Moscú, le obedeció. Para los soviéticos, Guevara era considerado un aventurero irresponsable y Mario Monje, el líder del PBC, sólo aceptó ser parte del movimiento guerrillero a condición de renunciar a la jefatura del primero para pasar a ser jefe de este último, pretensión que el “Che” obviamente rechazó en todos sus fundamentos.

Omer Freixa.

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